Reflexiones de Octubre de 2018

Las democracias y el Grupo de Lima, creado para hacer seguimiento y buscar salidas a la crisis venezolana, no saben qué hacer con el régimen de Maduro pues no ha logrado concretar una política que vaya más allá de las declaraciones, muchas de ellas destinadas a rechazar una eventual intervención militar extranjera en Venezuela, como la declaración emitida el 16 de septiembre de 2018 por 11 países; pero no se propuso acción alguna diplomática para presionar al dictador para que permita la restauración de la democracia, en flagrante contradicción con los compromisos anteriores del grupo.[1].

Estas afirmaciones no son alegres ni infundadas, sino debidamente sustentadas en las declaraciones formuladas por los voceros de los Estados que integran la reunión que lleva el nombre de la capital peruana; pero, si se observan las peroratas de los representantes de los países americanos desde que se comenzó con la destrucción del Estado de Derecho en Venezuela[2], por los primeros años de la década del s. XXI, se verá que muchas de ellas se ampararon en intereses políticos o económicos, o en una interpretación interesada y sesgada del principio de no intervención o del principio de legitimidad por el origen electoral de Chávez y Maduro, principios que pierden toda vigencia cuando la democracia como sistema de gobierno, idealizado por el sistema interamericano, ha dejado de existir, lo que es fácilmente comprobable con la utilización del test de democracia y las públicas y polémicas denuncias del Secretario General de la OEA, sin olvidar que los países americanos, a través de sus servicios de inteligencia y oficinas diplomáticas, estaban y están al tanto de la situación interna venezolana, especialmente de las manipulaciones oficialistas de los procesos electorales.

Esa bobalicona conducta de muchas de las democracias liberales americanas y sus dirigentes, temerosos de ser calificados como lacayos del imperio del Norte[3] o tildados de seguir tendencias conservadoras, se han limitado a tibias, protocolares y burocráticas declaraciones con pinceladas retóricas y edulcoradas frases como “enorme preocupación” y “crisis hospitalaria”; y, entretanto, Maduro y sus secuaces, para satisfacción y júbilo de La Habana, han ido paulatinamente logrando su objetivo de asirse al poder a cualquier costo.


Referencias:

[1] Véase: Pedro Benítez. Alnavio. Las democracias no saben qué hacer con el gobierno de Nicolás Maduro. Disponible en: https://alnavio.com/noticia/15030/firmas/las-democracias-no-saben-que-hacer-con-el-gobierno-de-nicolas-maduro.html. Consultado en 27 de septiembre de 2018. Véase: ANDRÉS OPPENHEIMER. El nuevo Herald. Disponible en: https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/andres-oppenheimer-es/article218804125.html. Consultado en 28 de septiembre de 2018.

[2] Véase: Carlos J. Sarmiento Sosa. El clamor de la libertad ante la destrucción del Estado de Derecho en Venezuela. Disponible en: https://www.amazon.com/libertad-destrucci%C3%B3n-Derecho-Venezuela-Spanish-ebook/dp/B07FSSWTQT/ref=sr_1_1?s=digital-text&ie=UTF8&qid=1532447616&sr=1-1&keywords=sarmiento+sosa.

[3] Carlos J. Sarmiento Sosa. ¿Y LOS GORILAS SIN UNIFORME?. REFLEXIONES AL BORDE DEL AÑO VIEJO 2012. En REFLEXIONES 2012-2014. www.amazon.com  

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