Nació un 21 de septiembre de 1923 en Caracas, el mismo día en que fallecía su abuela, doña Natividad Hernández, viuda de don Mariano Sosa, siendo hija de don Pedro Sosa Hernández y de Rosa Franco Santana de Sosa.
 
Los primeros años de su vida transcurrieron en el hogar paterno, en la vieja casona al lado sur del Parque Carabobo de la urbanización El Conde, vecina al colegio Santa Rosa de Lima, adonde comenzó sus primeros estudios hasta que, como era usual en la época, pasó a estudiar comercio, vale decir, una actividad distinta a los estudios universitarios porque eso no estaba hecho para las señoritas.
 
Para esa época, era costumbre de los estudiantes universitarios repasar sus lecciones en las acogedoras y apacibles plazas caraqueñas y, como el Parque Carabobo lo era, allí se congregaban jóvenes para estudiar. Entre ellos, un joven de apenas 17 años que se iniciaba en la carrera de Derecho que, como él decía, se fijó en ella desde el primer día que la vio camino al Santa Rosa, en su uniforme colegial, cuando apenas contaba 12 años.
 
Y así comenzó el “flirteo” hasta que un 11 de diciembre de 1943 contrajeron matrimonio eclesiástico en la iglesia del Corazón de Jesús, sita hoy en la avenida Universidad en el centro de la ciudad, a la altura de las avenida de las Fuerzas Armadas.
 
Ella era el alma de ese hogar. Siempre con una sonrisa a flor de labios, aplicando severidad cuando era necesario pero más como una muestra de cariño que de rigidez de carácter porque, simplemente, había que criar bien a los 5 muchachos.
 
Su beldad llamaba la atención en todas partes, particularmente en los días de su vida madrileña, donde su porte la distinguía con creces de la mujer española.
 
Su generosidad se expresaba a cada instante en que le era posible, no solamente se tratara de ayuda monetaria, sino en cualquier situación en que alguien requiriera un soporte, fuera sencillo o difícil, incluyo en apoyo moral de quien lo necesitara.
 
Con sus hijos fue excepcional madre, acompañándoles en las buenas y en las malas. Cuando el menor de sus hijos se vio afectado de una severa enfermedad, ella se convirtió en su asistente de cabecera y no se apartó de él en ningún momento, ni siquiera después de haber sido dado de alta. Además, enseñó a sus hijos a querer a sus abuelos de la misma forma que ella amaba a papá abuelo y mamá abuela.
 
Como abuela, sus nietos y nietas recibieron todo tipo de afecto y amor de manera que solamente ellos podrían describir; y en cuanto a bisnietos, hoy 12 de enero, pude leer con emoción contenida la nota póstuma de Isabella Fernández Sarmiento, la tercera bisnieta, en la cual le expresó: “Mamama, nos diste casi 90 años de felicidad a toda la familia, a mi menos, pero fueron unos años muy importantes, lindos e inolvidables que compartí contigo. Ayer, falleciste pero se que ahora me estas mirando con mucha felicidad y cariño. ¡Te quiero mucho mamama! Fuiste la mejor bisabuela del mundo! Descansa en paz con tu viejito”.
 
Como hermana, resultaba divertido verla comunicándose a diario con sus hermanas, casi encadenadas todas ellas, para saber cómo se encontraban y transmitiéndose informaciones, dimes y diretes sin intención de ofender a alguien.
 
Con sus amistades, fue incondicional, particularmente con aquellas que dieron en Madrid, y de las que surgieron de los frecuentes viajes de ella acompañándolo a él a congresos internacionales.
 
Previsiva, aunque espontánea a la vez, acorde con su personalidad, un buen día tomó su automóvil y se marchó al Cementerio del Este a consultar los programas que se ofrecían para la cremación de los difuntos y, a continuación, sobre el reverso de dos copias de su cédula de identidad, escribió a sus hijos diciéndoles que, a su fallecimiento, su cuerpo fuera incinerado y sus cenizas colocadas al lado del  sepulcro de su amor eterno, finalizando con un simpático “Gracias” y un “¿OK?”, como diciendo: “Me entendieron?”; y, de la misma forma, seleccionó las elegantes prendas de dormir que guardó cuidadosamente para el momento de su último sueño, girando instrucciones al respecto a su hija Marisela Sarmiento de Cuevas.
 
Pero un día de 2003, sorpresivamente tuvo que ser intervenida quirúrgicamente. Su única condición que puso al neurocirujano: ¡No me dejes en una silla de ruedas!
 
Lamentablemente, había anticipado o visualizado su status post operatorio.
 
A raíz de ese momento, su vida cambió pues ya no pudo valerse más por sí misma pero, a pesar de las dificultades de motricidad y de la expresión hablada, no perdió su buen humor y menos su tierna sonrisa pues su intelecto le permitía percibir lo que acontecía a su alrededor, al punto que en más de una oportunidad hasta hizo uso del derecho a votar en algunas de las muchas elecciones celebradas en Venezuela desde que el Presidente Chávez retomó el poder de manos de “Pedro el breve”, por allá en el año 2002.
 
Con el tiempo, y con la acumulación de años, su fortaleza física se fue minando y poco a poco consumiendo su humanidad. La dificultad para hablar, la falta de motricidad que la condenaba a la silla de ruedas, hacían mella diariamente en su cuerpo; y resulta que inesperadamente el 10 de enero, mientras los venezolanos debatían sobre la juramentación de un Presidente ausente, ella calladamente hizo mutis por el foro y, en paz con la humanidad, se fue a encontrar con su amado, allá en el más allá, en la patria celestial, de quien se encontraba separada desde un 12 de noviembre de 1996.
 
Ella era mi madre, mi adorada madre, y se llamaba Rosa Natividad Sosa Franco, la Nena, Rosita, Mamama. El que la esperaba, su amado esposo, mi querido padre, José Gabriel Sarmiento Núñez.
 
Están en la gloria porque hicieron el bien durante su tránsito por la vida. Los que de ellos descendemos, los tenemos en nuestros corazones.
 
 
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
 
No haremos alianzas con la burguesía”, dicen machaconamente  funcionarios de ciertos gobiernos iberoamericanos como que si estuvieran desafiando al libre mercado; pero con esa locución no se trata de activar una innovación ideológica, sino simplemente de la repetición de frases que fueron pronunciadas en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y en sus satélites de Europa Oriental hasta que, gracias a Mihail Gorbachov, en 1990 se derrumbó todo el andamiaje que sostenía a una ineficiente y fracasada economía socialista, reconstituyéndose en distintas Repúblicas con una economía de mercado que hoy compite a nivel mundial, mientras algunas naciones como Polonia, Rumania, Hungría y la República Checa se han encaminado a la Unión Europea.
 
En la República Popular China, desde 1948 Mao Tse Tung y sus secuaces hicieron alardes de su política marxista hundiendo a su pueblo en la más profunda de las miserias -la Gran Hambruna, por ejemplo entre 1958 y 1961- para, de esta forma, lograr la dominación de la población china, y con frecuencia alardeaban de no hacer alianzas con la burguesía; pero en 1978 el Partido Comunista aprobó el programa de reformas económicas llamado «Socialismo con características chinas» y entraron en la fase de países en desarrollo y hoy en día el coloso asiático es la segunda economía del mundo.
 
Vietnam,  la patria Ho Chi Minh, víctima de una cruenta guerra que convirtió a su pueblo en una nación miserable, al finalizar la conflagración bélica se afilió al comunismo y, durante ese tiempo sus dirigentes insistían en que jamás harían alianzas con la burguesía, pero en 1986 los vietnamitas cambiaron  formalmente la programación económica marxista y se comenzaron a introducir elementos de mercado como parte de un amplio paquete de reformas económicas llamadas Doi Moi («Renovación»). Por supuesto, para ello los dos países tuvieron que aceptar que requerían de una alianza con el capital internacional, que no es otra cosa que comprometerse con la burguesía.
 
Gracias a esas políticas agresivas dentro del mercado libre, en China y Vietnam millones de ciudadanos han salido de la pobreza, al igual que está sucediendo en otros países asiáticos como la gigante India y el minúsculo Singapur pero, además de compartir la creación de riqueza con el capital privado, han hecho énfasis en la educación, que se ha convertido en la primera prioridad en Asia al punto que se ha permitido el funcionamiento de universidades del primer mundo en ambos países -están prohibidas en América Latina, o al menos no pueden otorgar diplomas conforme a las leyes locales- así como la implementación de programas de becas conocido como “internacionalización de la educación” para facilitar el estudio de los nativos en los Estados Unidos y Europa, tal como lo ilustra  Andrés Oppenheimer en su reciente obra, “Basta de historias!” (Editorial DEBATE, undécima reimpresión, mayo 2012).
 
Por eso, suena a retórica barata el que los dirigentes en algunos países latinoamericanos sigan repitiendo que sus gobiernos no pactarán con la burguesía,  porque simplemente lo que están haciendo es retrotraer aún más a sus pueblos a etapas de atraso y subdesarrollo. Por supuesto, eso es una forma de dominación para que ciertas oligarquías políticas se mantengan en el poder. Eso sí, pactan con aquellos que gracias a esas políticas restrictivas, han creado nuevos grupos económicos afectos a sus intereses.
 
Y si a todo esto le agregan la explotación de los sentimientos religiosos mediante la “santificación” de su líder, es probable que se tenga un resultado que aparenta ser perfecto: el control de la sociedad.
 
El resultado se anticipa: La sumisión. Como dice César Landaeta, la sumisión aceptada tiene sus ventajas. Por ejemplo, no hacerse responsable de nada. Claro…el pueblo sumiso vive peor que un animal, pero no es su culpa. Del otro lado, el controlador asume todos los derechos y ventajas, repartiéndolas a su antojo y entretanto mantiene a los apacibles ciudadanos comiendo en la mano y disfrutando de las migajas que caen de la mesa donde se celebra el banquete.
 
Pero…la historia se repite aunque sus autores sean otros y algún día lo que se creía perfecto, resultará que era toda una plataforma de utilería y se vendrá abajo.
 
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
 
Redundando sobre el tema educativo, pareciera que en los países latinoamericanos los estudiantes lo que hacen es perder el tiempo. Es lógico que quieran tiempo libre para actividades deportivas, sociales y de cualquier otro tipo de sano esparcimiento, aparte del que invierten en la adquisición de aparatos de telecomunicación electrónica y musicales.
 
Pero lo que es inadmisible es que, comparando con otros países del orbe se observen diferencias insalvables en materia educativa. Así, por ejemplo, en Japón el año escolar tiene 243 días y 230 en Korea del Sur, mientras que en Holanda y los Estados Unidos cuentan con 200 y 180, respetivamente; y en América Latina el promedio es de 160 días, entre vacaciones, “puentes” y huelgas magisteriales.
 
Si estas políticas no se revierten en el continente americano situado al sur de los Estados Unidos, mediante la pertinente infraestructura, la formación de docentes y mayor exigencia al educando, el resultado será el incremento de las desigualdades sociales y el surgimiento y mantenimiento de ineficientes gobiernos populistas porque, sin educación, no habrá progreso porque quien carece de formación no puede crecer como ser humano.
 
A educarse latinoamericanos!. De no hacerlo, el continente de Colón al sur del río Grande, de tanto orgullo para sus habitantes, quedará a la zaga cual vulgar tercer mundo. O cuarto.
 
 
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
 
 
Y tu que te creías el rey de todo el mundo, y tu que nunca fuiste capaz de perdonar, y cruel y despiadado de todo te reías, hoy imploras cariño aunque sea por piedad…”.
 
Así dice la famosa ranchera “Fallaste corazón” que popularizó el cantor mexicano Miguel Aceves Mejía.
 
Si se analiza aun superficialmente esa frase, es fácil deducir que pone en evidencia lo que significa la soberbia.
 
La soberbia, o vanagloria, es, para el cristianismo, un pecado capital, es decir, aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal, como lo definía santo Tomás de Aquino; y es tan grave este pecado que el cristianismo ha postulado temibles consecuencias para aquellos que los cometan, como un tormento eterno en el infierno, en vez de la posible absolución a través de la penitencia en el purgatorio.
 
Contra la soberbia, la Iglesia católica reconoce la humildad, la característica que define a una persona modesta, alguien que no se cree mejor o más importante que los demás en ningún aspecto; contra la soberbia, humildad!
 
En la literatura, durante el Medioevo no sólo se personificaron alegóricamente a los pecados capitales, entre ellos la soberbia, sino que desde los púlpitos los sacerdotes cristianos la denunciaban en sus sermones, como aún en estos tiempos la denuncian e imploran humildad para sus feligreses; y en los tiempos modernos, para John Milton la soberbia es cometida por Lucifer al querer igualarse a Dios.
 
Genéricamente,  la soberbia equivale a la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar, alcanzar o superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un status elevado y subvalorizar al contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás. También se puede tomar la soberbia en cosas vanas y vacías (vanidad) y en la opinión de uno mismo exaltada a un nivel crítico y desmesurado (prepotencia).
 
La soberbia se manifiesta en muchas situaciones, pero una en la cual tiende a adquirir notoriedad es en la función pública, concretamente, en el ejercicio del poder. En efecto, se ve con frecuencia que una persona a quien se consideraba de trato normal, al asumir sus funciones, comienza a maltratar  a los demás o adopta poses inusuales, seguramente se contagió de esa mal conocido como “mareo de altura”; y si por mala suerte se trata de alguien que cae inmediatamente en la tentación de la corrupción, pronto se le verá haciendo ostentación de la riqueza y mostrando su desprecio hacia los demás.
 
Como contrapartida, el soberbio recibe la ojeriza de sus congéneres y las críticas que naturalmente surgen ante ese vicio y, algún día, humillado por quienes antes le alabaron, se le reclamará que rinda cuentas de sus tropelías, si es que antes no es llamado a hacerlo ante el Juez Celestial.
 
Ojalá el soberbio pudiera aceptar cristianamente la humildad y reconociera sus errores mediante el perdón. De lo contrario, no irá a sentarse a la diestra de El Señor. Probablemente lo recibirán eufóricamente sus símiles a las puertas del ígneo escenario descrito por Dante en la “Divina Comedia”, donde conseguirá alojamiento en alguna de las más ardientes Bolgias.
 
La “quinta paila”, en lenguaje popular.
 
 
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- 
 
 
Existe la creencia de que en los sistemas autoritarios y arbitrarios florecen con más facilidad en aquellos países donde su población es mayormente analfabeta y, como ejemplo de ello, se muestran a los países árabes, los africanos y los hispanoamericanos.
 
No cabe duda de que la falta de educación -o de cultura, que es lo mismo- sazonada con elementos de dominación como el control religioso, facilita que una masa analfabeta sea pasto de la dominación, sobre todo si se la mantiene en la miseria o en condiciones económicas que la obliguen a aceptar, como solución de sus males, la sumisión a una voluntad de hierro aunque sea autoritaria o despótica; pero resulta que históricamente pueblos a los que se supone cultos, o con alto índice de alfabetismo, como el alemán hace unos 70 años, fue objeto de una feroz tiranía que condujo a la segunda guerra mundial, el nazismo; o más recientemente otro caso es el del pueblo argentino que aún venera la figura de Eva Duarte y mantiene en el poder a odiosas figuras que dicen representar las populistas y obsoletas ideas de Juan Domingo Perón, aunque sólo para incrementar sus personales patrimonios y de sus áulicos.
 
Entonces, no solamente el analfabetismo y la miseria, acompañadas de la religión, facilitan la dominación de un pueblo.
 
Debe haber otra razón.    
 
 
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
 
 
En días recientes, entre guardaespaldas y “guardanalgas”, un individuo dedicado a hacer la política a su estilo acusó a los congéneres que le adversan de carecer de cojones. Sí, cojones, como se lee, porque el debate político venezolano ha caído en un infecto tremedal producto del lenguaje burdelero –mix de burdel y cuartel- y de guapetón de barrio que algunos “ y que” dirigentes muestran en sus presentaciones públicas haciendo creer que el que el ganapán que más grite e insulte, es el que tiene la razón, o más valía. O más macho, atreviéndose a desafiar aquel refrán castellano: ¡dime de qué te alabas y diré
de qué careces
!
 
No obstante, la insolencia de la expresión lleva a una pregunta:
 
¿No será que un sujeto que se exprese de esa manera carece de suficiente testosterona y está proyectando su privación hacia los demás?
 
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
 
 
Con frecuencia se observan ciertos comentarios en las redes sociales que tratan de descalificar el pensamiento expresado por alguien, con o sin razón, a través de la emisión de calificativos denigrantes o frases despectivas, en lugar de responder con seriedad o, simplemente, con un humilde y sincero rechazo. A lo mejor desconocen que el respeto al
derecho ajeno es la paz
como decía Benito Juárez.
 
Una de las descalificaciones más repetidas son aquellas que tratan de vilipendiar al comentarista calificándolo de homosexual o haciendo referencia a sedicentes  prácticas homosexuales entre personas del sexo masculino; e igual sucedió durante la campaña electoral que finalizó en 7-10, cuando al candidato opositor se le desmerecía su hombría en lugar de atacarlo en sus ideas.
 
Puede pensarse que esas descalificaciones son producidas por sujetos que solamente cuentan con una computadora y que, al carecer de elementales ideas, no les queda otra opción  que expresarse por la vía del desprestigio.
 
Pero puede ser que la situación sea distinta y que se trate de individuos que, además de poseer la comunicación electrónica sufren de conductas enfermizas y, en esos casos, lo aconsejable sería que esos especímenes consultaran con profesionales de la psicología porque quién sabe si, en lo más recóndito de sus corazones -o de sus cerebros- yace inconscientemente una conducta homosexual reprimida, de manera que el psicólogo los podría ayudar en el tránsito desde la oscuridad del closet  a la claridad de la sociedad.
 
 
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
 

Carl Schmitt fue un ius publicista y filósofo del derecho, catedrático universitario de tendencia conservadora, adscrito a la escuela del llamado Realismo político, lo mismo que a la teoría del orden jurídico, llegando a ser uno de los principales ideólogos del Movimiento Revolucionario Conservador de Alemania. 

Schmitt escribió centrado en el conflicto social como objeto de estudio de la ciencia política y la guerra. Su obra atraviesa los avatares políticos de su país y de Europa a lo largo del siglo XX.

Durante el nazismo, adhirió al partido nacionalsocialista y ejerció diversos cargos bajo el régimen nazi entre 1933 y 1936; sin embargo, al ser considerado como un advenedizo por las SS, quedó fuera del primer plano de la vida pública, pero fue tan fuerte su relación con el status que fue conocido como el  «Kronjurist» del Tercer Reich.

Al quedar rendida Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial, las naciones aliadas vencedoras dieron curso a los  Juicios de Nüremberg  un conjunto de procesos judiciales ante un tribunal internacional independiente que determinara y sancionara las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores de Hitler en los crímenes y abusos contra la Humanidad cometidos en nombre del III Reich a partir de septiembre de 1939 hasta la solución final en mayo de 1945.

Schmitt, pese a su cercana relación con los vencidos, no fue llevado a Nüremberg, donde algunos de los capitostes del nazismo fueron condenados a muerte 0 a largas y solitarias penas de privación de libertad. Según Ingo Müller en “Los juristas del horror” la inteligencia norteamericana se encargó de negociar con Schmitt la inmunidad a cambio de la información que supuestamente poseía de sus copartidarios y, pronto, regresó a su cátedra universitaria.  Mas hubo de transcurrir un período de casi treinta años para que sus méritos como profesor fueran reconocidos a través de un Libro Homenaje.

Divulgar los hechos resaltantes de la vida de un excelso jurista que se arrastró a los pies de uno de los regímenes más aborrecibles y criminales que ha padecido la humanidad hasta llegar a ser delator de sus congéneres, es una labor de profilaxis. Por eso es tan delicada la labor del jurista, que tiene ser aferrada a la ley y no a la voluntad de los mandones de turno.

Deja un comentario