Hace unos cuantos años, es decir, un 23 de enero de 1958, cayó el gobierno de Marcos Pérez Jiménez y el país estrenó nuevamente un período democrático a cargo de Rómulo Betancourt, a quien algunos, o muchos, consideran el padre de la democracia venezolana.

Pues bien, al asumir el poder y encontrarse con unas escuálidas  finanzas públicas, Betancourt inmediatamente dijo públicamente que los “empréstitos” -así se llamaba al endeudamiento público internacional- de la dictadura, no facilitaban una acción de gobierno porque había que destinar parte de los ingresos al pago de esa pesada deuda y sus intereses.

El Presidente Leoni se manejó más o menos dentro del mismo concepto, pese a que, cuando éste asume el poder, ya habían pasado más de 5 años de la escapada del dictador; y así, más o menos, el Presidente Caldera, en su primer período, alguna que otra vez invocó la deuda de la dictadura como excusa.

Pasaron los años y asumió el gobierno el Presidente Carlos Andrés Pérez en su primer período, caracterizado fundamentalmente por la nacionalización petrolera y un gasto público excesivo al punto que, al momento de entregarle el poder a su sucesor, el Presidente Luis Herrera Campíns, éste bramó en el recinto legislativo: “Recibo un país hipotecado”. Pérez, astuto andino, se había retirado de la sede del Congreso justo antes de que el nuevo mandatario comenzara su discurso de toma de posesión, en el que, saltando hacia el futuro, Herrera justificaba anticipadamente la inacción de su gobierno.

Y así ha sucedido. Se cambian los gobiernos y pasan los años culpando al anterior de todos los males del presente. Igualmente, durante el segundo período de Carlos Andrés Pérez, iniciado en 1989 y truncado en 1993, se adelantó la política de privatización, en boga en el mundo en la década de los 90´s, siendo calificada por los opositores  como “paquete” neoliberal y, sorprendentemente, todavía hay gente -corrientemente de la gerontocracia- que dice que las desgracias del 2013 se deben a aquel hoy desfasado “paquetazo”.

La privatización, ese maléfico plan concebido por los pérfidos Chicago boys  se ejecutó escasamente en 3 años, justo antes de la defenestración de Pérez en 1993 y, desde entonces a 2013, han pasado exactamente 20 años. No obstante, aún hay gnomos de la política que imputan a ese proceso la responsabilidad del estado de las finanzas públicas actuales.  

Hay que echarle siempre la culpa al gobierno anterior.

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