El culto a los difuntos es ancestral y todas las culturas y religiones, desde las más primitivas, han rendido homenaje a sus muertos y honrado los cadáveres conforme a sus prácticas y costumbres.

Los cristianos, los judíos, los musulmanes, el hinduismo, el budismo, rinden honrosas pompas fúnebres a los fallecidos, como en el pasado lo hicieron los egipcios, los griegos, los romanos. Por ello, puede decirse que homenajear a los muertos forma parte de la cultura universal, aunque se manifieste de distintas formas, y la infracción de estos comportamientos es repudiado y hasta sancionado penalmente, como es el caso de la necrofilia, la violación de los sepulcros o el irrespeto a cadáveres.

Pues bien, en fecha reciente circuló por las redes un grosero y ofensivo video en el cual aparecían unas adolescentes simulando un vulgar baile –le dicen “perreo” o “perrear” o “twerking”- sobre un ataúd, “[ … ] todo esto acompañado de gritos, agua y cerveza y aupado por el personaje más deplorable de la escena: una mujer que les da nalgadas a las muchachas, que les sube la mínima falda que llevan puesta, que grita y golpea el ataúd. El paroxismo de la aberración”, en palabras de Carolina Jaimes Branger.

No se sabe con certeza donde ocurrieron los hechos.  Carolina  admite que en Venezuela, en los sectores populares, siempre se han bailado a los muertos, lo que abre la posibilidad de que haya sido en este país, lo que confirma otra fuente, aunque otro medio dice que se
trata de “[ … ] un tipo de práctica usual en las zonas periféricas de Medellín o Caracas, donde a los muertos se les “baila”. Si el fallecido era conocido por sus acrobacias armadas, se le despide con ráfagas de tiros al cielo; si era un muchacho sin mácula judicial, el ritual puede incluir una parada en una cancha para jugar una partida con la urna” .

Pero, como sostiene Carolina,  “[ … ] lo que evidencia este video va mucho más allá: muestra una especie de ritual, aceptada y aupada por el grupo. El agua y la cerveza que los asistentes lanzan sobre las jóvenes (la de adelante es casi una niña) aumentan la exposición visual del cuerpo femenino. Si no estuviera (por fortuna) la urna de por medio, me inclinaría a pensar que se trata de un acto de necrofilia, porque esas cuasi niñas están demostrando sus habilidades para el acto sexual”; y ello tiene que llamar la atención por más que se trate de una práctica común en ciertos sectores populares de Hispanoamérica cuando el trasfondo del asunto colinda con una acción cuasi delincuencial y una demostración de desprecio hacia el propio ser humano.

¿No será esa grotesca conducta otro de los síntomas del derrumbamiento moral de la sociedad venezolana al que este escribidor se refería en REFLEXIONES DE UN ESCRIBIDOR en febrero de 2017?

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