Reflexiones de Diciembre de 2018

 Es público y notorio que los adversarios del régimen madurista que fenecerá el 10 de enero de 2019 andan cada uno por su cuenta, salvo cuando se trata de turnarse en la presidencia de la Asamblea Nacional, para lo cual solícitamente convienen en que cada año los partidos políticos se roten ese alto cargo; pero cuando se trata de adoptar posturas únicas de orden oposicionista para separar cívicamente a Maduro del poder, no hay forma alguna de que convengan en acuerdos básicos.

Para algunos, se trata de oportunismo o de mutua  desconfianza de los actores políticos, mientras que otros afirman que es consecuencia de  una falta de cohesión social[1]  y hasta de corrupción[2], pero entretanto el implacable tiempo consume las horas que separan el espacio entre el hoy y la temida fecha en que se iniciará un nuevo período constitucional, sin que se vislumbre un acuerdo para asumir el reto de contar con un proyecto de país y que, para alcanzarlo, se requiere lo que se denomina una transición que, a partir del 10 de enero, inicie la reconstrucción no solamente moral y estructural del país sino del Estado de Derecho.

El interés nacional está por encima de los intereses particulares y, por ello, los actores políticos, de una parte los de la resistencia y de la oposición y de la otra los oficialistas y sus mujiquitas, en conjunción con esa sociedad civil que está activa aunque desesperanzada, están obligados a dialogar en búsqueda de ese proyecto de país dejando de lado sus mezquindades e intereses. Si no quieren mirar más allá de los límites territoriales, pueden hurgar en la historia y encontrarán que en 1957, en días previos al derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, los tres líderes democráticos más importantes de la época, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera, todos ellos con posiciones políticas irreconciliables, firmaron un primer acuerdo bajo las siguientes premisas políticas:

  • Propiciar una especie de tregua política en los próximos meses, dedicando mayor esfuerzo a reorganizar los partidos internamente que a la agitación callejera.
  • Eliminar definitivamente en la lucha interpartidaria, la pugnacidad agresiva y el desplante provocador.

A menos de dos semanas de ese evento, conocido como Pacto de Nueva York, el 1º de enero de 1958 se dio el primer alzamiento militar contra el régimen el cual, aunque fracasaría, dio la alerta de que la nave gobernante se iría a pique, como en efecto sucedió el célebre 23 de enero, gracias a la unión del pueblo y de las Fuerzas Armadas.

  • Dentro de ese estado de euforia democrática, aquellos dirigentes entendieron la necesidad de conformar un acuerdo de gobernabilidad, el Pacto de Punto Fijo, suscrito ese mismo 1958 por los partidos Acción Democrática (AD), COPEI y Unión Republicana Democrática (URD), con reglas generales para gobernar y mantener la democracia y defenderla de ataques de poderosos adversarios, que se resumían así[3]:
  • Defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral.
  • Gobierno de Unidad Nacional. Esto es, considerar equitativamente a todos los partidos firmantes y otros elementos de la sociedad en la formación del gabinete ejecutivo del partido ganador.
  • Programa de gobierno mínimo común.

Ese pacto de gobernabilidad, incompleto como obra humana,  permitió que la democracia funcionara durante 40 años en Venezuela. El que sus ejecutores no hubieran comprendido la necesidad de su readaptación a las nuevas realidades, o que sus principios sucumbieran para levantar los polvos que trajeron los primeros lodos en 1998, que se han agigantado con el paso de los años de la centuria, no desmejora en modo alguno al Pacto de Punto Fijo, pues éste facilitó que la población venezolana viviera en relativa paz al derrotar al castro comunismo guerrillero, y con un bienestar que no tiene parangón ante la innegable tragedia actual.

De allí, pues, que los actores políticos, vista la inminencia del 10 de enero de 2019, deberían imitar a aquellos dirigentes que hace 6 décadas pusieron el interés nacional por encima su interés personal y el de sus organizaciones partidistas para lograr el objetivo común cual era la salida de la dictadura y la instauración de la democracia. En este sentido, conviene resaltar los esfuerzos del Frente Amplio Venezuela Libre para suscribir un gran consenso como lo ha expuesto dicho Frente en su manifiesto del 8 de marzo de 2018 pero que incluso debería adherirse a la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la América Latina y el Caribe  aprobada en septiembre de 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con una visión transformadora hacia la sostenibilidad económica, social y ambiental de los 193 Estados Miembros que la suscribieron y será la guía de referencia para el trabajo de la institución en pos de esta visión durante los próximos 15 años[4].

 

[1] Véase: Carlos Romero Mendoza. Una estrategia de cohesión para el rescate del orden constitucional y democrático. POLITIKA UCAB. Disponible en https://politikaucab.net/tag/carlos-romero-mendoza/. Consultado el 17 de diciembre de 2018.

[2] Véase: Ramón Muchacho. La Ceiba. Edición del 17 de diciembre de 2018. Email recibido de laceiba@ramonmuchacho.org.

[3] Véase: Carlos J. Sarmiento Sosa. Hitos históricos de la República Civil 1958-1998. https://www.amazon.es/Hitos-Hist%C3%B3ricos-Venezuela-Rep%C3%BAblica-1958-1998/dp/1729133509/ref=sr_1_5?ie=UTF8&qid=1545044404&sr=8-5&keywords=hitos+historicos. El Partido Comunista de Venezuela (PCV), si bien se había mantenido a la par de AD combatiendo a la dictadura desde la clandestinidad, no suscribió el Pacto. Para algunos, la marginación del PCV se debió a la dinámica de la Guerra Fría, el rechazo a ese partido por parte de la Iglesia católica y de COPEI y del mismo Betancourt, así como por su subordinación al Partido Comunista Soviético (PCUS).

[4] Véase: Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible Una oportunidad para América Latina y el Caribe. Disponible en: http://www.sela.org/media/2262361/agenda-2030-y-los-objetivos-de-desarrollo-sostenible.pdf. Consultado el 22 de diciembre de 2018. Véase: Romero. Op. cit. Nota 1.

3 comentarios en “Ante el 10 de enero de 2019”

  1. Tiene Ud mi querido Príncipe de La Coruña toda la razón ;pero lamentablemente se perderá una nueva oportunidad por la fatídica oposición.Que vuelve con una nueva farza a crear expectativas cada uno por su lado con su ego sin pensar en la necesidad de la unidad mientras esto no ocurra el pais seguirá por el camino de la destruccion por más ejemplo que atinadamente señale como el 23 de Enero momento de la historia que viví pasó a paso con mi padre no fue fácil pero lo lograron porque tenían principios y la palabra se respetaba.Arturo De Sola Lander

  2. Poco qué agregar a tú análisis, Carlos.
    Interesante, el dibujo elegido para representar las dificultades.
    Efectivamente, una cúpula política, entre otras cosas, amedrentada, que pareciera haber perdido el poder de convocatoria, en medio de la diáspora más importante que haya afectado a las Americas en su historia, y otra, la comunicación con el sector, el cual, la constitución le otorga, la misión de protegerla.
    Otros tiempos

    1. Espero Román que ese Bloque Constitucional bajo tu rectoría y la de otras importantes personalidades en el mundo del derecho ayude a alimentar el poder de convocatoria y que paulatinamente se vayan dando pausados pasos en medio de la unidad y la cohesión social, necesarios para la reinstitucionalización del Estado de Derecho y la justicia transicional.

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