Al doctor Pedro Manuel
Arcaya Urrutia, distinguido abogado de intachable y reconocida trayectoria en el mundo financiero y de los seguros, digno heredero de su padre, el doctor Pedro Manuel Arcaya, y excelente amigo de los Sarmiento.

In memoriam.

 

Con bombos y platillos ha sido publicada, en la G. O. del 8 del mes de noviembre, un decreto ejecutivo en el que, dentro del marco de la “emergencia económica”, se crean los denominados “Consejos Productivos de Trabajadores” o “CPT”, unas especies de comités  destinados a funcionar dentro de las empresas para supervisar la gestión de la empresa de acuerdo con su adecuación al modelo socialista, definidos como una organización de corte marxistoide concebida para impulsar la participación de la clase obrera como sujeto protagónico, en la gestión de la actividad productiva desde las entidades de trabajo públicas y privadas, que servirán de apoyo a la Gran Misión Abastecimiento Soberano, a los fines de garantizar el acceso oportuno a bienes, alimentos, medicinas y otros productos esenciales para la vida.

Los CPT, siguiendo la rígida estructura marxista de control de los medios de producción, son creados y organizados a través de los Ministerios del Trabajo y  de la Defensa junto al Comando Estratégico Operación de la Gran Misión, y también regulan su funcionamiento;
y, en cuanto a su integración, los  7 miembros de cada uno de los CPT son designados por medio de los Ministerios del Trabajo, de la Defensa, de la Juventud y Deporte, de la Mujer y la Igualdad de Género: 3 trabajadores de empresa; 1 representante por la juventud; 1 representante de la Unión Nacional de Mujeres, 1 representante de la Milicia Bolivariana y 1 representante de la Fuerza Armada Nacional.  

Los CPT podrán crearse en cualquier empresa, pública o privada, aunque al ser enmarcados dentro de la Gran Misión Abastecimiento Soberano, da la impresión de que se circunscriben a empresas de los sectores de alimentación, salud, higiene personal y aseo del hogar.

Para este escribidor, los CPT están al margen de la Constitución de 1999 al infringir varios de sus disposiciones relacionadas con el trabajo, la libertad de asociación y la libertad de empresa; pero bien se sabe que poco importa su constitucionalidad si de lo que se trata es de campañas publicitarias destinadas a hacer creer en una supuesta eficiencia de la economía cuando la verdad es que, a medida de que se imponen más controles, se genera más ineficiencia y, por ende, se agudiza el desabastecimiento y decrece la producción, bailando ambas pegadas al son de la inflación.

 

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