Reflexiones de Enero de 2018

Con este mismo título, el pensador y escritor Javier Marías publicó un artículo en El País  en el que se refiere a [ … ] unas recientes estadísticas americanas que aún no hielan, pero enfrían sobremanera la sangre. Más que nada por eso, porque no son de Rusia ni de las Filipinas ni de Turquía ni de Cuba ni de Egipto ni de Corea del Norte, sino del autoproclamado “país de los libres” desde casi su fundación”; y es que tales estadísticas revelan que el [ … ] 36% de los republicanos cree que la libertad de prensa causa más daño que beneficio, y sólo el 61% de ellos la juzga necesaria. Entre los llamadosmillennials, sólo el 30% la considera “esencial” para vivir en una democracia (luego el 70% la ve prescindible). Hace diez o quince años, sólo el 6% de los ciudadanos opinaba que un gobierno militar era una buena forma de regir la nación, mientras que ahora lo aprueba el 16%, porcentaje que, entre los jóvenes y ricos, aumenta hasta el 35%. Un 62% de estudiantes demócratas —sí, he dicho demócratas— cree lícito silenciar a gritos un discurso que desagrade a quien lo escucha. Y a un 20% de los estudiantes en general le parece aceptable usar la fuerza física para hacer callar a un orador, si sus declaraciones o afirmaciones son “ofensivas o hirientes”. Por último, el 52% de los republicanos apoyaría aplazar —es decir, cancelar— las próximas elecciones de 2020 si Trump así lo propusiera”.

 Como afirma Marías, si bien el párrafo transcrito es deprimente y alarmante, no es del todo sorprendente ni es una cuestión de edad ni de ideología, pero le llama la atención que  Demasiada gente, en todo caso, dispuesta a cuestionar o suprimir la libertad de expresión y de prensa, a celebrar un gobierno de militares, a callarles la boca por las bravas a quienes sostienen posturas que no les gustan. Las estadísticas de aquí las proporcionan las redes sociales, en las que un número ingente de individuos recurre de inmediato al ladrido, la amenaza y el insulto ante cualquier opinión diferente a la suya. Las más de las veces cobardemente, no se olvide, bajo anonimato.

Efectivamente, es curioso que en una democracia, en este caso la estadounidense, se cuestionen, como revelan las encuestas, valores como la libertad de expresión y de prensa, o que se celebre la existencia de un gobierno militar e, incluso, que se justifique hacer callar a alguien que esté expresando una opinión porque no coincide con la del otro; y eso hace pensar a Marías en algo que no solamente ocurre en USA sino también en Europa, en donde en ciertos países la población se ha ido a los extremos de votar a la ultra derecha que colinda con las ideas del nazismo, a lo que este escribidor añade lo que sucede en algunos latinoamericanos en los que los menos favorecidos se postran pasivamente en espera de las migajas que, embaladas en cajas de cartón, caen de la hoy escuálida mesa del poder, en lugar de reclamar sus derechos a una vida digna.

Marías culpa de ello a la educación y dice con acierto:

Algo lleva demasiado tiempo fallando en la educación, y las conquistas y avances en el terreno del pensamiento, de la igualdad social, de las libertades y derechos, de la justicia, nunca están asegurados”.

Y no están asegurados porque en la medida en que falle la educación, se reduzcan las conquistas que el autor señala y se someta a los más desvalidos a unos salarios miserables que no les sirven para nada y, además, se les prive de alimentos y medicinas, más fácil será su control y sometimiento.

Luego de un análisis de la situación provocada en España por unos separatistas de Cataluña, Marías señala como los responsables de ese colosal desatino a “[ … ] personas con importantes cargos, y por tanto con influencia en nuestras vidas, razonan de manera cada vez más precaria, como si a muchas se les hubiera empequeñecido el cerebro [ … ] tras haber violado las leyes y haber despreciado a más de la mitad de los catalanes, ¿qué es lo que hay que “agradecerle”? ¿Que no sacara una pistola y gritara “Se sienten, coño”, como Tejero? Es como si al atracador de un chalet hubiera que agradecerle que se llevara sólo los billetes grandes y dejara los pequeños, y se limitara a maniatar a los habitantes, sin pegarles”.

Si ese lee el párrafo con agudeza y apertura de espíritu, habría que concluir que el empequeñecimiento del cerebro no solamente ha ocurrido en Cataluña, sino que es universal, y no exclusivamente por causa de la falta de alimentos y medicinas para la población; y por ello, la pregunta final del renombrado Marías es concluyente porque a las últimas se entendería el deterioro cerebral de ciertos humanos:

Señores científicos, hagan el favor de estudiar con urgencia por qué tantos cerebros humanos, en los últimos tiempos, han retrocedido y menguado hasta alcanzar el tamaño del de las gallinas”.

Carlos J. Sarmiento Sosa

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