Según el DRAE, debe entenderse por lealtad el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien, por lo que quien cumpla con esas leyes es una persona leal, o sea, que guarda a algo o a alguien la debida observancia de la fe que alguien debe a otra persona.

La lealtad es la cualidad de aquellas personas que acatan las leyes o cumplen los acuerdos, tácitos o explícitos. También se aplica a la conducta de ciertos animales que tienen especial relación con los seres humanos, como los perros o los caballos. La lealtad es un término estrechamente relacionado con la fidelidad, la confianza y la amistad. La lealtad es una virtud, un compromiso con lo que creemos, con nuestros ideales y con las personas que nos rodean. La lealtad está íntimamente ligada al carácter de una persona, a su valor y honor” (Tomado de: http://www.frasesypensamientos.com.ar/frases-de-lealtad.html ).

Por ello, decía William Shakespeare que la lealtad tiene un corazón tranquilo.

Como antítesis a la lealtad, se encuentra la traición que, como dice el DRAE, es la falta que se comente quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener. En la traición una acción tan vil que en la literatura universal, Dante Alighieri, en La Divina Comedia, la expone como el máximo pecado que se pueda cometer y que amerita la peor de las condenas, al punto que los traidores deben ser devorados por el mismo Demonio.

Pero hay unos traidores menores, insignificantes pero no menos dañinos, esos a quienes se les califica como “saltadores de talanquera”, meros desechos fecales que no merecen la menor atención. Ni siquiera de Satanás.

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