Al doctor Pedro Manuel
Arcaya Urrutia, distinguido abogado de intachable y reconocida trayectoria en el mundo financiero y de los seguros, digno heredero de su padre, el doctor Pedro Manuel Arcaya, y excelente amigo de los Sarmiento.

In memoriam.

 

En pasada reflexión, este escribidor se refirió a ese fenómeno de la economía informal que desde el oficialismo se le ha dado el calificativo de bachaqueo, suerte de neo lenguaje al estilo orweliano, copiado de la famosa novela 1984; y también lo hizo en otra reflexión en la que aludía al “Chato” Puertas, un personaje imaginario creado por Juan Eslava Galán en su “Historia de España escrita para escépticos”, en la que narra cómo un delincuente fugado de la cárcel al inicio de la guerra civil se dedica al “estraperlo” (término usado en España para referirse al comercio ilegal de bienes sometidos a algún tipo de impuesto o tasa) y, con el apoyo de altos cargos del franquismo, se convierte en un respetado empresario con lujoso palacete en el barrio de Salamanca.

Para que se entienda mejor, en lugar de hablar de un comerciante que hace vida en la economía informal, este escribidor hará uso del término bachaqueo, comenzando por repetir que bachaquear no es más que una acción ejecutada dentro de la guerra económica desatada en el país entre la economía dirigida que mantiene el sistema político que nos rige y el libre mercado, realizada por personas que por alguna circunstancia no cuentan con los ingresos suficientes para subsistir y que han captado que comerciar ciertos productos de manera irregular o ilegal le producirá mejores beneficios económicos, arriesgándose a sufrir las consecuencias de la represión que las autoridades le aplicarán por tratarse de un comercio ilegal (cfr: “LA REPRESIÓN DEL BACHAQUEO”, en REFLEXIONES A PRIMEROS DE AGOSTO 2015).

Como se observa, un bachaquero es una persona que a) no cuenta con ingresos suficientes para subsistir; b) que se ha dado cuenta que revendiendo ciertos productos obtiene una ganancia económica y c) se arriesga a ser perseguido por las autoridades.

Desde este punto de vista, podría considerarse que el bachaquero, pese a la ilegalidad de su acción,  está prestando un servicio a todos aquellos que no consiguen los productos por distintascircunstancias; y el comprador no solamente le queda agradecido, sino que paga el sobreprecio con el mayor de los gustos.

Ahora bien, como se trata de distorsiones del mercado como consecuencia de la escasez
y falta de producción ocasionadas por la política de control rígido de la economía, dentro de un ambiente general de corrupción y una ansiedad de riqueza rápida y fácil, han surgido personajes que, usurpando el mote de bachaqueros, crean redes de almacenamiento y distribución de productos alimenticios y de primera necesidad que venden libremente al precio que mejor les plazca a una compulsiva masa de compradores que ansiosamente los esperan a sabiendas de que los precios fijados exceden en mucho a los que ofrece el comercio formal cuando dispone de ellos; y, a diferencia de los bachaqueros, que son perseguidos, estos sujetos cuentan con el apoyo de ciertos sectores del poder.

Pues bien, se trata de acaparadores que valiéndose de vínculos con el poder consiguen los productos y los acopian para luego revenderlos a precios especulativos. Si no, ¿cómo se explica, que estos sujetos deambulen tranquilamente por todas las ciudades del país, cuenten con almacenes de depósito, vehículos de transporte, cuentas bancarias, etc sin que sean percibidos por las autoridades? Son copias fieles y exactas del mentado “Chato”
Puertas.

Entonces, amable lector, no se deje engañar. Si necesita algo, vaya en primer lugar al comercio formal y, si no lo consigue, tiene dos opciones, conformarse, o adquirir de un bachaquero a precio razonable; pero comprar a un acaparador es hacerse cómplice o cooperador de un delito, y las excusas, tales como que “no hago colas” o “no tengo edad para hacer colas”, no eximen de responsabilidades, especialmente si, cuando este individuo le vende, usted tiene su alacena abarrotada hasta el tope.

 

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