A Aureliano Herrera Marcano, brillante abogado y mejor amigo, quien me facilitó la oportunidad de nutrirme en su insondable sapiencia jurídica, aprendida por él en el estudio del derecho y en una experiencia de vida, cual digno discípulo de san Ivo. Como en su tránsito por la tierra, se fue calladamente. In memoriam.

Reflexiones de Noviembre de 2018

A todo lo largo de la geografía española se habla de Venezuela y de las penurias por las cuales está pasando su población, conocimiento que en tierra hispánica se tiene desde Cataluña a Galicia, desde Guipúzcoa a Andalucía y pasando por Canarias, no solamente gracias a los medios informativos sino también a la inmensa cantidad de venezolanos que, forzados a dejar su patria, se abren caminos en busca de mejores condiciones de vida, en un lugar para ellos y sus hijos en un ambiente de calidad, acostumbrándose a compartir con los españoles las experiencias y vivencias dejadas atrás en aquel paraíso tropical que el gran almirante de la Mar Océano calificara como “Tierra de Gracia” y del que, siglos después, el bardo cumanés dijera que “[ …] el hijo vil se le eterniza adentro y el hijo grande se le muere afuera”.

En las calles, en el transporte público, en cualquier sitio desde el más elegante hasta el más humilde, cuando el acento venezolano irrumpe en una conversación, o en un simple comentario, se inicia inmediatamente un diálogo con la pregunta que todos nos hemos acostumbrado a esperar, hecha la mayoría de las veces entre conmiseración y curiosidad:

  • Y cómo está Venezuela?.

Cual autómatas, empezamos una narrativa de las experiencias personales, de las que conocemos por terceros y por los medios de lo acontecido en la patria y de cómo y por qué los españoles deben cuidarse y mantenerse con el ojo avizor frente a aquellos intrusos que en su día se prestaron a utilizar a Venezuela como el campo de ensayo de sus políticas populistas y filo comunistas de la izquierda española y que destruyeron a la nación sudamericana que cuenta con las mayores reservas petroleras del planeta y que hace menos de un siglo fuera el primer país exportador de petróleo del mundo.

Nuestro interlocutor, con desorbitados ojos, tímidamente interrumpe:

  • Y qué hacen los venezolanos para deshacerse de ese criminal “tío”? Por qué no le echan?.

En ese punto, cada uno da una explicación según su perspectiva, y sus sentimientos y humores; pero generalmente la conversación continúa con un consejo:

  • Ustedes, españoles, cuiden su democracia y sus instituciones porque la izquierda acecha para destruirlo todo, hundirlos en la miseria y convertirlos en esclavos, como nos sucedió a los venezolanos!.

Nuestro interlocutor enseria el rostro, frunce el ceño en señal de sorpresa y, con un toque de superioridad, sentencia con firmeza:

  • No es para tanto, España no es Venezuela!. Tenemos instituciones fuertes, pertenecemos la Unión Europea!. Si un iluminado con coletas llegase al poder, no podría utilizar a su antojo los fondos públicos ni hacer cuanto le venga en gana, porque antes tiene que pasar por Bruselas.

Y he ahí el momento en que, con nostalgia y un halo de tristeza, nos atrevemos a confesar:

  • Así decíamos los venezolanos. Venezuela no es Cuba, y mire usted donde nos encontramos!.

Nos decimos adiós y nuestro interlocutor nos regala una leve sonrisa, con mezcla de incredulidad y, cuando hemos recorrido un par de pasos, volvemos la mirada hacia él para darle un recatado consejo:

  • Piense usted que he exagerado en lo que le he contado, pero no se olvide de mis palabras, téngalas presentes y manténgase firme al lado de una España grande y única.

Mientras abrigamos el cuello con la bufanda para cubrirnos del otoñal frío, atravesamos la concurrida calle Goya y lentamente hacemos nuestro camino con el pensamiento puesto en la inolvidable Sultana del Avila y en los seres queridos que allá y en otras ciudades del mundo nos recuerdan, y rememorando a aquellos que se fueron para no volver y que desde donde están nos acompañan en este transcurrir por las calles del salmantino barrio, las Letras, la Gran Vía, la Castellana -al igual que 6 décadas atrás lo hacían nuestros padres en su exilio madrileño durante el perezjimenato- esperando con ansiedad entonar con Pérez Bonalde “La vuelta a la patria”, pero con la experiencia aprendida de los progenitores de que, si bien el día de la caída de una dictadura es imprevisible, en una fecha no lejana Venezuela dejará de ser Cuba para ser nuevamente Venezuela.

Un comentario en “España no es Venezuela, Venezuela no es Cuba. Una cotidiana conversación”

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