Al doctor Luis Henrique Farías Mata, jurista, catedrático, magistrado de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Andino de Justicia, académico, consecuente amigo.

In memoriam.

Reflexiones de Agosto de 2018

Aunque se intente tapar el sol con un dedo, el mundo entero sabe y está consciente de que en Venezuela, gracias a las acertadas medidas económicas oficiales para mantenerse en el poder a toda costa, existe una mundialmente conocida emergencia humanitaria de tal magnitud que no solamente está causando unos estragos en la población que dejarán signos indelebles en las generaciones presentes y futuras, sino que también ha obligado a millones de venezolanos a emigrar en búsqueda de mejores condiciones de vida.

Bogotá, Lima, Quito, Montevideo, Santiago, Buenos Aires,  Miami, Madrid y Barcelona, y otras tantas ciudades del mundo  están repletas de compatriotas que andan unos ya empleados en su negocio propio o bajo relación de dependencia y otros intentando conseguir cómo ganarse la vida en medio de nuevos y desconocidos ambientes que a veces les imponen a reinventarse, y estar dispuestos a desempeñar labores que antes podían darse el lujo de desechar pero que hoy las cumplirían con humildad y eficiencia, para que ese ansiado sustento les permita no solamente una vida digna sino también cumplir con esa obligación moral que como ser responsable tienen hacia aquellos hacia aquellos hijos que dejaron en la patria sin posibilidad de obtener ingresos.

Por ello, es frecuenta que muchos hombres y mujeres que han asumido la responsabilidad de emigrar envían remesas mensualmente a sus hijos en distintos puntos geográficos del país al punto de que el gobierno se percató de que constituyendo casas de cambio para pagar las divisas a un precio determinado podría obtener ingresos para su agotada tesorería.

Pero el asunto no queda allí, sino que también nacionales de ambos sexos, con una generosidad digna de admiración remesan fondos a sus padres y demás ascendientes maternos y paternos, lo que probablemente cumplen como obligación moral sin saber con precisión que el Código Civil venezolano establece tal carga para los hijos para asegurar a sus mayores todo cuanto sea necesario para mantenimiento, alojamiento, vestido, atención médica, medicamentos y condiciones de vida adecuados a su edad y salud, y es exigible en todos los casos en que los padres o ascendientes carecen de recursos o medios para atender a la satisfacción de sus necesidades o se encuentran imposibilitados para ello, tomando en consideración la edad, condición y demás circunstancias personales de aquellos.

Estos son sacrificios que se impone el emigrante por voluntad propia y de acuerdo a su condición humana pues nadie le está obligando, sino que, simplemente, está cumpliendo con los principios y valores aprendidos en su hogar; y ello es laudable porque no todo emigrante está en la mejor de la situación económica, pero asume esas obligaciones aun a costa de sacrificios y, por ello, merecen admiración y respeto.

 

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