Al doctor Luis Henrique Farías Mata, jurista, catedrático, magistrado de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Andino de Justicia, académico, consecuente amigo.

In memoriam.

Reflexiones de Agosto de 2018

Gibran Kahlil Gibran fue un poeta, pintor, novelista y ensayista libanés nacido en Bisharri, (Bsharri, Becharre) Líbano, el 6 de enero de 1883 y fallecido el 10 de abril de 1931.

Gibran es conocido como el poeta del exilio y, dentro de su obra cuenta el poema que titula esta reflexión; y en él, con profundidad de pensamiento unido al dolor del ostracismo deja fluir una serie de pensamientos que desde la perspectiva de las carencias revelan que, haciendo bien las cosas, puede hacerse un proyecto de país basado en el respeto a la dignidad humana, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunidad; y es una forma de gobierno sustentada en la participación del pueblo en la acción gubernativa por medio del sufragio y del control que ejerce sobre lo actuado por el Estado.

Dentro de esta visión,  los ciudadanos deben contar con principios y valores. Principios como la libertad responsable, el respeto, la justicia, la solidaridad; y  valores como la integridad, la excelencia, la pasión por el bien, la alegría. Sin ellos, el ciudadano difícilmente sabrá escoger a los candidatos que en el juego democrático se postulen para conducir la nave del Estado; y cuando quienes resulten electos desconozcan esos principios y valores propugnando exclusiones con miras a obtener ventajas inmerecidas o parcializadas, desgraciadamente el sistema democrático fracasará para ser sustituido por resentidos y frustrados pandilleros cuyo único objetivo será hacerse del poder y de riqueza fácil a costa del erario nacional.

Todo ello está expresado poética y filosóficamente por el bardo libanés que este escribidor, con la venia del lector, se permite reproducir:  

Tened piedad de la nación que lleva vestidos que no teje ella misma, que come un pan cuyo trigo no cosecha y que bebe un vino que no mana de sus propios lagares.

Compadeced a la nación que aclama a un fanfarrón como a un héroe, y que considera bondadoso al oropelesco y despiadado conquistador.

Compadeced a la nación que desprecia las pasiones cuando duerme, pero que al despertar, se somete a ellas.

Compadeced a la nación que no eleva la voz más que cuando camina en un funeral, que no se enorgullece sino de sus ruinas, y que no se rebela sino cuando su cuello está colocado entre la espada y el zoquete de madera.

Compadeced a la nación cuyo estadista es un zorro, cuyo filósofo es un prestidigitador y cuyo arte es un arte de remiendos y gesticulaciones imitadoras.

Compadeced a la nación que da la bienvenida a su nuevo gobernante con fanfarrias, y lo despide con gritos destemplados, para luego recibir con más fanfarrias a otro nuevo gobernante.

Compadeced a la nación cuyos sabios están aniquilados por los años, y cuyos hombres fuertes aún están en la cuna.

Compadeced a la nación dividida en fragmentos, cada uno de los cuales se considera una nación.

Lo claro no necesita de interpretación, dicen las reglas de la hermenéutica; y, en el caso del poema basta simplemente pensar en “positivo” sobre las expresiones vertidas por Gibran para que un observador, con la mano en el corazón, pueda determinar cuándo una nación merece ser elogiada, no compadecida. 

Ay de Venezuela!!!

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