Reflexiones de Enero de 2018

En Venezuela nadie se preocupa por el sistema electoral porque, como dice el refrán, lo que es evidente no necesita demostración: Tirios y troyanos están conscientes de que a unos favorece y a los otros perjudica, aunque el realmente afectado es el ciudadano quien, en cumplimiento del deber, acude a las mesas de votación a depositar un voto en vana espera de que la expresión de la voluntad popular sea respetada.

Pero no es solamente un asunto que atiene a un país por las circunstancias político-económicas-sociales por las que atraviesa, sino es que problemas vinculados a los procesos electorales se presentan en otros países; y en esta oportunidad se trata de los Estados Unidos de América, donde los mapas electorales son modificados con el objetivo de beneficiar al Partido Republicano o al Demócrata, lo que ha llevado al estado de Wisconsin a solicitar al Tribunal Supremo que declare que es inconstitucional trazar los distritos electorales de manera que favorezcan la victoria de un legislador de un partido determinado, técnica conocida como “gerrymandering”.

En Wisconsin, el año pasado, una Corte Federal dictaminó que el estado, controlado en 2011 por completo por los republicanos, impulsó un plan tan partidista para trazar los distritos electorales que violó las cláusulas de la Constitución que garantizan la igualdad de derechos y la libertad de expresión. En concreto, los líderes republicanos del Parlamento de Wisconsin se reunieron con cada uno de sus legisladores en la conocida como “habitación de mapas”, donde les hicieron firmar un acuerdo de confidencialidad antes de desvelarles cómo habían manipulado sus distritos para darles una victoria segura que consistió  en disminuir el peso de los votantes demócratas de Wisconsin, concentrando a la mayoría en un pequeño número de distritos en zonas urbanas, mientras que los republicanos pasaban a ocupar la mayoría de las circunscripciones.

Pues bien, recientemente se celebró una audiencia ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para discutir el asunto que, al parecer, ha ocasionado una división de opiniones entre los jueces -son nueve- progresistas y conservadores, de los cuales solamente hay un juez moderado, Anthony Kennedy, quien parece que está destinado a dar el voto del desempate entre los dos grupos.

No se puede anticipar cuál será el veredicto pero sí se observó en la audiencia la actuación de los jueces cuando interrogaban a los representantes de las partes, y algunos observaron que el derecho a votar peligra con la actual manipulación, pues no se permite a los votantes elegir a sus representantes, mientras que otro comentó que si bien la manipulación electoral es “desagradable”, la Corte Suprema necesitaría de un indicador “lo suficientemente concreto” para poder determinar cuándo esa manipulación es excesiva. Quizás el Poder Electoral venezolano podría ilustrar a los jueces de la Corte Suprema de los Estados Unidos ofreciéndole asesoramiento sobre franquicias electorales más sofisticadas que el  “gerrymandering”.

Carlos J. Sarmiento Sosa

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