Palabras del Doctor Carlos J. Sarmiento Sosa, Vicepresidente del Instituto Venezolano de Estudios de Derecho Procesal (INVEDEPRO).

Como afirma IHERING, el primer impulso del sentimiento del derecho contra la injusticia consiste en una acción violenta, origen de la defensa privada y de la venganza. En esta “justicia salvaje”, según la frase de BACON, tiene su origen el derecho; pero esto pertenece a ese período primero en que todavía fuerza y derecho no se habían separado pues, precisamente, el derecho nace cuando el Estado crea órganos para sustituir esas explosiones del sentimiento jurídico subjetivo y administrar objetivamente la justicia.

Ahora bien, en la propia etapa de la “justicia salvaje” se distinguían dos supuestos cuya significación no puede pasar inadvertida: cuando el derecho era evidente, la defensa privada gozaba del socorro moral y físico de la comunidad; cuando la pretensión era dudosa, la justicia privada debió ocasionar una lucha bárbara y tuvo que ser suplida con la creación de instituciones que decidieran la disputa. En palabras de ARAGONESES, no hay proceso más que cuando la pretensión es discutible; cuando es evidente es solo el interesado quien la persigue sin intervención de las autoridades. O como dice DEVIS ECHANDIA, una de las características esenciales de toda sociedad organizada es la reglamentación de la facultad de desatar los conflictos, entre las personas o de reparar lesiones y sancionar los ilícitos, con base en dos principios: la restricción de tal facultad al Estado y la determinación de normas para su ejercicio. Con ello, nació el derecho procesal.

Siglos han de correr desde los sistemas procesales en el mundo pretérito. En la Grecia antigua, mientras ARISTOTELES hacía el estudio de la prueba en su Retórica, la nación griega contaba con una organización judicial que, al decir de MITTERMAIER, superó en mucho a la que luego existió en Europa por lo menos hasta el siglo XVI.

En Roma, imperaba el antiguo proceso romano o per legis actiones en el cual el juez tenía un carácter de árbitro para, posteriormente, durante el Imperio, pasar al procedimiento extra ordinem, de marcada influencia publicística, cuando el juez deja de ser un árbitro para representar al Estado en la función de administrar justicia, en la cual la actuación del juez, según CICERON, no se limitaba a una labor mecánica de contar los testimonios, sino que debía examinar el grado de credibilidad; y, por último, en el período justinianeo, cuando aparecieron en el Corpus diversos textos legales que permitieron elaborar las bases sobre las cuales en la Edad Media se construyó la lógica de la prueba, a través del derecho canónico.

A la caída del Imperio Romano, hallamos distintas fases que van desde la primitiva, con un concepto rudimentario de la justicia; la religiosa y el proceso acusatorio marcado por la influencia del fanatismo religioso, que dieron cabida posteriormente, en búsqueda de un mejor desempeño del derecho, al antiguo derecho germano y a la aparición del derecho canónico, que se impone definitivamente como un apreciable avance en la cultura jurídica a pesar de estar dominado por la regulación detallada de los medios de prueba y su apreciación previa.

En España, al igual que en las provincias de ultramar, predominó todo el derecho que había estado presente en la Europa de influencia romanística, lo que ha hecho expresar a VESCOVI que en los países iberoamericanos rige aún el sistema romano-canónico de proceso escrito, secreto y burocrático, como acontecía en Venezuela hasta épocas recientes.

Para llegar a esta evolución que va desde taras atávicas al pasado medieval hasta la actualidad, cuando se habla de los principios del proceso, del derecho a tutela judicial efectiva, de prueba libre, de prueba dinámica, de proceso oral, del derecho de la defensa, las instituciones han tenido que evolucionar para adaptarse a las condiciones de los últimos años del s. XX y los que corren del s. XXI. Pero ello no ha sido por una mera inercia, sino que los hombres de leyes, los juristas, han tenido que poner su esfuerzo intelectual para lograr esa actualización, particularmente a quienes les competía y compete al difusión del conocimiento de la ciencia procesal.

Muchos, desde la independencia en el s. XIX hasta el presente han dado todo de sí en pro de la ciencia procesal. No voy a nombrarlos sino a limitarme a una breve aunque justificada referencia a los dos personajes a quienes hoy nos toca rendir merecido homenaje. Dos distinguidos juristas que han dedicado gran parte de su vida al estudio y desarrollo de la ciencia del derecho procesal en Venezuela.

Hablar de Arístides Rengel Romberg me resulta comprometedor porque su nombre resuena en mis oídos desde la infancia, no solamente por la estrecha relación que existió ente él y mi fallecido padre, José Gabriel Sarmiento Núñez; sino porque vienen a mi mente las imágenes de Rafael y Graciela Núñez Isava, cuando con frecuencia visitaban nuestro hogar madrileño en los hoy distantes 50´s, y las tertulias que allí se generaban sobre la entonces sometida patria y en las que siempre se mencionaba a la joven pareja formada por Arístides y Morella. De manera, pues, que  Arístides es un personaje cuyo conocimiento me deviene como una referencia permanente en la familia y por su vasta obra jurídica concretada en su Tratado de Derecho Procesal Civil y su condición de miembro de la Comisión Redactora del Código de Procedimiento Civil vigente.

En cuanto al doctor Leopoldo Márquez Añez, si bien no ha existido esa confianza como la que ha habido con Arístides Rengel Romberg, no es de extrañar que hoy en esta ciudad balneario del este del país se le rinda este respeto pues, como dije anteriormente, él forma parte del elenco de quienes se han dedicado al estudio de la ciencia del derecho procesal y la casación en Venezuela, amén de haberse desempeñado también como integrante de la Comisión Redactora del Código de Procedimiento Civil.

Pero el mejor homenaje que ambos juristas pueden recibir es el excelente temario de este evento. Las conferencias que nos esperan servirán para que los asistentes recordemos que, rindiéndose tributo a los doctores Arístides Rengel Romberg y Leopoldo Márquez Añez, nos hemos nutrido de nuevos conceptos que vienen surgiendo en la ciencia del derecho procesal. De allí que el Instituto Venezolano de Estudios de Derecho Procesal haya respaldado con entusiasmo esta iniciativa que distingue a Salaverría Ramos Romero & Asociados.

Mis mejores deseos a quienes se honra.

Muchas gracias a ustedes, expositores y asistentes, quienes dan vida a este foro.

Puerto La Cruz, 20 de Octubre de 2006.

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