El 29 de julio remití a El Universal el artículo que a continuación copio. Sorpresivamente, el 30, en horas de la tarde, recibí una respuesta en la que el licenciado Miguel Maita, con el profesionalismo que le caracteriza, muy lacónicamiente de respondió: Lamento tener que informarle que debido a la reestructuración editorial que adelanta el diario El Universal se han hecho una serie de ajustes y por esta razón ya no podremos darle curso de publicación a sus artículos temporalmente.   
 
 
 
¿QUÉ ES LA ARISTOCRACIA?
Carlos J. Sarmiento Sosa
 
Según el DRAE, en su avance de la 23ª edición, la aristocracia tiene varios significados, a saber:
1.    En el mundo clásico, forma de gobierno según la cual el poder político es ejercido por los mejores.
2.    En ciertas épocas, ejercicio del poder político por una clase privilegiada.
3.    Clase noble de una nación, de una provincia, etc., de carácter hereditario.
4.  Grupo de individuos que sobresalen entre los de su mismo ámbito por alguna circunstancia. Aristocracia del saber, del dinero.
 
La aristocracia es sinónimo de nobleza, entendida ésta por el DRAE en su 22ª edición, como aquel conjunto o cuerpo de los nobles de un Estado o de una región. Al miembro de la aristocracia se le llama aristócrata, y al de la nobleza se le denomina noble, por lo que se puede calificarles de preclaros o ilustres.
 
En la Grecia antigua, Platón estimaba que la aristocracia era el gobierno de los mejores; y Aristóteles la consideraba como aquel sistema de gobierno en el que el poder lo detentaba un número reducido de personas a los que se les atribuía ser los más calificados tanto para gobernar como para elegir a los gobernantes, y que ejercían el poder en beneficio del todo, bien directamente o detrás de bastidores.
 
Dentro de la aristocracia, el mismo pensador y filósofo identificaba la timocracia, un sistema en el que los únicos que participan en el gobierno son los que poseen determinado capital o un cierto tipo de propiedades; la plutocracia, un sistema en el que el gobierno lo ostentan quienes poseen las fuentes de riqueza; y la temocracia,  aquel sistema en el que el gobierno lo ejercen los honorables.
 
En la vieja Roma los aristócratas, entre ellos Marco Tulio Cicerón, eran denominados patricios, y estaban constituidos por los descendientes de los primeros senadores romanos y, por ello, formaban la clase social privilegiada.
 
En la edad media europea, tardó en conformarse una aristocracia porque los señores feudales ejercían el poder absoluto en sus dominios, no permitiendo que se crearan grupos distintos a los de su círculo íntimo; pero con el transcurso del tiempo, y naciendo los Estados en Europa, fue organizándose una elite aristocrática, en la que los aristócratas o nobles fueron los reyes, príncipes, duques y demás títulos que conformaban la nobleza de acuerdo a la idiosincrasia de cada país y así, p.e., aún existe el “Grande de España”, que es aquella persona que tiene el grado máximo de la nobleza española y que antiguamente podía cubrirse delante del rey si era caballero, o tomar asiento delante de la reina si era señora, y gozaba de los demás privilegios anexos a esta dignidad.
 
En las Américas, salvo la excepción de Brasil que fue un imperio durante el que creció una clase aristocrática presidida por los nobles de la Casa de Braganza, no existe una aristocracia basada en títulos nobiliarios sino más bien en su riqueza y poderío económico, a quienes suele llamárseles  aristócratas porque resaltan entre los del mismo ámbito por el dinero, calificándoseles grupalmente como “aristocracia financiera”, como es el caso de las grandes fortunas de los Estados Unidos, a quienes se les da el carácter de aristócratas a pesar de no contar con la antigüedad de las familias europeas ni poseer   distinciones  nobiliarias.
 
También existen la “aristocracia del saber” en el mundo del conocimiento y hasta la “aristocracia proletaria”, formada por los trabajadores mejor remunerados, pero nunca por títulos porque en la mayoría de los países americanos fueron abolidos a raíz de la Independencia, en el s. XIX. Los “cogollos”, “directiva” y otros calificativos similares son expresión de una clase aristocrática dentro del mismo conglomerado porque son los que allí detentan el poder y toman decisiones, lo cual pareciera normal siempre y cuando sus actuaciones sean en beneficio de su militancia o seguidores.
 
Pero el hecho de ser aristócrata no significa necesariamente que éste actúe en representación de su elitismo. Así, p. e., el rey de España es un aristócrata de la Casa de Borbón que asume su cargo por condición hereditaria, pero la monarquía constitucional o parlamentaria que allí gobierna es producto de la voluntad popular que, en comicios, elige al gobierno dentro de una democracia de partidos.
 
Distinto sería el caso si  el mismo rey tuviera todos los poderes y ejerciera el mando con predominio de la clase aristocrática, aun cuando fuera en favor de la mayoría.
 
En la diatriba política es harto frecuente que algún trasnochado izquierdista o seudoizquierdista –un “progre”, como se les dice en España- ataque políticamente a alguien que defienda políticas de libre mercado para calificarlo, sin serlo, como aristócrata o miembro de una casta, es decir, de una clase especial y que tiende a permanecer separado de los demás por razones políticas.
 
Esas acusaciones, como las imputaciones de “facista” u “oligarca”, nada tienen que ver con
el auténtico significado de aristocracia.

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