En Reflexiones a los últimos de septiembre de 2013 (Reflexiones 2012-2014 aparece inserta una nota reflexiva titulada QUIERO UN PAIS DE PRIMER MUNDO.
 
Desde entonces hasta ahora han transcurrido tres largos años durante los cuales tirios y troyanos han ocupado el espacio político entre acusaciones mutuas, descalificaciones, supuestos e imaginarios diálogos y todo tipo de informaciones de lado y lado, a la deriva, sin un plan, sin posibilidad de que se salga del atolladero. Sin embargo, parece que una luz se ve al final del túnel con un proyecto promovido por la Asamblea Nacional que, con una importante y amplia participación, pretende presentar un proyecto de país, al igual que el proyecto promovido por la ONG Bloque Constitucional para la reinstitucionalización del Sistema de Justicia mediante la celebración de seis jornadas para discutir, profundizar y recoger propuestas a todo lo largo y ancho del territorio nacional.
 
Por considerarlo de interés, y con el deliberado propósito de estimular a los seres pensantes que se preocupan por el país, este escribidor, con el permiso del amable lector,  reproduce íntegramente  a continuación la reflexión que, aunque luzca lejana, tiene plena vigencia.
 
Cuando un cierto e importante número de ciudadanos está descontento con la gestión un régimen instaurado en un país del tercer mundo que lo ha llevado al borde del precipicio, existe el derecho a buscar alternativas a través de mecanismos democráticos y constitucionales para que ese sistema sea sustituido por otro que, en opinión de los disidentes, dará mayor suma de felicidad a sus habitantes.
 
Dentro de esas estrategias y coloquios, se habla de procesos de transición, de la reconstrucción institucional y su reforzamiento para garantizar la soberanía nacional, territorial, financiera y económica, la recomposición de las fuerzas armadas, de los organismos financieros, de la redención democrática y nuevas elecciones presidenciales dirigidas por un organismo confiable y transparente -no “tramparente”- que garantice los resultados electorales, de un máximo tribunal respetable integrado por magistrados rectos e imparciales. También se alude a la necesidad de implementar políticas económicas transitorias para lograr la estabilidad de las finanzas y economía nacionales, la aplicación de medidas destinadas a superar la situación de empobrecimiento y desigualdad sociales.
 
Todo eso es válido como proyecto o plan producto de mentes preocupadas que consideran una salida democrática en determinadas circunstancias. Ahora bien, esas ideas son mecanismos o procesos que forman parte de algo que debe tener un objetivo porque si se juntaran todas, probablemente podría haber un resultado que confluiría en el establecimiento de un estamento democrático y constitucional; pero pareciera que, antes, sería necesario precisar el objetivo país que se quiere, porque reestablecer un orden democrático únicamente con todas esas premisas no garantiza su permanencia e institucionalidad.
 
Que se defina con toda claridad qué es lo que se quiere. Si se desea un país de primer mundo, todas esas ideas, planteamientos, premisas serán insuficientes si no se le adicionan dos aspectos que son las que verdaderamente darán estabilidad, bonanza y felicidad a sus pobladores: los valores y la educación.
 
Determinado el objetivo, agréguense todas las ideas, procedimientos, mecanismos democráticos e institucionales, además de valores y educación y, solamente entonces, se verá la luz al final del túnel.
 
Quiero un país de primer mundo. No una republiqueta bananera.
 
Desde una visión clara de país puede planificarse un futuro promisor, aunque ni siquiera con una bola de cristal se podría determinar cuánto tiempo llevaría esa labor, dado el notorio deterioro institucional y moral que rige en el país, en medio de un debate sobre la pertinencia o no de decretar una crisis humanitaria y de una inmensurable crisis política; sin embargo, hay otros, escépticos, como Elides Rojas  quien cree que “[ … ] No hay medidas, no hay cambios. Ni habrá”;  o Carolina Jaimes Branger quien afirma que  “[ … ] llevará siglos salir del hueco donde nos hemos metido [ … ] Venezuela está muerta. Lo que tenemos ahora es una pantomima de lo que una vez fuimos y que quizás nunca volveremos a ser…”; o Guillermo Tell  Aveledo Coll cuando, ante una pregunta acerca de si la historia de Venezuela ha sido un fracaso y  sobre qué piensa de nuestro presente, contesta:
 
Es muy pronto para decirlo, pero la pretensión de ser una República democrática no ha sido cumplida, salvo en lapsos muy cortos [ … ]  hoy, no habiendo realmente sino núcleos inconexos de poder, especialmente poderes fácticos y no institucionales, con grandes capacidades económicas y de fuego, el muy básico contrato social entre la sociedad y el Estado está en entredicho. Y sin eso, sin unidad política, ¿existe Venezuela? No hay una cultura, una etnia, una «pureza» nacional que nos sirva de ancla; hay mucha mitología que compulsivamente oculta bochornos”.
 
 

Un comentario en “«El país que queremos todos»”

  1. Estimado condiscipulo, tu analisis critico de la situacion problematica que vive la Republica es acertado y expresado con la sinderesis que obliga a darte el mas sincero respaldo a tan excelentes reflexiones. Coincidimos en que nuestra mision como juristas es la de alcanzar, aunque sea a costa de nuestros contingentes intereses cotidianos, el rstanlecimiento del orden constitucional, en los terminos expresados por el constituyente en el articulo 2 de nuestra Carta Magna que define la organizacion juridico-politica de la Nacion como un Estado Democratico y Social de Derecho y de Justicia, tan violentado con las absurdideces de quienes, como bien lo dijo nuestro colega Roman Duque Corredor, han cambiado la toga de la justicia por la capucha de los verduugo. Asi que conforme con el mandato imperativo y categorico contenido en el articulo 350 ejusdem, debemos desconocer a este regimen cuyas actuaciones son evidentemente contrarias a los valores, principios y garantias, inclidos los derechos humanos, que consagra nuestra Constitucion. Sin olvidar que de acuerdo al articulo 25 de la misma, tales actuaciones infractoras de nuestra Carta Politica son ulas de nulidad absoluta, y sus autores son responsables civil, administrativa y penalmente, ya que todos estamos sujetos aella ex – art. 7 ejusdem. Asi lo aprendimos de nuestros profesosres de nuestar Alma Mater, la Casa que auyenta las sombras. Mis afectuoso saludos y un fuerte abrazo. JLPG

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