Reflexiones de un Escribidor, Abril de 2019

Si cualquier lector interesado investiga en los archivos de la Unión Europea encontrará fácilmente que España siempre fue fiel y consecuente con su voluntad manifestada de considerarse parte de los países que formaron parte del imperio español; y es así que verá que, en 1962, el ministro de Relaciones Exteriores de España, Fernando M. Castiella, en la carta dirigida al entonces presidente del Consejo, Couve de Murville, señalaba:

“[ … ] los nexos que unen a los países americanos no han de sufrir mengua con su integración a la Comunidad, [ … ] pueden ser una positiva contribución para resolver los problemas planteados entre aquéllos y ésta”.

1. El intento de Castiella significó un acercamiento a la Comunidad que culminaría con el Acuerdo Preferencial de 1970, lo que fue percibido favorablemente del otro lado del Atlántico por Arístides Calvani, ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela quien, en la develación de la estatua del Libertador Simón Bolívar en Madrid, el 28 de octubre de 1970, al referirse al simbolismo que significaba la escultura del Héroe Americano en suelo español, hizo referencia a la importancia de la integración de España con las tierras hispanoamericanas, expresando que:

Cuando el viento que baja de la sierra sacuda suavemente a los árboles del Parque del Oeste, le oiremos (al Libertador) con dulzura susurrar: ´¡España! ¡Despierta a tu histórico destino! ¡Sirve de unión entre Iberoamérica y Europa´ [ … ] es necesario que España e Iberoamérica proclamen muy alto los valores de la eminente dignidad de la persona humana. Es menester que digamos al mundo que no sólo de pan vive el hombre y que vamos al naufragio si no construimos una civilización del más ser; que el desarrollo no lo será jamás si no es de todo el hombre y de todos los hombres; que la paz no puede construirse con la riqueza de unos pocos -individuos o estados- sino sobre la igualdad real de oportunidades para hombres y naciones y que la libertad verdadera de los pueblos implica el derecho ser oídos y de participar responsable y conscientemente en las decisiones que les conciernan[1].

2. Hubo de transcurrir un mediano período hasta el 28 de julio de 1977 cuando el Gobierno de Adolfo Suárez solicitó la adhesión de España a la Comunidad Europea a través de una petición formulada por el ministro de Relaciones Exteriores, Marcelino Oreja, la que recibió como respuesta el Documento presentado por la Comisión Europea el 10 de abril de 1978, conocido como «Fresco», en el que también se afirmaba, en su punto 29 que:

La ampliación fortalecerá el papel que la Comunidad está llamada a desempeñar en el mundo; en el Mediterráneo, ya que cubrirá una gran parte de la orilla norte, pero también en Africa y América Latina, teniendo en cuenta los lazos históricos de dos de los países candidatos con países importantes de dichas áreas geográficas”.

3. Tramitados los requisitos comunitarios correspondientes a la solicitud de adhesión, la sesión de apertura oficial de negociaciones tuvo lugar en Bruselas el 5 de febrero de 1979. Leopoldo Calvo Sotelo, ministro para las Relaciones con las Comunidades Europeas, expresó al momento:

Ha señalado el señor presidente que la Comunidad no está cerrada en sí misma, sino abierta al resto del mundo y vinculada a otros países por convenios de distinto alcance. España también acepta las obligaciones derivadas de esos convenios, y ofrece su propia vocación universal, principalmente ejercida en las relaciones especiales que mantiene, y desea acrecentar, con los países de Iberoamérica”.

4. A partir de entonces, el Gobierno español invocaba la carta iberoamericana en la mesa de negociaciones con sus pares europeos y la utilizaba incluso en otros frentes, como en el acto de presentación de Adolfo Suárez a la Presidencia del Gobierno, el 30 de marzo de 1979, en el que éste expuso:

La inserción de España en Europa es perfectamente compatible con nuestra identidad iberoamericana, que habrá de adquirir nuevas dimensiones: el capital que supone nuestra comunidad cultural, histórica y lingüística nos permitirá hacer ver a las Comunidades Europeas que [ … ] quedan mutiladas si abdican de establecer una estrecha relación de colaboración con Iberoamérica”.

5. Pocos meses después, en el debate sobre las Comunidades celebrado en el Congreso de los Diputados, el 27 de junio de 1979, el ministro Marcelino Oreja afirmaba que:

La laguna más importante en este campo radica en la falta de una política comunitaria con respecto a Iberoamérica. Y es ahí donde nuestro país está llamado a desempeñar ese papel de puente y portavoz a que antes me he referido [ … ] Nuestra vocación europea no será nunca obstáculo para nuestras especiales relaciones con Iberoamérica, sino que, al contrario, las dos dimensiones se enriquecen mutuamente y se complementan, de manera que Iberoamérica aparecerá siempre como el componente que equilibre y armonice nuestra integración europea”.

6. Como se observa, en un período que abarca desde la primera vez que España había alzado su voz aludiendo a Iberoamérica -1962, en plena dictadura franquista- hasta el debate en el Congreso, habían transcurrido 17 largos años durante los cuales España se había deslizado hacia la democracia, contando con una Constitución que luego pasaría a ser modelo en el mundo.

7. Parecía, en consecuencia, que el apoyo español con respecto a los países iberoamericanos se mantendría incólume, pero un inesperado e infortunado suceso sorprendió a la comunidad mundial: guerra de las Malvinas o conflicto del Atlántico Sur (Falklands War) entre el Reino Unido y Argentina entre el 2 de abril -día del desembarco argentino en las geopolíticamente controversiales islas- y el 14 de junio de 1982 cuando cesó la conflagración, pues España adoptó una posición que no la comprometiera con ninguna de las dos partes, de un lado los europeos y del otro los iberoamericanos, lo que quedó reconocido por el ministro de Asuntos Exteriores, José Pedro Pérez Llorca con motivo de la ceremonia de recepción de España como miembro de la OTAN en Bruselas, el 5 de junio de 1982, cuando afirmó que:

Hay que evitar que el problema siga vivo, afectándonos a todos, como foco latente de conflictos alimentados de la incomprensión y el resentimiento entre dos comunidades a las que España pertenece: la europea y la iberoamericana lo que nos hace dolorosamente conscientes del foro que puede comenzar a separarlas y ante el cual estamos decididos a hacer todo lo que podamos para conseguir que desaparezca cuanto antes”.

8. En un intento por recuperar su papel como vocero iberoamericano en Europa, el 28 de octubre de 1982, el Gobierno de Felipe González manifestaba a través del ministro Femando Morán que:

“[ … ] si lo español despierta cada vez mayor interés en Europa a causa de Hispanoamérica —aquí sí Hispanoamérica— la integración de España en la CEE exige una consideración más exacta de nuestras relaciones. La adopción de la barrera arancelaria común y los efectos de las políticas comunitarias impiden que mantengamos un régimen de privilegio para las eventuales importaciones ultramarinas. [ … ] nuestra relación con Latinoamérica no goza de un régimen especial y los países de la Comunidad con barreras arancelarias han aumentado su comercio con los países latinoamericanos en la misma proporción que nosotros”.

9. Con ocasión del debate sobre la ratificación del Tratado en el Congreso de los Diputados, el 25 de junio de 1985 (tanto en el Congreso como en el Senado el Tratado fue aprobado por unanimidad), el ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, dijo:

“[ … ] la delegación española [ … ] se esforzó en encontrar un trato de privilegio por parte de la Comunidad respecto a Iberoamérica, no solamente en cuanto a la declaración que señalase una nueva actitud de la Comunidad respecto a Iberoamérica [ … ] España va a participar dentro de la Comunidad de una manera muy insistente para que el golfo que se agranda entre Europa y el resto del mundo y concretamente Iberoamérica, no continúe [ … ]”.

10. En ese mismo debate, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, menos optimista con respecto al papel que España podía desempeñar en las relaciones entre la Comunidad de los países europeos y América Latina, dijo:

“[ … ] España debe orientar la atención de la Comunidad Económica Europea hacia las naciones iberoamericanas para promover en ellas la paz y la estabilidad democráticas; pero ese proceso político es inviable sin el desarrollo económico y social [ … ]”.

11. En ese largo recorrido cronológico[2], se observa con meridiana claridad que España siempre apostó por Iberoamérica en la Unión Europea y, en líneas generales, puede decirse que logró convertirse en su voz en el seno de los organismos de esa gran comunidad política de derecho constituida en régimen sui géneris de organización internacional, nacida para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los Estados y los pueblos de Europa. Sin embargo, España en ese papel protagónico no puede circunscribirse a la retórica de los lazos históricos, lingüísticos y culturales con el mundo hispano americano -ese Rubicón lo cruzó siglos atrás- sino que tiene que manifestarse de una manera pro activa y efectiva en favor no solamente de las relaciones de intercambio sino también en el ámbito de la democracia, los derechos humanos y el desarrollo económico y social.

Cuando los organismos europeos se reúnen para tratar la tragedia venezolana, a España le corresponde ser coherente con la posición pro Iberoamérica que ha mantenido incólume desde aquel lejano 1970 cuando hizo su primer acercamiento al grupo europeo. No basta con que se limite, con frases edulcoradas, a tímidas declaraciones de censura de los métodos dictatoriales del régimen usurpador de Nicolás Maduro, porque España es la que puede guiar e ilustrar a sus pares europeos en el análisis de la situación y en la toma de decisiones que faciliten el cese de la usurpación, la instalación de un gobierno provisional y la celebración de elecciones libres e independientes que conduzcan a la reinstitucionalización del Estado de Derecho en Venezuela.

12. Posiciones neutras o indefinidas, o dilatorias, en nada ayudan en estos momentos a la patria del Libertador y atentarían contra la propia conducta española hacia Iberoamérica, recogida en los kilométricos ríos de tinta que sobre la Hispanidad se han derramado a lo largo de centurias.

Carlos J. Sarmiento Sosa

Madrid, abril 2019

 

[1] Véase: Carlos J. Sarmiento Sosa. Arístides Calvani en España. AIPOP. Asociación Integral de Políticas Públicas. Disponible en: http://aipop.org/web/aristides-calvani-en-espana/. Consultado el 14 de abril de 2019.  

[2] Véase: José Angel Sotillo Lorenzo. América Latina en las negociaciones del ingreso de España en la Comunidad Europea.

https://web.archive.org/web/20111115133520/http://www.ucm.es/BUCM/revistas/cps/11308001/articulos/POSO8989330025A.PDF. Consultado el 14 de abril de 2019.

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