Para el mundo entero es un secreto a voces el que Venezuela está sumida en una profunda crisis -política, moral, económica- adonde ha llegado gracias a políticas totalmente equivocadas que desde el s. XX comenzaron a generarse para hacerse más profundas con una fantasiosa e ilusoria revolución de pacotilla que solamente ha servido para que hoy las clases a las que como vulgar excusa pretendían defender los cultores del Samán de Güere sean más marginales y miserables que nunca mientras que los capitostes del proceso forman parte de la prestigiosa lista “Forbes”, junto a aprovechados y aprovechadores de la más baja calaña que hoy pasean en yates y aviones privados y que se sienten ofendidos cuando alguien osa recordarles su pasado o su origen.

En medio de esa maraña, y de la caída de los precios del crudo más la prácticamente ausencia de producción de bienes en el país, surge como esperanza salvadora el diálogo, como que si se tratara de la varita mágica que,  milagrosamente, va a tender los puentes entre gobierno y oposición para que, de seguidas, Venezuela se enrumbe hacia el primer mundo y los venezolanos vuelvan a soñar con su “american dream”.

Pero, ¿Qué es el diálogo?

De acuerdo al DRAE, el diálogo tiene distintas acepciones, de la cual pareciera que la aplicable a lo que se maneja como tal en Venezuela es “trato en busca de avenencia” porque, de acuerdo a la información que de las partes se maneja, lo que se persigue precisamente es conseguir un convenio, una transacción en las que las partes, mediante recíprocas concesiones, terminan sus diferencias.

De acuerdo a este concepto, para que se hable de diálogo es preciso que exista un conflicto o unas diferencias que mantienen a las partes en posiciones opuestas; y no basta  que una le diga a la otra lo distantes que están o los deseos que puedan tener de avenirse si previamente ambos, en un momento de razonable lucidez, resuelven determinar los puntos que los mantienen en controversia, es decir, preparar una agenda.

Cuando alguna de las partes, o las dos, son altamente recalcitrantes en sus posiciones, se puede recurrir a uno o varios terceros de buena fe para que, una vez aceptados por ambas partes, actúen como mediadores e intervengan en la discusión o en el enfrentamiento para encontrar una solución, de manera imparcial y sin tomar partido en favor de uno u otro pues si alguno es parcializado hacia algún lado, inmediatamente queda descalificado.

Como se ve, para que haya diálogo, además de que así lo acuerden las partes, es indispensable uno o varios mediadores imparciales y una agenda. El diálogo bien llevado, con buena voluntad, mediación seria y agenda sincera aprobada por las partes han solucionados innumerables conflictos desde que el mundo es mundo, quizás por aquella conseja popular según la cual “hablando se entiende la gente”; y es probable que el caso venezolano, si se dan esas condiciones, existiría un acuerdo en menos tiempo de lo que pudiera pensarse; pero, aparentemente no es así. En efecto, se ha criticado con acierto que SS el Papa haya designado a un representante suyo para formar parte de una cofradía de mediadores que si bien parecen haber sido dado por buenos por un importante sector opositor no así por otras opiniones, pues como alguien ha dicho, extraña, desconcierta y confunde que el Sumo Pontífice hubiese enviado a Venezuela al nuncio apostólico para la celebración de un presunto dialogo nacional,  justo cuando no se vislumbran salidas tras el
manejo arbitrario, bochornoso e ilegal de los poderes públicos concentrados y controlados por  el Ejecutivo Nacional y sus huestes militares.

Como ha dicho Human Rights Watch a SS Francisco, debe (http://www.lapatilla.com/site/2016/10/28/hrw-advierte-al-papa-dialogo-gobierno-oposicion-en-venezuela-no-es-una-conversacion-entre-iguales-carta/) “[…] asegurarse que existan las condiciones adecuadas para que ese diálogo resulte fructífero. Un diálogo auténtico y de buena fe deberá estar basado en una evaluación objetiva de la crisis política, social y económica que enfrenta el país, y reconocer que el gobierno tiene la responsabilidad de haber creado esta situación y, por ello, de resolverla. De lo contrario, solamente ofrecerá una nueva distracción a las autoridades venezolanas para demorar las medidas urgentes que son necesarias para proteger los derechos humanos y re establecer un mínimo orden democrático en Venezuela”. Por consiguiente, solamente de esa manera se podría dar el ansiado diálogo que facilite los pasos para que Venezuela intente enrumbarse nuevamente por los caminos de la paz y el progreso. En palabras de Luis Ugalde S. J. en “Democracia social frente a la dictadura” (http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/democracia-social-frente-dictadura_624459):
 
 “[ … ] hay que poner las bases para la difícil reconstrucción económica, social, política y moral del país, con un gobierno de salvación nacional que solo es posible con un diálogo eficaz abierto que incluya todas las posiciones políticas. Sin diálogo para cambiar y reconstruir no habrá democracia social [ … ].  

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