Con motivo del reciente fallecimiento del doctor Octavio Lepage, este escribidor se permite reproducir, in memoriam, «Una anécdota desconocida», publicada en Reflexiones al borde del año viejo 2012:

Termino de leer “La conjura final”, contentiva de la entrevista que el comunicador social Javier Conde hizo al doctor Octavio Lepage, político de larga trayectoria durante seis décadas, por no decir más. Me parecieron sinceras las expresiones del entrevistado y, es más, leyendo entrelíneas capturo que valientemente quiso hacer un mea culpa por su actuación como dirigente político, ministro, legislador y hasta Presidente de la República por menguados días, gracias al golpe de estado “constitucional” que los partidos y los “Notables” dieron al ex Presidente Carlos Andrés Pérez en 1993, como narra atinadamente Mirtha Rivero en “la rebelión de los náufragos”.

         Pero eso no es lo que me hace reflexionar sobre las expresiones del doctor Lepage, que a grosso modo me gustaron, sino una referencia que él formula acerca de mi padre. Se trata de lo siguiente:

         Dice Lepage que, al ser enviado al exilio por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, por los primeros años de la década de los 50´s, llegó a Madrid, donde se encontraban residiendo en condición de exilados un grupo de venezolanos; y he ahí donde comienza diciendo que mi padre era sobrino de una dirigente acciondemocratista, Cecilia Núñez Sucre, quien efectivamente estaba alojada en nuestro apartamento madrileño; y agrega que papá vivía cómodamente con recursos económicos, dedicándose a hacer cursos de perfeccionamiento del derecho.

         A estas primeras afirmaciones, el parentesco de papá con Cecilia no era en grado de sobrino, porque ella era prima hermana de mi abuela Carmen Núñez de Sarmiento; y en segundo lugar, ciertamente, papá, en lugar de estar todos los días sentado en “Los Sótanos” de la Gran Vía, esperando que la dictadura perezjimenista se fuera a pique, se inscribió en la Escuela de Práctica Jurídica, llegando en 1956 a ser el primer alumno de su promoción, y luego optó por comenzar su doctorado en Derecho en la Complutense. Pero con respecto a la situación económica de papá, parece que el doctor Lepage no estaba bien informado para aquel momento, o como a él se le atribuye poca memoria, a lo mejor olvidó la realidad. En fin, no es un pecado lo que él ha dicho.

         Dice el doctor Lepage que visitó a papá en dos ocasiones: una, con motivo de la detención por las autoridades españolas de un venezolano que residía en Madrid; y dos, cuando el doctor Lepage consideró que papá podía facilitarle un préstamo para comprar un pasaje para salir de España rumbo a Londres.

         Por la forma como lo expone el doctor Lepage, no hay duda que las dos entrevistas se llevaron a cabo porque, positivamente, abogados cercanos al régimen del generalísimo Franco cursaban con papá en la Escuela de Práctica Jurídica; y también tiene que ser cierto que la segunda entrevista fue para solicitar a papá un préstamo, y va adelante la
palabra del doctor Lepage.

         A casi 60 años de esos hechos, es cuando la familia tiene conocimiento de esa prestación y nada menos que por boca de su beneficiario; pero lo que se desconoce es si el doctor Lepage lo pagó, o si alguna vez, desde sus altas posiciones políticas, al menos se lo
agradeció personalmente a papá; sin embargo, por el tiempo transcurrido y la buena causa del préstamo producto de la generosidad de mi padre hacia un compatriota que sufría las mismas penas del ostracismo, el solo hecho de mencionar esa anécdota a Javier Conde constituye no sólo un sincero agradecimiento del doctor Lepage sino el pago honorífico de la deuda.

 Descanse en paz, doctor Lepage.

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