Este escribidor no es político ni participa en la política. Simplemente, como ciudadano, tiene derecho a comunicar  sus reflexiones y opinar sobre lo divino y lo humano, dentro de los límites de su capacidad y siempre respetando el derecho ajeno y los criterios que otros puedan emitir.

Dentro de ese contexto, hay que decir que, en política, debe existir coherencia, es decir, una relación lógica en las actuaciones de los políticos de modo que no se produzca contradicción ni oposición entre ellas. De esa manera, cualquier persona podrá determinar que los políticos actúan coherentemente, aun estando en desacuerdo con las ideas que estén expresando o discutiendo, o simplemente proponiendo a los seguidores de determinada tolda o formación. Son unos políticos serios, nos gustan.

La otra cara de la moneda reproduce la incoherencia, y se da cuando los políticos adoptan comportamientos anormales o irracionales que, o confunden a quienes los escuchan, o los desaniman al punto de que es preferible abandonarlos y marcharse a casa a dormir una buena siesta. Son unos políticos nada serios, nos disgustan.

 

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