Se corresponde este título con el del capítulo 64 de LA REVOLUCIÓN RUSA CONTADA PARA ESCÉPTICOS, del historiador español Juan Eslava Galán quien, con ironía, narra los acontecimientos de 1917 en Rusia para aquellos a quien el autor considera como lectores que desconfían o dudan de lo que ha sido contado.

El libro, lleno de anécdotas y comentarios a veces jocosos pero sin abandonar la ironía, refiere la situación de aquel país a finales del s. XIX y principios del s. XX, cuando la miseria, el hambre y las enfermedades azotaban a los campesinos y a los trabajadores mientras eran reprimidos violentamente por las fuerzas de seguridad de los zares; y también alude con precisión cómo los bolcheviques se hicieron del poder para continuar la misma política represiva y brutal utilizada, aunque desde una perspectiva diferente: Si durante la monarquía zarista los campesinos pertenecían a sus amos y eran castigados con azotes, con el bolchevismo pasaron a ser esclavos del Estado y sus faltas eran penadas con una condena a la gélida Siberia o un tiro en la nuca.

Muestra Eslava Galán este cambio de status de los pobres, a quienes se había prometido liberar; y en el capítulo 64 recuerda que el acoso y derribo de la dinastía Romanov comenzó por los atentados contra el zar y otros aristócratas, por lo que los bolcheviques, visto el atentado contra el esbirro jefe de la Checa (policía política) Moiséi Uritski, y  otro intento contra el propio Lenin que le causó graves heridas, ante el temor de perder el poder recién adquirido por la fuerza, decidieron desencadenar la purga de elementos ajenos al nuevo régimen, lo que se conoce como Terror Rojo, al estilo de la Terreur (el Terror) que aplicaron en 1793 los revolucionarios franceses a quienes consideraban contrarrevolucionarios. “El terror es necesario -decía Lenin- para construir el orden revolucionario”.

Para guardar las formas, los líderes bolcheviques emitieron un decreto que ampara las detenciones de sospechosos “en defensa de la revolución”; y en un instructivo enviado a todos los sóviets el 3 de septiembre de 1918, el comisario del Pueblo para el Interior afirmaba que era de poner fin a toda blandura y sentimentalismo y por tanto todos los socialistas revolucionarios de derechas -los eseristas- debían ser inmediatamente detenidos.

El resultado fue que la Checa arrestó a unos 800 eseristas que la cúpula del bolchevismo juzgó y ejecutó, con lo cual el eserismo, o sea, el Partido Social-Revolucionario, de esencia democrática, desapareció y, como afirma Eslava, pasó a la historia.

Pero no todo terminó allí. Las cárceles que habían quedado vacías al ser liberados los delincuentes por los bolcheviques, fueron ocupadas por enemigos de la revolución; las deportaciones a Siberia y las torturas más inimaginables eran aplicadas a quien disintiera. Inicialmente se ejecutaba en las prisiones y más tarde en las afueras de las ciudades en fosas comunes que previamente tenían que cavar los condenados a muerte.

Finaliza Eslava Galán este capítulo con la siguiente frase:

El llamado Terror Rojo duró apenas dos años, pero sus métodos se perpetuaron en los campos de trabajo y reeducación del gulag estalinista”.

Mientras, Lenin se paseaba cómodamente en los dos Rolls Royce y el Delaunay-Bellevue que habían pertenecido a Nicolás II. También había heredado al mayordomo del Kremlin, el anciano Nóvikov que había servido a 4 zares, y al famoso cocinero francés de una aristocrática familia: La revolución no podía perderse.

Deja un comentario