No

No hay bandera que valga un sólo muerto.

No hay fe que se sujete con el crimen.

No hay dios que se merezca un sacrificio.

No hay patria que se gane con mentiras.

No hay futuro que viva sobre el miedo.

No hay tradición que ampare la ignominia.

No hay honor que se lave con la sangre.

No hay razón que requiera la miseria.

No hay paz que se alimente de venganza.

No hay progreso que exija la injusticia.

No hay voz que justifique una mordaza.

No hay justicia que llegue de una herida.

No hay libertad que nazca en la vergüenza.  

ENRIQUE GARCÍA TRINIDAD

FUERZA BRUTA E INTELIGENCIA

Las reflexiones del mes de julio incluían una titulada UNAMUNO EN SALMANTICA  en la cual se reproducían las célebres palabras dirigidas por el eminente Rector de la Universidad de Salamanca, don Miguel de Unamuno, al famoso general José Millán-Astray; y concluía en que con toda seguridad la fuerza bruta se impone sobre pacíficos ciudadanos cuando aquella los reprimen, pero no los convencen al carecer de razón y de derecho en la lucha.

Quod natura non dat, Salmantica non præstat” (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no [lo] otorga), es un proverbio latino que significa que una universidad no puede darle a nadie lo que le negó la naturaleza. De este modo, ni la inteligencia, ni la memoria ni la capacidad de aprendizaje son cosas que una universidad pueda ofrecer a sus alumnos; pero al tratar sobre la fuerza bruta, el proverbio es plenamente aplicable porque la naturaleza no le ha dado a la persona lo que la universidad no puede dar.

COHERENCIA E INCOHERENCIA EN LA POLITICA

 Este escribidor no es político ni participa en la política. Simplemente, como ciudadano, tiene derecho a comunicar  sus reflexiones y opinar sobre lo divino y lo humano, dentro de los límites de su capacidad y siempre respetando el derecho ajeno y los criterios que otros puedan emitir.

Dentro de ese contexto, hay que decir que, en política, debe existir coherencia, es decir, una relación lógica en las actuaciones de los políticos de modo que no se produzca contradicción ni oposición entre ellas. De esa manera, cualquier persona podrá determinar que los políticos actúan coherentemente, aun estando en desacuerdo con las ideas que estén expresando o discutiendo, o simplemente proponiendo a los seguidores de determinada tolda o formación. Son unos políticos serios, nos gustan.

La otra cara de la moneda reproduce la incoherencia, y se da cuando los políticos adoptan comportamientos anormales o irracionales que, o confunden a quienes los escuchan, o los desaniman al punto de que es preferible abandonarlos y marcharse a casa a dormir una buena siesta. Son unos políticos nada serios, nos disgustan.

EL DESAFIO POLÍTICO “MASIVO”

Gene Sharp, en su temido ensayo “De la dictadura a la democracia”, hace referencia al término “desafío político masivo”, introducido por Robert Helvey en “Sobre el conflicto noviolento estratégico. Entendiendo sus principios”. Se trata de conceptuar una confrontación no violenta (protesta, no colaboración e intervención), que se lleva a cabo de manera desafiante y activa, con fines políticos.

El término lo originó Helvey en respuesta a la confusión y distorsión creadas cuando se daban por iguales la “lucha no violenta” con el “pacifismo” o la “no violencia reIigiosa”.

La palabra “desafío” denota una deliberada provocación a la autoridad mediante la desobediencia, y no deja lugar para la sumisión.

El término “desafío político” describe el entorno en el cual se emplea la acción (política), así como el objetivo (eI poder político). Se usa principalmente para describir la acción realizada por la población para retomar de manos de la dictadura el control de las instituciones gubernamentales mediante el constante ataque a las fuentes de poder y el uso deliberado de la planificación estratégica y de las operaciones para alcanzarlo.

En este sentido, “desafío político”, “resistencia no violenta” y “lucha no violenta” se usan como sinónimos intercambiables, aunque los dos últimos términos, según Sharp, por lo general, se refieren a las luchas que persiguen una gama más amplia de objetivos (sociales, económicos, sicológicos, etc.).

En cuanto al calificativo de “temido” que este escribidor ha aplicado a la mencionada obra de Sharp, cabe decir que, desde su publicación en 1993 por el Albert Einstein Institute, de Boston, todos los dictadores le han tenido una especial aversión hacia el hoy anciano profesor y, para descalificarlo, le atribuyen la manida y ridícula conseja de que se trata de un agente de la todopoderosa agencia de inteligencia norteamericana; pero ciertamente sus ideas han contribuido a animar a los pueblos subyugados a acudir al desafío político masivo para enfrentar a sus opresores.

Quizás esos pueblos, aplicando las prácticas del desafío político masivo, no han destruido a las dictaduras pero han puesto al descubierto ante la comunidad mundial la naturaleza brutal de esos regímenes represivos.

(Véase: Carlos J Sarmiento Sosa. Reflexiones 2012-2014. www.amazon.com)

EL TERROR ROJO

Se corresponde este título con el del capítulo 64 de LA REVOLUCIÓN RUSA CONTADA PARA ESCÉPTICOS, del historiador español Juan Eslava Galán quien, con ironía, narra los acontecimientos de 1917 en Rusia para aquellos a quien el autor considera como lectores que desconfían o dudan de lo que ha sido contado.

El libro, lleno de anécdotas y comentarios a veces jocosos pero sin abandonar la ironía, refiere la situación de aquel país a finales del s. XIX y principios del s. XX, cuando la miseria, el hambre y las enfermedades azotaban a los campesinos y a los trabajadores mientras eran reprimidos violentamente por las fuerzas de seguridad de los zares; y también alude con precisión cómo los bolcheviques se hicieron del poder para continuar la misma política represiva y brutal utilizada, aunque desde una perspectiva diferente: Si durante la monarquía zarista los campesinos pertenecían a sus amos y eran castigados con azotes, con el bolchevismo pasaron a ser esclavos del Estado y sus faltas eran penadas con una condena a la gélida Siberia o un tiro en la nuca.

Muestra Eslava Galán este cambio de status de los pobres, a quienes se había prometido liberar; y en el capítulo 64 recuerda que el acoso y derribo de la dinastía Romanov comenzó por los atentados contra el zar y otros aristócratas, por lo que los bolcheviques, visto el atentado contra el esbirro jefe de la Checa (policía política) Moiséi Uritski, y  otro intento contra el propio Lenin que le causó graves heridas, ante el temor de perder el poder recién adquirido por la fuerza, decidieron desencadenar la purga de elementos ajenos al nuevo régimen, lo que se conoce como Terror Rojo, al estilo de la Terreur (el Terror) que aplicaron en 1793 los revolucionarios franceses a quienes consideraban contrarrevolucionarios. “El terror es necesario -decía Lenin- para construir el orden revolucionario”.

Para guardar las formas, los líderes bolcheviques emitieron un decreto que ampara las detenciones de sospechosos “en defensa de la revolución”; y en un instructivo enviado a todos los sóviets el 3 de septiembre de 1918, el comisario del Pueblo para el Interior afirmaba que era de poner fin a toda blandura y sentimentalismo y por tanto todos los socialistas revolucionarios de derechas -los eseristas- debían ser inmediatamente detenidos.

El resultado fue que la Checa arrestó a unos 800 eseristas que la cúpula del bolchevismo juzgó y ejecutó, con lo cual el eserismo, o sea, el Partido Social-Revolucionario, de esencia democrática, desapareció y, como afirma Eslava, pasó a la historia.

Pero no todo terminó allí. Las cárceles que habían quedado vacías al ser liberados los delincuentes por los bolcheviques, fueron ocupadas por enemigos de la revolución; las deportaciones a Siberia y las torturas más inimaginables eran aplicadas a quien disintiera. Inicialmente se ejecutaba en las prisiones y más tarde en las afueras de las ciudades en fosas comunes que previamente tenían que cavar los condenados a muerte.

Finaliza Eslava Galán este capítulo con la siguiente frase:

El llamado Terror Rojo duró apenas dos años, pero sus métodos se perpetuaron en los campos de trabajo y reeducación del gulag estalinista”.

Mientras, Lenin se paseaba cómodamente en los dos Rolls Royce y el Delaunay-Bellevue que habían pertenecido a Nicolás II. También había heredado al mayordomo del Kremlin, el anciano Nóvikov que había servido a 4 zares, y al famoso cocinero francés de una aristocrática familia: La revolución no podía perderse.

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