Carlos J. Sarmiento Sosa 
 
                                                                  Recuerde el alma dormida, 
avive el seso y despierte,
contemplando cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera
                                                                                                  …
                                                                                                  Jorge Manrique (1440-1479) 
 
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.–

 

Apóstoles hay y muchos. En nuestro país, innumerables compatriotas veneran la figura del doctor José Gregorio Hernández, y lo consideran un milagroso apóstol. Los cubanos ven en José Martí a un apóstol, aunque la revolución se lo haya apropiado como trofeo y símbolo. Y del apóstol Santiago, hasta en nuestros días se recorre fervorosamente el medieval camino que desde Francia por el paso de Roncesvalles llega a Pamplona para concluir en el Santuario que lleva el nombre del santo en la misma ciudad del santo. Eso sí, lo que nunca se respetó a los 12 apóstoles que se hicieron célebres durante el primer quinquenio de Carlos Andrés Pérez.

Pero me voy a referir a otro apóstol, a un apóstol de la pediatría que pude tratar y querer. El me recordaba con frecuencia que me había visto en el tránsito hacia la vida porque se enteró que mi mamá – hermana de la chica que enamoraba- daría a luz ese día; y, afanosamente, se las ingenió para estar presente en ese afortunado momento en la sala de partos de la hoy desaparecida Clínica Córdova, en Caracas. 

Y desde entonces, fue mi pediatra, como pediatra de mis hermanos, de mis primos y más primos, de Vanessa y Carla, convirtiéndose prácticamente en el médico de la familia porque hasta en los momentos de enfermedad de los abuelos, él estaba presente y su opinión era atendida por todos; y cientos de niños venezolanos, hoy adultos, pasaron por su consultorio, manteniendo siempre el mejor recuerdo de él. 

Cuando tomó la iniciativa con un grupo de médicos de fundar la Clínica Leopoldo Aguerrevere, me llamó para que le asesorara en los temas legales de la institución, y así lo hice; y luego, por años ocasionalmente me hacía consultas relacionadas con la abogacía; y yo lo molestaba con preguntas sobre la salud, respondiéndolas solícitamente y con la mejor demostración de afecto. 

Siempre de buen humor y delatando cariño, pese a que se estaba acentuando su senilidad y, por supuesto, los achaques y chocheras. Me topé con él por última vez a primeros de agosto de 2012 en el consultorio dental de Marilena. No sabía yo que él, días después, entraría en la inmortalidad, y sin que yo pudiera estar presente para darle el último adiós. 
El apóstol se llamaba Rafael Delgado Rovati.

 

 .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- 

 

El 4 de julio de 2012 me envió un mensaje telefónico: Vas al club este fin de semana? Le respondí: No podré hasta el sábado 7, seguramente nos veremos!.

El día convenido, nos encontramos en el Club Playa Azul. Estaba sensiblemente desmejorado en su aspecto físico. No obstante, su ánimo se encontraba en los altos niveles que usualmente le permitía su afable carácter. 

Como siempre, ocupó en el “Tacoa” el lugar que, cuando no iba él al club, hacía que se notara su ausencia. Marta y yo nos sentamos a su lado y en minutos se acercaron Alvaro, Eduardo, Angel, Fabio, sinceros amigos, y comenzamos a conversar animadamente. 

El departía con todos mientras recibía el afectuoso respeto de socios del club y especialmente de los empleados, a quienes siempre brindó su calidez humana. Al rato, Magally apareció con su fenomenal don de gentes derrochando amabilidad y nos unimos en una churuata a disfrutar de un ameno almuerzo rociado de un buen vino blanco para aminorar el calor caribeño. 

Sentado a su lado, él me comentó que en los días subsiguientes iría a su chequeo a Houston por corto tiempo y que me avisaría para, a su regreso, comer en su restaurant preferido de comida china, uno cercano al CSI de La Castellana. 

Días después, y cumpliendo su palabra, me envió un mensaje: Almorzaremos la semana que viene pues regreso a Caracas

Me quedé esperándolo. José Rafael Padrón Abreu se fue sin decir adiós. El no sabía que tenía una cita con Dios. 

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- 

 

Termino de leer “La conjura final”, contentiva de la entrevista que el comunicador social Javier Conde hizo al doctor Octavio Lepage, político de larga trayectoria durante seis décadas, por no decir más. Me parecieron sinceras las expresiones del entrevistado y, es más, leyendo entrelíneas capturo que valientemente quiso hacer un mea culpa por su actuación como dirigente político, ministro, legislador y hasta Presidente de la República por menguados días, gracias al golpe de estado “constitucional” que los partidos y los “Notables” dieron al ex Presidente Carlos Andrés Pérez en 1993, como narra atinadamente Mirtha Rivero en “la rebelión de los náufragos”. 

Pero eso no es lo que me hace reflexionar sobre las expresiones del doctor Lepage, que a grosso modo me gustaron, sino una referencia que él formula acerca de mi padre. Se trata de lo siguiente: 

Dice Lepage que, al ser enviado al exilio por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, por los primeros años de la década de los 50´s, llegó a Madrid, donde se encontraban residiendo en condición de exilados un grupo de venezolanos; y he ahí donde comienza diciendo que mi padre era sobrino de una dirigente acciondemocratista, Cecilia Núñez Sucre, quien efectivamente estaba alojada en nuestro apartamento madrileño; y agrega que papá vivía cómodamente con recursos económicos, dedicándose a hacer cursos de perfeccionamiento del derecho. 

A estas primeras afirmaciones, el parentesco de papá con Cecilia no era en grado de sobrino, porque ella era prima hermana de mi abuela Carmen Núñez de Sarmiento; y en segundo lugar, ciertamente, papá, en lugar de estar todos los días sentado en “Los Sótanos” de la Gran Vía, esperando que la dictadura perezjimenista se fuera a pique, se inscribió en la Escuela de Práctica Jurídica, llegando en 1956 a ser el primer alumno de su promoción, y luego optó por comenzar su doctorado en Derecho en la Complutense. Pero con respecto a la situación económica de papá, parece que el doctor Lepage no estaba bien informado para aquel momento, o como a él se le atribuye poca memoria, a lo mejor olvidó la realidad. En fin, no es un pecado lo que él ha dicho. 

Dice el doctor Lepage que visitó a papá en dos ocasiones: una, con motivo de la detención por las autoridades españolas de un venezolano que residía en Madrid; y dos, cuando el doctor Lepage consideró que papá podía facilitarle un préstamo para comprar un pasaje para salir de España rumbo a Londres.

Por la forma como lo expone el doctor Lepage, no hay duda que las dos entrevistas se llevaron a cabo porque, positivamente, abogados cercanos al régimen del generalísimo Franco cursaban con papá en la Escuela de Práctica Jurídica; y también tiene que ser cierto que la segunda entrevista fue para solicitar a papá un préstamo, y va adelante la palabra del doctor Lepage. 

A casi 60 años de esos hechos, es cuando la familia tiene conocimiento de esa prestación y nada menos que por boca de su beneficiario; pero lo que se desconoce es si el doctor Lepage lo pagó, o si alguna vez, desde sus altas posiciones políticas, al menos se lo agradeció personalmente a papá; sin embargo, por el tiempo transcurrido y la buena causa del préstamo producto de la generosidad de mi padre hacia un compatriota que sufría las mismas penas del ostracismo, el solo hecho de mencionar esa anécdota a Javier Conde constituye no sólo un sincero agradecimiento del doctor Lepage sino el pago honorífico de la deuda. 

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- 

 

En tiempos del “Monagato” en el siglo XIX se dijo: La Constitución sirve para todo; a lo que el aguerrido político y escritor Juan Vicente González perspicazmente replicó con ironía: La Constitución es un libro pequeño, amarillo, que se reforma todos los años y se viola todos los días. 

Hoy, algunos dicen: La Constitución no es para «patearla» es para acatarla, respetarla y hacerla cumplir, tanto por los gobernantes como por el pueblo; mientras que otros afirman que todo está escrito en la Constitución pero que en todo caso su interpretación corresponde al TSJ porque así lo dispuso el propio constituyente, o que hay que olvidarse del 10E porque esa es una fecha como cualquier otra. Otro, tajantemente, ha dicho: en una revolución lo que menos importa es una Constitución.

Sea como sea existe una Constitución. A los abogados se les enseñan las reglas de interpretación de la norma jurídica desde los primeros años de la carrera; y se les reitera constantemente a lo largo de sus estudios que a la Ley debe atribuírsele el sentido que aparece evidente del significado propio de las palabras, según la conexión de ellas entre sí y la intención del legislador; que cuando no hubiere disposición precisa de la Ley, se tendrán en consideración las disposiciones que regulan casos semejantes o materias análogas; y, si hubiere todavía dudas, se aplicarán los principios generales del derecho. 

Si estas son las reglas, cuando todo está claro nada ni nadie tiene que interpretar. Para hacerlo, se requeriría un motivo: Oscuridad, duda, imprecisión: En fin, una laguna o vacío por falta de previsión. O una patada constitucional. O una “Monagada”. 

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
 

Y dale que dale con el 10E, como si se acercara el fin del mundo, distinto al fracasado desenlace anunciado por los Mayas, al punto que todos los abogados ahora somos constitucionalistas y nos las damos con grandes teorías e hipótesis sobre una presumible catástrofe cuando leemos sobre la sucesión presidencial. 

Pero a los abogados les siguen de cerca los políticos, los comunicadores sociales y todo aquel que tenga algún deseo de anticipar desenlaces, hasta los que lo hacen desde la lectura de las cartas astrales o las bolas de cristal. 

Lo del 10E escrito está y nada hay que interpretar. Los hechos están sujetos al derecho contenido en la Constitución. Si el resultado es acogerse a lo que ésta dice, será maravilloso desde el punto de vista del acatamiento al sistema jurídico; si es lo contrario, pues se habrá roto el hilo constitucional, sea porque alguien diga que tiene la última palabra, o también, que algún uniformado exprese que la voluntad la tienen las armas.
Amanecerá y veremos. 

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
 

Hasta los años 60´s, más o menos, a los dictadores se les descalificaba y ridiculizaba con apodos. En Venezuela, al general Cipriano Castro se le asignaron innumerables sobrenombres: “El Invicto”, “el indio en su cuerito”, “el mono lúdico”. “el hombre de la levita gris”; al general Juan Vicente Gómez se le llamaba “el hombre de la Mulera”, “El bagre”; a los integrantes de la Junta Militar de Gobierno que derrocó a Rómulo Gallegos se les conocía como “los tres cochinitos”, por aplicación de una marca comercial de manteca comestible; y luego, a Marcos Pérez Jiménez se le llamó “Tarugo”, “Cara e´ cochino” y así otros epítetos. 

Pero resulta que con la llegada de las dictaduras sureñas y centro americanas el nombre colectivo que se les aplicó fue el de “Gorilas” y hasta se les caricaturizaba resaltando similitudes del animal africano, resultando particularmente graciosas las de Zapata, en sus Zapatazos de El Nacional. 

Resulta que esos “gorilas” eran de tendencia ultraderechista por lo que el motete venía como anillo al dedo porque despertaba animadversión inmediata; pero jamás se calificó así a la más repulsiva satrapía de las Américas: la cubana, en la persona de Fidel Castro Ruz. Al contrario, nunca osó alguien decirle ni siquiera dictador. 

No se cuál será la causa de esta diferencia. Se me ocurre pensar que una es la bobalicona conducta de las democracias liberales y sus dirigentes que, para no ser tildados de seguir tendencias conservadoras, hacen el juego a los izquierdistas en eso de la descalificación de los dictadores, a la par que lisonjean al “gorila” Castro y hasta han restituido a Cuba a la Organización de Estados Americanos, pese a que en ese país no respeta el juego democrático y menos los derechos humanos; y cuando alguno que otro asoma retos contra la democracia bajo el pretexto del poder para el pueblo y el protagonismo popular, tampoco se asume el desafío de encuadrarlo dentro del calificativo de “gorila” que, por cierto, entre las distintas acepciones que trae el DRAE, se considera como sinónimo de “individuo, casi siempre militar, que toma el poder por la fuerza”. Es para reflexionar. Parece que también ahora hay “gorilas” sin uniforme. 

 

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- 

 

La MUD, como unión temporal de partidos políticos de oposición, pareciera que está perdiendo el tiempo discutiendo o rebatiendo las posiciones que desde el lado oficial se fijan con respecto a la sucesión presidencial y a la fecha de inicio del nuevo período constitucional, o si se hace ante la AN o el TSJ, o si habrá o no elecciones en caso de falta absoluta del Presidente de la República. A mi entender, la MUD, al menos, está haciendo el juego a algunos de los voceros del oficialismo, o en el peor de los casos, haciendo el papel de tonto útil. Por qué? Porque al final se va a imponer el criterio que definitivamente fije el sector oficial, o se lo ampare la SC del TSJ. 

Entonces, la MUD lo que debería hacer es acudir a la autocrítica y comenzar por analizar las causas de las pérdidas de los dos últimos comicios, si su mensaje es claro y llega al pueblo, si la dirigencia estuvo a la altura durante los procesos, si se percibieron grietas en la unidad y, en fin, todos los posibles defectos en que pudo haberse incurrido. 

A la vez, la MUD debería estudiar a fondo las razones por las cuales el oficialismo siempre lleva las de ganar en dos aspectos: uno, en el mensaje que los dirigentes oficiales envían a sus seguidores y posibles votantes; y dos, denunciando con firmeza el ventajismo que se deriva del uso arbitrario del poder en los procesos electorales.

Dicen que se avecinan importantes convocatorias a comicios. Pues, hagan sus tareas señores de la MUD si quieren que el pueblo les ratifique confianza y acuda a cumplir con su deber electoral. 

Si hacen su tarea, la MUD ganará más adeptos? 

 

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- 
 
Aristóteles, en su Política, dio una jerarquía a sus formas de gobierno, de la mejor a la peor, así: 
 
1. Aristocracia, aquel sistema de gobierno en el que el poder lo detenta un número reducido de personas a los que se les atribuye ser los más calificados tanto para gobernar como para elegir a los gobernantes. Dentro de la aristocracia se ubican la timocracia, un sistema en el que los únicos que participan en el gobierno son los que poseen determinado capital o un cierto tipo de propiedades; la plutocracia, un sistema en el que el gobierno lo ostentan quienes poseen las fuentes de riqueza; y la temocracia, aquel sistema en el que el gobierno lo ejercen los honorables. 
 
2. Oligarquía, aquel sistema en el cual un grupo minoritario de personas, pertenecientes a una misma clase social, generalmente con gran poder e influencia (aristocrática) dirige y controla el gobierno. 
 
3. Democracia, en sus dos acepciones: En sentido estricto, una forma de gobierno, de organización del Estado, en cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad a los representantes. En sentido amplio, es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales. 
 
4. Oclocracia, aquel sistema caracterizado por el gobierno de la muchedumbre, distinto a la sofocracia, en el que el gobierno debe recaer sobre los que saben.
 
5. Monarquía, un sistema en el cual la jefatura del Estado está a cargo de una persona que ejerce sus funciones con carácter vitalicio y es designada generalmente por un orden hereditario o por un grupo selecto, o sea la monarquía electiva. 
 
6. Tiranía, en su concepción antigua en Grecia, era el régimen de poder absoluto, generalmente unipersonal, instaurado por el tirano gracias al apoyo popular, o por un golpe de estado militar o intervención extranjera, común en la antigüedad; y en su concepción moderna, la tiranía se identifica con un uso abusivo y cruel del poder político usurpado. 
 
A lo largo de los siglos, el referido concepto aristotélico se ha hecho realidad en todas partes del orbe occidental. En efecto, si a la caída de Atenas siguió el auge y esplendor de Roma, en ésta se dieron los distintos sistemas que Aristóteles había enunciado, de manera que no se trata propiamente de una evolución de determinados conceptos sobre los sistemas de gobiernos, sino que han tenido vigencia en distintas épocas. 
 
Luego del declive de Roma, los mismos modos de gobernar fueron utilizados en el mundo occidental por otros gobernantes, desde la aristocracia hasta la tiranía, incluso el mismo siglo XXI, cuando se han perfilando con mayor precisión la monarquía constitucional y la democracia, con sus altibajos de regímenes oclocráticos y tiránicos que aún se mantienen, confirmando la anacyclose o teoría cíclica de la sucesión de los sistemas políticos, desarrollada por Polibio en Historiæ, sobre el 200 A. C. 
 
A todas estas, en qué etapa del ciclo de Polibio se encuentra Venezuela?
 
Amanecerá y veremos.

Deja un comentario