Gene Sharp, en su temido ensayo “De la dictadura a la democracia”, hace referencia al término “desafío político masivo”, introducido por Robert Helvey en “Sobre el conflicto noviolento estratégico. Entendiendo sus principios”. Se trata de conceptuar una confrontación no violenta (protesta, no colaboración e intervención), que se lleva a cabo de manera desafiante y activa, con fines políticos.

El término lo originó Helvey en respuesta a la confusión y distorsión creadas cuando se daban por iguales la “lucha no violenta” con el “pacifismo” o la “no violencia reIigiosa”.

La palabra “desafío” denota una deliberada provocación a la autoridad mediante la desobediencia, y no deja lugar para la sumisión.

El término “desafío político” describe el entorno en el cual se emplea la acción (política), así como el objetivo (eI poder político). Se usa principalmente para describir la acción realizada por la población para retomar de manos de la dictadura el control de las instituciones gubernamentales mediante el constante ataque a las fuentes de poder y el uso deliberado de la planificación estratégica y de las operaciones para alcanzarlo.

En este sentido, “desafío político”, “resistencia no violenta” y “lucha no violenta” se usan como sinónimos intercambiables, aunque los dos últimos términos, según Sharp, por lo general, se refieren a las luchas que persiguen una gama más amplia de objetivos (sociales, económicos, sicológicos, etc.).

En cuanto al calificativo de “temido” que este escribidor ha aplicado a la mencionada obra de Sharp, cabe decir que, desde su publicación en 1993 por el Albert Einstein Institute, de Boston, todos los dictadores le han tenido una especial aversión hacia el hoy anciano profesor y, para descalificarlo, le atribuyen la manida y ridícula conseja de que se trata de un agente de la todopoderosa agencia de inteligencia norteamericana; pero ciertamente sus ideas han contribuido a animar a los pueblos subyugados a acudir al desafío político masivo para enfrentar a sus opresores.

Quizás esos pueblos, aplicando las prácticas del desafío político masivo, no han destruido a las dictaduras pero han puesto al descubierto ante la comunidad mundial la naturaleza brutal de esos regímenes represivos.

 

 

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