A mi primo Alberto Sarmiento Colmenares, empresario y  gremialista integral. Hijo de Eliseo Sarmiento Núñez y Rosarito Colmenares Pacheco y, a la vez, como quien esto escribe, nieto del general Eliseo Sarmiento Candiales y de Carmen Núñez Mayz, y bisnieto de José Gabriel Núñez Romberg y Carmen Mayz Otero.

In memoriam.

BRASIL
Y LOS ACUERDOS DE “DELACION PREMIADA”

El tema de la corrupción en Brasil está a la luz del día desde hace un tiempo, acusándose a funcionarios gubernamentales y de la gran empresa petrolera de estar incursos en numerosos delitos relacionados con la sustracción o apropiación de los dineros públicos, lo que ha obligado a fiscales y jueces a tener que mostrar su independencia judicial para enjuiciar a algunos de los indiciados que han sido privados de su libertad gracias a que, entre los mismos individuos acusados, han surgido imputaciones de unos contra otros cuando han accedido a firmar acuerdos de “delación premiada” con el fin de obtener beneficios en sus respectivas condenas.

Pues bien, según un reporte del diario Folha de Sao Paulo, el presidente de una de las constructoras contratistas de Petrobras -hoy preso por corrupción- acusó a José Dirceu, el otrora hombre fuerte del ex Presidente Lula da Silva, de haber usado su empresa de consultoría para recibir dinero desviado de la petrolera estatal, percibiendo un 2% del valor de los contratos que la contratista firmaba con Petrobras.

Dentro de ese plan de colaboración con las autoridades, los empresarios detenidos han relatado que Dirceu se contactaba con ellos y ofrecía sus servicios sin mencionar la red ilegal, pero su oferta era interpretada como una forma de coacción, por lo que contrataban sus servicios por temor a que de no hacerlo sus negocios con Petrobras se vieran perjudicados.

Como se observa, cuando hay investigaciones imparciales en un país que cuenta con un Poder Judicial independiente, se pueden establecer mecanismos que favorezcan el endurecimiento de acciones contra la corrupción, como bien puede ser la figura utilizada por los brasileños, la “delación premiada”, pues ella ha permitido abrir la caja de pandora y descubrir la inmensa red de delincuencia de cuello blanco que ha girado alrededor de grandes negocios.

Paradójicamente, Dirceu cumple prisión domiciliaria tras haber sido condenado a 10 años de cárcel por comandar una red de pago de sobornos mensuales a legisladores a cambio de que respaldaran al Ejecutivo durante el primer gobierno de Lula. “Delación premiada” o “tramparencia” judicial?

LA
TRAICIÓN DE LAS ÉLITES

En PRODAVINCI ha sido publicado un artículo del escritor mexicano JORGE VOLPI, con igual título al que encabeza esta reflexión, en el cual el afamado escritor trata un tema muy controversial, cual es la conducta que han asumido ciertos líderes democráticos cuando, al asumir el poder, se consideran depositarios de la verdad y piden a sus electores plena confianza a sus gestiones de gobierno sin derecho a interpelación, alegando para ello que si su origen deviene de la voluntad popular, merecen confianza plena y no deben ser discutidas sus actuaciones. Magistralmente,  VOLPI lo resume así: 

confíen a ciegas en nosotros, porque fueron ustedes, sí, ustedes, quienes nos llevaron al poder. Y no nos cuestionen”.

Por supuesto que el mensaje no sería criticable si no fuera porque en muchos casos, mientras aquellos pronuncian estas palabras y las repiten machaconamente, a la vez se encargan sacar ventajas en su propio beneficio, en vez de facilitarlo hacia quienes los eligieron, pues, como afirma VOLPI, “[…] mientras en teoría se enfocan a resolver los grandes problemas nacionales, por lo bajo evaden impuestos o se enriquecen gracias a una red de componendas y favores cobrados. La distancia entre lo privado y lo público no existe para ellos: son funcionarios y a la vez gestores de sus propios negocios. Con un ojo miran el interés general y con el otro vigilan su patrimonio. A los más cínicos sólo les preocupa lo segundo. A fin de cuentas no durarán para siempre en sus cargos y han de asegurarse los recursos necesarios para financiarse en el futuro […]”.

La preocupación que expresa el aludido escritor es que, a raíz del triunfo de la democracia liberal y del capitalismo a partir de la última década del s. XX, se ha dado la circunstancia a lo largo y ancho del planeta, de que líderes democráticos, desde el momento en que conocieron los resultados de las urnas de votación, “[…] se dedicaron al pillaje o la evasión de impuestos, o bien a tomar decisiones intempestivas o caprichosas sin jamás preocuparse por rendir cuentas de sus actos”.

Luego de enumerar hechos de corrupción en distintos países y de citar los paraísos fiscales más utilizados para el lavado de dinero, VOLPI concluye en lo siguiente:

Uno de los mayores déficits de nuestras relucientes democracias consiste en no haber sabido trabar los mecanismos para frenar la ambición y la avaricia de nuestras élites. En no haber sabido crear instrumentos para moderar su torpeza o desvelar sus mentiras. En consentirles una alarmante impunidad”.

Este escribidor suscribe íntegramente lo narrado por VOLPI; pero se va a permitir agregar algunas ideas.

Es cierto que élites democráticas han traicionado a sus electores provocando el repudio de éstos al punto de hacerlos mirar hacia populistas vendedores de ilusiones que, a la larga, han resultado en un fiasco, en una crisis peor que la que existía.

Entonces, ¿qué hacer? Pues la única posibilidad que le queda a los pueblos que han sido engañados por políticos de pacotilla es fortalecer las instituciones de sus respectivos Estados con miras a hacerlas eficientes porque el problema radica en los hombres que ejercer la política, no en las instituciones de un Estado. Si los políticos, la élite, o la “casta” como la mientan los fariseos de Podemos, siguen tan campantes como si no hubieran incurrido en garrafales errores contra sus pueblos, es evidente que el resultado será altamente perjudicial y el país de que se trate puede caer en las manos de los vendedores de ilusiones, los falsos profetas.

Siendo esto así, la única forma de enfrentar a la traición de las élites no será echando por la borda las instituciones, sino hacerlas más fuertes y confiables; y, para ello, se necesita fundamentalmente, además de la voluntad política, de jueces y magistrados imparciales e independientes que, a la luz de los expedientes sepan administrar justicia sin mirar a quién.

Ciertamente, como lo ha narrado este escribidor en anterior oportunidad, en lo que coincide también con VOLPI, solamente un puñado de políticos corruptos han sido sometidos a la justicia a lo largo del orbe, pero es esperanzador -y un ejemplo a seguir- el que en España un conjunto de antiguos funcionarios de la Generalitat y los jefes de la llamada red Gürtel hayan sido procesados en lo que será el primer gran juicio a la trama de corrupción masiva que colonizó numerosas instituciones gobernadas por el PP.

Igual ha acontecido en Brasil, con la “delación premiada” tratada en otra reflexión.

Pero, si no se procede de esa manera sino que se ampara o se alcahuetea la corrupción política interviniendo en los procesos judiciales y absolviendo a los autores de delitos de esa naturaleza con el solo objetivo de detentar el poder -o para evadir a la justicia internacional- los pueblos, descreídos, empezarán a mirar hacia otros horizontes en busca de falsos mesías y vendedores de ilusiones que, en lugar de acercarlos a buen puerto, los hundirán por generaciones en la cuarta zona del noveno círculo del “Inferno” de Dante Alighieri.

EL NUEVO AUTORITARISMO O LA NUEVA DICTADURA

Cuando se habla de autoritarismo -y más específicamente de dictadura-la gente piensa
al instante en los sátrapas que han azotado a su país y/o a la región circunvecina. Así, a la mente de los venezolanos vienen las retorcidas imágenes de Marcos Pérez Jiménez, Juan Vicente Gómez, Cipriano Castro, en Venezuela; y de Rojas Pinilla, Perón, Velasco Alvarado, Bordaberry, Videla, Pinochet, los hermanos Castro, “Chapita” Trujillo, Somoza, Duvalier, Fujimori., para terminar con el generalísimo Francisco Franco, en la madre patria. Seres abominables, despiadados genocidas que privaron a sus respectivos pueblos de los más elementales DDHH mediante el uso de la represión, la tortura, el genocidio, la limitación de todas las libertades ante la mirada impasible de la comunidad internacional!.

Por supuesto, se omite deliberadamente al Supremo Dictador/ Presidente Vitalicio del Perú, el general Simón Bolívar, quien ejerció su gobierno absoluto en el período 1824–1827, a la par que se había erigido como Presidente vitalicio de Bolivia -su “hija predilecta”- entre agosto y diciembre de 1825; y no se le cita entre los autócratas porque en el cerebro de los habitantes de los países bolivarianos se ha labrado, como en dura roca, la imposibilidad de que El Libertador incurriera en alguna mala acción a lo largo de su brillante carrera que lo pudiera hacer descender de los altares adonde lo elevara el “catire” Páez en 1842.

Pero independientemente de esa acotación, lo importante es que hoy en día los dictadores no son como los de ayer, ni se asemejan en forma alguna a alguno de ellos, porque han surgido nuevos paradigmas para implantar la autocracia y hasta aplaudirla y considerarla como la democracia ideal, incluso si se trata de una dictadura, como han demostrado dos profesores de prestigio internacional, Sergei Guriev y Daniel Treisman, en un trabajo de investigación titulado “The new authoritarianism”, publicado el 21 de marzo pasado en el portal VOX  CEPR’s Policy Portal y que ha llegado a las manos de este escribidor a través de PRODAVINCI.

De acuerdo a esta investigación, en décadas recientes han surgido nuevos tipos de autoritarismo que parecen mejor adaptados a un mundo de fronteras abiertas, a los medios globales y a las economías basadas en el conocimiento. Desde el Perú de Alberto Fujimori hasta la Hungría de Viktor Orban -dicen Guriev y Treisman- los regímenes han logrado consolidar el poder sin cercar sus países ni recurrir a los asesinatos en masa. Algunos regímenes militares sangrientos y estados totalitarios siguen existiendo, como Siria y Corea del Norte, pero la balanza se ha inclinado hacia otro lado.

Para ello, continúan los articulistas, las nuevas autocracias a menudo simulan la democracia, la celebración de las elecciones en las que los funcionarios casi siempre son reelectos, el soborno y la censura a la prensa privada en lugar de acabar con ella y la sustitución de las ideologías políticas integrales por un resentimiento amorfo hacia Occidente. Sus líderes a menudo disfrutan de verdadera popularidad, al menos después de eliminar a cualquier rival plausible. La propaganda del Estado tiene como objetivo no “gestionar almas humanas“, sino aumentar la popularidad del dictador. Los opositores políticos son acosados y difamados, acusados de delitos inventados y animados a emigrar, en lugar de ser asesinados en masa.

Guriev y Treisman agotan el tema con conclusiones apropiadas para los aspectos económicos internacionales y de relaciones globales que, por la especialidad, escapan a esta reflexión; pero lo que han dejado en  claro es que, en estos tiempos del s. XXI y bajo la bella máscara de la democracia,  puede esconderse la más temible de las dictaduras.

Un comentario en “REFLEXIONES A PRIMEROS DE ABRIL 2015”

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