A un programa de alta audición, fue invitado el 1 de noviembre un dirigente político de oposición que lidera una de las Alcaldías metropolitanas, lo que generó una elevada expectativa entre los oyentes quienes con ansiedad esperaban noticias acerca del llamado proceso de diálogo entre el oficialismo y el grupo opositor en el que confluyen varios partidos políticos. Sin embargo, al menos para este escribidor, el gozo se fue al pozo. Veamos.

El entrevistado comenzó diciendo que la asistencia del grupo opositor a la pasada reunión del domingo 30 de octubre se debió en primer lugar a que esta agrupación fue la que tomó la iniciativa de solicitar la invitación del Estado Vaticano a servir como mediador y por consiguiente no podían los representantes del grupo abstenerse de asistir porque evidenciaría una contradicción; y, en segundo lugar, porque la presencia de ese Estado era garantía de seriedad de las conversaciones.

Luego de varias otras preguntas, el moderador, con la agilidad que le caracteriza para realizar sus entrevistas, interrogó al entrevistado sobre la posibilidad de que lo acordado durante el diálogo no fuera respetado o que lo acordado se incumpliera; y éste, tajantemente, respondió que eso no era posible porque además del Estado Vaticano, estaban los ex Presidentes de otros países que habían dejado sus ocupadas agendas para instalarse en Venezuela en garantía de cumplimiento del diálogo.

He aquí la primera incongruencia que capta este escribidor: de un lado el entrevistado afirmó que se vieron obligados a asistir a la susodicha reunión porque habiendo sido la oposición la que tuvo la iniciativa de que se invitara al Papa, no ir era quedar mal, es decir, “hacerle el Fo” al delegado papal, pero esta afirmación es una solemne necedad porque bien se sabe que el mundo diplomático no se mueve por inesperadas llamadas telefónicas de última hora sino a través de interlocutores que con tiempo van cruzando las informaciones de las partes.

La otra contradicción fue la relativa a la garantía de seriedad del diálogo cuando, por un lado, afirmó que el garante es el Vaticano por ser un estado y, por otro, en comentario aparte incluyó a los ex Presidentes cuando éstos, a la luz de la opinión pública, están seriamente cuestionados, comenzando con Zapatero a quien nadie quiere en su país y terminando con el detestado paisa, también poco apreciado a pesar de que intente ganar puntos con la Secretaría de UNASUR.

Pero allí no quedan las razones y sinrazones del personaje ante los micrófonos. Preguntado acerca de la marcha a Miraflores, anunciada con bombos y platillos, dijo que habría que esperar el comunicado del grupo opositor para ver si confirmaba la actividad, la cambiaba o la suspendía!!!. Entonces, cabe preguntarse: A qué se debe esa inconsistencia?

Se podrá decir que la política es dinámica y cambia constantemente y, por tanto, hay que ajustarse a las circunstancias. Cierto, pero no hay que olvidar que en los manuales de acciones cívicas o de desobediencia civil lo primero que se enseña es que debe haber consistencia en lo que se afirma y no caer en contradicciones porque éstas desalientan y crean confusión entre los seguidores.   Decirle a unos seguidores que el 3 de noviembre habrá la toma de Miraflores y ahora pedir que se espere un nuevo pronunciamiento al respecto es, por lo menos,  una insensatez.

En conclusión, con liderazgos confusos o contradictorios o insensatos no se llega a ninguna parte. Por algo dijo Napoleón Bonaparte: “Para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común”.

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