Al doctor Pedro Manuel
Arcaya Urrutia, distinguido abogado de intachable y reconocida trayectoria en el mundo financiero y de los seguros, digno heredero de su padre, el doctor Pedro Manuel Arcaya, y excelente amigo de los Sarmiento.

In memoriam.

Querido papá:

Debo decir a voz en cuello, y con la frente en alto, que sigues siendo para nosotros -tus hijos, sobrinos, nietos, bisnietos, familiares y amigos- ejemplo perenne de rectitud y honestidad profesional, de hombre de bien que nos llena de orgullo cuando tu nombre es invocado como paradigma del magistrado que no debe doblegarse ante el poder ni aun en las peores circunstancias sino mantenerse imparcial e independiente como tú, José Gabriel Sarmiento Núñez, lo hiciste, en tu condición de magistrado de la Sala Político Administrativa de la Corte Suprema de Justicia, cuando sostuviste la preeminencia del derecho frente a la política, pese a que la República civil era acosada por la lucha armada decretada por la guerrilla castro-comunista contra la democracia venezolana nacida a raíz del 23 de enero de 1958; y adquiere más valor tu memorable conducta cuando, en estos tiempos, empíricos leguleyos capeados de toga y birrete cumplen funciones de jueces y magistrados rindiéndose ante el poder político para unirse a éste en una sola voz que se expresa a través del colaboracionismo de poderes, la antítesis de la doctrina del barón de Montesquieu que desarrolló la división de poderes como garantía de equilibrio de los mismos y que hoy conocemos como un sistema “de pesos y contrapesos”, cuya principal característica es que preserva la libertad de los ciudadanos.

Hoy, como en ningún tiempo pasado, tu figura resplandece dentro del templo de la Justicia y encandila a esos tinterillos y mujiquitas, réplicas siniestras de los sanguinarios verdugos de la Santa Inquisición.

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