La frase retumba en sus oídos desde la infancia, cuando una vez su adorada madre se la dijo en son de regaño por algo que hoy ha olvidado; pero, a lo largo de los años, ha reflexionado sobre la frase en determinados momentos y circunstancias porque es evidente que hay eventos que se presentan o exponen como un medio de disuasión, sobretodo en algunas determinadas actividades que puede desempeñar una persona en la vida en sociedad.

Las sociedades delictivas amparadas en la ley de la fuerza exprimen a sus víctimas mediante actos de terror, ejemplarizantes, para que el vecino del barrio se “mire en ese espejo” y cumpla con las exigencias de los sicarios de los capos, como lo reflejan innumerables películas sobre el crimen organizado; y en la política, particularmente en las autocracias, la criminalización de determinados actos para que sean legalmente considerados delitos y sometidos a los tribunales ha sido una constante, con lo que se persigue que el ciudadano se sorprenda del despiadado e inhumano castigo al cual ha sido condenado otro ciudadano, a la vez que recibe un claro mensaje: “Si te metes conmigo, mira lo que te va a pasar”.   

 De allí que, cuando se trata de disuasión política autoritaria no es fácil que el autócrata se doblegue ante pedidos de humanidad a favor de una víctima porque, hacerlo, podría convertirse en una debilidad que podría traerle un alto precio. Prefiere que le cueste la vida a la víctima y hasta ser considerado un criminal, porque así gana tiempo en el ejercicio del poder.

Lo que el autócrata nunca controlará será su juicio final, cuando se verá frente al espejo.

 

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