Al doctor Adán Febres Cordero, quien se desempeñara con honor y sapiencia como magistrado de la Sala Civil de la extinta Corte Suprema de Justicia.
In memoriam
 
 
 
Escapad gente tierna, 
que esta tierra está enferma, 
y no esperes mañana 
lo que no te dio ayer, 
que no hay nada que hacer. 

Toma tu mula, tu hembra y tu arreo. 
Sigue el camino del pueblo hebreo 
y busca otra luna. 
Tal vez mañana sonría la fortuna. 
Y si te toca llorar 
es mejor frente al mar. 

Si yo pudiera unirme 
a un vuelo de palomas, 
y atravesando lomas 
dejar mi pueblo atrás, 
juro por lo que fui 
que me iría de aquí… 
Joan Manuel Serrat
Pueblo blanco
 
 
De acuerdo al DRAE, la palabra exilio tiene varias acepciones: 1. m. Separación de una persona de la tierra en que vive. 2. m. Expatriación, generalmente por motivos políticos. 3. m. Efecto de estar exiliada una persona. 4. m. Lugar en que vive el exiliado. 5. m. Conjunto de personas exiliadas.
 
De esas definiciones, puede entenderse como exilio cuando una persona se va de la tierra donde vive a otros lugares, de manera voluntaria, o también cuando ha sido expatriada por razones de índole política; y de allí se afirma que exiliado lo es por el hecho de estar en el exilio, o se denomina así al lugar donde aquél vive, lo que también se aplica a las personas que en un lugar conviven en la condición de exiliados.
 
Otras definiciones, más explícitas, dicen que el exilio es el hecho de encontrarse lejos del lugar natural (ya sea ciudad o nación) debido a la expatriación, voluntaria o forzada, de un individuo mientras que alguna circunstancia, generalmente por motivos políticos, le​ deniega explícitamente el permiso para regresar por amenazas de cárcel o muerte.
El exilio puede ser externo o interno. El externo se da cuando se trata de la deportación fuera del lugar de residencia, y el exilio interno, ya sea por un forzado reasentamiento en el lugar de residencia o por verse coartada la posibilidad de actuar en el mismo a través de la prohibición de desarrollar sus actividades (generalmente literarias o artísticas) o de manifestar públicamente la disensión respecto al régimen.
 
 También se distingue entre exilio voluntario y exilio forzoso, pues el primero se corresponde con una persona que voluntariamente resuelve salir de su pueblo por determinadas razones como las que expone el trovador Serrat, o por seguridad personal, emergencia alimentaria o asistencial, mientras que en el otro el sujeto es forzado a abandonar el país por circunstancias políticas, o simplemente echado fuera de sus fronteras por parte de la autoridad, generalmente una dictadura.
 
En la historia, el exilio era una práctica común en distintas sociedades y así en Grecia antigua se utilizaba bajo la forma del ostracismo, que consistía en el destierro a que se condenaba a los ciudadanos pero no era una pena perpetua, sino temporal y la persona exiliada no perdía jamás sus derechos como ciudadano e incluso podía ser perdonado; y en Roma, también se usaba el exilio para alejar del imperio a opositores, como sucedió con Cicerón, Ovidio y Séneca, quienes sufrieron este castigo y fueron obligados a abandonar la ciudad.
 
En México, un grupo de exiliados españoles constituyeron un gobierno  luego de la guerra civil de 1936-1939; y también puede darse el caso de naciones   como Armenia de 1078 a 1375 que, tras la invasión de su territorio por tribus selyúcidas, se exilió en Cilicia formando un nuevo reino.
 
En Venezuela, el exilio fue una práctica común desde la independencia en el s. XIX, pues Bolívar y muchos de los insurgentes de 1811 sufrieron esta pena, al igual que muchos compatriotas a partir de 1830; y durante el s. XX, los dictaduras gobernantes forzaban a sus opositores a abandonar el país, o éstos simplemente optaban por alejarse de las fronteras para ponerse a salvo de persecuciones, al punto que, en 1945, el expresidente Eleazar López Contreras escribió que en Venezuela no podía haber un jefe político sin una historia de destierro, aunque él, al igual que el también expresidente Isaías Medina Angarita fueron puestos fuera de las fronteras por el gobierno surgido a raíz del derrocamiento de este último.
 
El último ostracismo del siglo pasado, hasta un decenio para algunos, ocurrió durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, como lo legó para la posteridad el bardo cumanés en 1955 al declamar en su “Canto a los hijos” que “…el hijo vil se le eterniza adentro y el hijo grande se le muere afuera”.
 
El exilio como pena fue abandonado por la República Civil con excepción de los casos de ciertos dirigentes de la ultra izquierda condenados a prisión por los tribunales , a quienes se les aplicó la Ley de Conmutación de Penas por Indulto o Extrañamiento del Territorio Nacional, para que, en lugar de pagar su deuda con la sociedad en una cárcel, pudieran hacerlo viviendo fuera de las fronteras hasta el completar el tiempo de la condena.
 

No obstante, desde comienzos del s. XXI, se viene produciendo una dispersión de venezolanos por diversos lugares del orbe, una diáspora que se calcula en una cifra cercana a 2.5 millones. Esa salida, inesperada para una mayoría que marcha con escasas pertenencias pero con maletas llenas de sueños, bien por hacerlo por su propia voluntad en busca de mejores condiciones de vida o acosadas por las condiciones político-económicas, optan por cambiar su terruño por una lejana tierra que les brinde una mejor calidad de vida y un futuro promisor para ellos y su descendencia; pero, independientemente de sus razones para desterrarse y de donde se encuentran, recuerdan con nostalgia a los seres queridos y a sus afectos, mientras que esperan con ansiedad un no lejano día para regresar cantando emocionadamente “la vuelta a la patria” para incorporarse a la ardua tarea de rescatar los valores de una destruida sociedad e iniciar la construcción de un país. Como canta el coro del grupo musical «Desorden público»:

Los que se quedan, los que se van 
 Algún día volverán… 

       

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