En fecha reciente el gobierno ha anunciado que no subastará más dólares en el Sistema de Divisas de Tipo de Cambio Complementario Flotante de Mercado (Dicom) al haberlo sustituido por una cesta de divisa convertibles,  por lo que los empresarios, nacionales e internacionales que tengan relación comercial con Venezuela deben efectuar sus transacciones en yuanes, rublos y otras monedas extranjeras establecidas en el nuevo Sistema de Pago Internacional (http://vtv.gob.ve/vicepdte-el-aissami-se-acabo-la-subasta-en-dolares-por-agresion-y-bloqueo-estadounidense-contra-venezuela/).

Esta providencia no ha sido bien recibida por ciertos expertos y, en primer lugar se ubica en las críticas a la Academia Nacional de Ciencias Económicas cuando ha afirmado que “[ … ] la decisión de remplazar al dólar con una canasta de monedas no es acertada, ya que habrá de encarecer y complicar las transacciones internacionales del país que se hacen mayoritariamente en moneda estadounidense” (https://www.lapatilla.com/site/2017/09/13/pronunciamiento-de-la-academia-nacional-de-ciencias-economicas-ante-las-nuevas-medidas-del-gobierno/).  

Leonardo Buniak, economista y consultor en planificación estratégica, califica de errada la decisión oficial, y afirma que la propuesta de una nueva canasta monetaria “no va a funcionar” puesto que sustituir el yuan por el dólar como divisa -por ejemplo-, es una locura porque “ni los chinos” ahorran con su moneda, sino con la norteamericana, agregando que también los rusos utilizan el dólar para ahorrar (http://www.radiofeyalegrianoticias.net/sitio/2017/09/ni-los-chinos-ahorran-en-yuan/).

Finalmente, José Guerra, economista y diputado a la AN, ha declarado que el yuan no es una divisa totalmente convertible porque los mismos chinos no lo han querido, para con ello tratar de evitar que su economía esté expuesta a las fluctuaciones cambiarias típicas de los mercados de monedas. Si Venezuela recibe en pago yuanes por las exportaciones de petróleo destinadas a China, va a quedar atrapada, y solamente podrá comprar productos hechos en China porque en muy pocos países aceptan al yuan. De esta manera, la situación económica y de abastecimiento lejos de aliviarse puede complicarse todavía más porque si se quiere sustituir el dólar USA para pasar del bolívar a la rupia, yuan, euro o yen primero se deberán convertir los bolívares a dólares USA y luego éstos a la moneda deseada.

Del lado oficial, poco se ha dicho para defender la decisión desde el punto de vista técnico puesto que las escasas declaraciones tienen que ver con la retórica política, matizada por el obsoleto lenguaje del anti imperialismo al cual recurren frecuentemente los gestores de la economía dirigida.

Sea como sea, en la realidad el bolívar no es libremente convertible porque, para ello, no debería existir el control de cambios, y  tendría que:

  1. Ser aceptado como medio de pago en cualquier país fuera del lugar de su emisión.
  2. Ser convertido en cualquier otra moneda de manera directa, sin tener que primero pasar por otra.

Como se observa de estas características, el bolívar no es libremente convertible, pero a la vez la política económica oficial pretende que se utilicen otras monedas que tampoco son convertibles, lo que implica que siempre tendrá que utilizarse como referencia el dólar USA, por lo que la cuestionada decisión oficial pareciera ser más bien de carácter político que técnico y, en la práctica, no traerá ninguna utilidad, sino problemas como los que han señalado los críticos; y, aparte de ello, también podría pensarse que el nuevo sistema de cambio internacional tendría alguna ventaja para alguien; y en ese sentido, pudiera ser que facilite el blanqueo de ciertos capitales venezolanos que están siendo monitoreados a nivel internacional por las autoridades monetarias de ciertos países, pues los titulares de esos capitales podrían cambiar las divisas que posean en dólar o en euro y pasarlas a yuanes o rupias, o rublos, y seguidamente transferirlos a bolívares, sin esos fastidiosos y engorrosos trámites que impone la banca internacional para determinar el origen de los fondos y prevenir el lavado de dinero.

 

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