Reflexiones del mes de marzo, 2019

La primera actuación de relevancia del golpista teniente coronel (r) Hugo Rafael Chávez Frías luego de haber quedado en libertad por efecto del sobresimiento de su causa en 1994, fue su traslado a La Habana, donde quedó prendado de Fidel Castro, a quien luego volvería a visitar en 1999 una vez que resultó elegido Presidente de Venezuela, momento en que el tirano castro comunista se percató de que, al haberse apoderado de la mente y el corazón del exgolpista, había Cuba iniciado su proceso de conquista de la patria del Libertador, viejo sueño del barbudo desde que Rómulo Betancourt le había despachado con los bolsillos vacíos en 1959, y de la derrota de la invasión de Machurucuto en 1967 cuando las Fuerzas Armadas venezolanas, comprometida con la democracia, habían abatido a las fuerzas invasoras.

A partir de esa alianza entre ambos mandatarios comenzó la colonización de Venezuela por parte del castro comunismo, disfrazada bajo acuerdos de colaboración y asistencia técnica con el único y deliberado propósito de  lograr el control de las distintas áreas de actividad del país hasta alcanzar la destrucción del Estado de Derecho, en lo cual tuvo papel preponderante el servicio de inteligencia conocido como el G2, temido y temible cuerpo de espionaje, todo ejecutado por Chávez y Maduro, en acatamiento a las órdenes castro comunistas, al punto de que ambos, con convicción y satisfacción,afirmaron que Venezuela y Cuba constituían una sola nación, llegando a verse a las banderas venezolana y cubana ondeando en cuarteles de la FANB mientras oficiales isleños daban instrucciones al sumiso generalato criollo.

Por otro lado, los dos Capitanes Generales de Cuba en Venezuela -el primero hasta su fallecimiento y el otro a partir de 2013- adelantaban negocios en el sector petrolero y minero fundamentalmente en PDVSA, con participación rusa y china; y en cuanto al terrorismo internacional, éste fue consiguiendo el campo abonado para instalarse en Venezuela, desde los países del mundo árabe hasta la guerrilla colombiana en sus dos versiones, las FARC y el ELN.

Hecha esta corta introducción, es pertinente una pregunta:

¿Desconocía la comunidad democrática mundial la actuación del castro comunismo desde que Chávez visitó Cuba y quedó amartelado del dictador cubano y, por tanto, no sabía de los pasos del tirano habanero, de Rusia y China, y menos que el terrorismo internacional se estaba alojando en Venezuela?.

Eso no se lo cree nadie porque, si se tenía conocimiento de la utilización de Venezuela para la exportación de drogas bajo el amparo del “Cartel de los Soles”, ¿cómo era posible que se ignorara el resto de las señaladas actuaciones?.

La comunidad democrática de naciones se preocupaba por sus intereses en Venezuela y, bajo el pretexto de la soberanía y del principio de no injerencia, volteaba la mirada hacia otros sitios. Sólo algunos paños calientes por parte de la administración Obama.

La comunidad democrática de naciones, entre ellas los Estados Unidos, la Unión Europea, la comunidad latinoamericana y otras naciones como Canadá, Japón y Korea del Sur tienen embajadas en Venezuela; y no era un secreto ni un misterio que, sin excederse ni inmiscuirse en los problemas internos del país, cada delegación diplomática podía contar con un servicio de inteligencia, al igual como se mantiene una secretaría comercial o de otra naturaleza, por lo que es de presumir que esos servicios de inteligencia reportaban periódicamente a sus respectivos ministerios de relaciones exteriores los hechos de relevancia política que acaecían en Venezuela. Claro está, no se trata de la CIA, o del MOSSAD, o de otros cuerpos de espionaje que el cine ha mitificado pero sí de informantes que de acuerdo a las prácticas diplomáticas daban cuenta del quehacer político venezolano.

Siendo esto así, es imposible que la comunidad democrática de naciones no estuviera en cuenta de los movimientos del castro comunismo, de las negociaciones con Rusia y China -y con el terrorismo internacional y el narcotráfico- y de la destrucción del Estado de Derecho en Venezuela para construir un proyecto dictatorial.

Ahora, cuando el agua llega al cuello con la entrada de Donald Trump en escena como elefante en cristalería, la comunidad democrática de naciones aún vacila en cómo concretar la ayuda humanitaria a Venezuela y evitar que la inconmensurable tragedia que afecta al pueblo venezolano siga en aumento, mientras que se rasga las vestiduras cuando alguien temerariamente invoca ejercicios bélicos, a sabiendas de que una acción concertada de esas naciones dentro del marco del derecho internacional evitaría más muertes y destrucción de bienes materiales y precavería una conflagración armada en Venezuela como la que presagia la presencia de una misión militar rusa en ese país.

Carlos J. Sarmiento Sosa

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