Reflexiones de Julio de 2018

Narran los historiadores que, a instancias de su médico de cabecera, Alejandro Próspero Révérend, el Libertador fue alojado, a su llegada a Santa Marta, en la quinta de San Pedro Alejandrino, propiedad de Joaquín de Mier, el 6 de diciembre de 1830, falleciendo poco después, el día 17 del mismo mes, no sin antes dictar su testamento, célebre por la última frase en la que imploró:

¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.

Pero hoy no reflexionará este escribidor sobre aquel acontecimiento conmemorado cada año en los países bolivarianos -en el buen sentido del calificativo, no en la deformación que de él ha hecho el chavismo y su congéneres-, pues será sobre el insólito caso que ha originado que un descendiente de Joaquín de Mier, de nombre Ricardo Devengoechea, demande a la República de Venezuela ante un tribunal norteamericano[1].

Cuenta Devengoechea que heredó de su antepasado una colección de posesiones de Bolívar que éste había obsequiado a Mier, valoradas hoy en varios millones de dólares y que incluye miles de documentos históricos, las charreteras ornamentales de Napoleón Bonaparte, la medalla otorgada por el Perú al Libertador y hasta un mechón de cabello de éste.

Agrega el demandante, quien vive en Orlando, Florida, que en octubre de 1997 una delegación del gobierno de Venezuela se interesó en la colección y mostró interés en comprarla y, después de varias horas de negociación, Devengoechea convino en viajar -en avión privado, por supuesto- con los funcionarios al país trayendo la colección para que historiadores y expertos inspeccionaran los objetos.

Una vez en Caracas, le aseguraron a Devengoechea que después de la inspección de los objetos, se negociaría el precio o se le devolverían los bienes, y ante la tardanza en el examen, optó por regresar a Orlando y dejarlos al cuidado de los expertos pues éstos le dijeron que necesitaban más tiempo para la evaluación.

Devengoechea periódicamente contactaba a los funcionarios y siempre obtenía como respuesta que necesitaban más tiempo; pero a partir de julio de 2010, cuando se hizo la exhumación de los restos de Bolívar, sus llamadas no volvieron a ser respondidas por lo que optó por demandar a la República ante la negativa de devolverle las pertenencias del Libertador, o pagar por ellas.

Presentada la demanda, en lugar de devolver los bienes que le pertenecen en propiedad a Devengoechea, o pagar un precio justo y razonable, los abogados de la República, han alegado en primer lugar la falta de jurisdicción del tribunal norteamericano y, a continuación, han sostenido que los bienes reclamados fueron expropiados por Venezuela conforme a sus leyes, por lo que no tiene obligación de devolver los bienes!.

Juzgue usted amable lector; pero sepa que el juez americano no aceptó ninguno de los dos argumentos.

[1] Devengoechea v. Bolivarian Republic of Venezuela, case number 16-16816, in the U.S. Court of Appeals for the Eleventh Circuit.

2 comentarios en “El insólito caso de la colección de posesiones de Bolivar”

    1. De vergüenza, sí, pero también de secuestradores, torturadores y saqueadores. No te engañes, tienen varios usos, eso sí, todos vergonzosos y despreciables.

Deja un comentario