Al doctor Alberto Martini Urdaneta, un abogado que se destacó en la diplomacia, la política y la judicatura, especialmente como magistrado de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia. In memoriam.

Del lat. odium.
1. m. Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.
Odiar. tr. Tener odio.
Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española

En la Gaceta Oficial N° 41.274 de 8 de noviembre de 2017 aparece publicada una llamada “Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia”, emanada de la denominada Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y, como en su texto se dice,  pretende promover la tolerancia y prevenir toda forma de odio, hostigamiento y violencia, prohibiendo la emisión de mensajes que puedan ser considerados negativos y que promuevan la guerra y la discriminación.

No va este escribidor a entrar en las disquisiciones constitucionales sobre la ANC ni sobre la naturaleza jurídica de los actos que emanen de esta agrupación. Eso salta a la vista y basta leer la opinión de  los académicos para comprender de qué se trata todo eso. Más bien, es preferible resaltar la incongruencia que envuelve el rimbombante objeto que dice perseguir ese documento.

En el epígrafe, ha quedado definido el odio, por lo que falta entonces determinar qué es hostigamiento y qué es violencia, utilizando como fuente la ley que marca la pauta a la preciosa y riquísima lengua española que, para desgracia de los hispano parlantes, no es conocida suficientemente o, adrede, se desnaturaliza el sentido propio de las palabras allí contenidas para sustituirlas, también intencionalmente, por eso que se conoce como neolengua, o neohabla que George Orwell trata en su premonitoria novela 1984 como un elemento de manipulación política de los ciudadanos sometidos a un poder dictatorial. Veamos.

Hostigamiento, es la acción de hostigar, deriva del latín fustigāre y tiene varios significados:

  1. Dar golpes con una fusta, un látigo u otro instrumento, para hacer mover, juntar o dispersar.
  2. Molestar a alguien o burlarse de él insistentemente.
  3. Incitar con insistencia a alguien para que haga algo.

Por su parte, violencia deriva del latín violentia y se entiende como:

  1. Cualidad de violento.
  2. Acción y efecto de violentar o violentarse.
  3. Acción violenta o contra el natural modo de proceder.
  4. Acción de violar a una persona.

 Conviene agregar que el DRAE define el verbo violentar como:

  1. Aplicar medios violentos a cosas o personas para vencer su resistencia
  2. Dar interpretación o sentido violento a lo dicho o escrito.
  3. Entrar en una casa u otra parte contra la voluntad de su dueño.
  4. Poner a alguien en una situación violenta o hacer que se moleste o enoje.

Si se interpretan debidamente el odio, el hostigamiento y la violencia en sus respectivas acepciones, para que haya odio, el sujeto ha de desear mal a la persona u objeto hacia la cual se desarrolla su acción; y el hecho de odiar no implica que tenga que hacerlo con hostigamiento ni con violencia, salvo que se trate de un odio generado en ambientes donde predominen tanto el uno como la otra, porque  se puede odiar sin hostigar a alguien, como igual se puede odiar sin violencia. Además,  puede tratarse de un odio silencioso, que no transciende porque el que odie no lo manifieste aunque lo sienta con pasión desmedida hacia algo o alguien. Como ejemplo, un ciudadano, o una colectividad,  puede odiar a un gobernante sin manifestarlo públicamente, en su intimidad,  y hasta desearle el peor de los males, pero ello no implica que, para que se materialice ese sentimiento, el ciudadano tenga que hostigar al gobernante o acudir a la violencia en su contra. Simplemente lo odiará.

Por consiguiente, se ha tratado de mezclar temas distintos como que si fueran lo mismo, porque también se puede hostigar sin violencia y sin odio como se puede ser violento sin odiar ni hostigar.

Por otro lado, esa llamada ley contra el odio, en su artículo 8, dispone que si existe alguna confusión en su interpretación, se aplicarán las medidas que brinden mayor protección a los DDHH, la paz y la convivencia, lo que significa  que si están vigentes los tratados y convenios internacionales con rango constitucional que privan sobre el odio, el hostigamiento y la violencia, es evidente, hasta por simple deducción, que esa chocante colcha de retazos se autodestruyó al invocar la aplicación de tales instrumentos internacionales, que deben ser interpretados atendiendo a las exigencias de una sociedad democrática.

 

Carlos J. Sarmiento Sosa

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