A las víctimas de la intolerable violencia terrorista, venga de donde venga. In memoriam.
 
EL VERDADERO PROBLEMA
 El verdadero problema que afecta a Venezuela es que está sumergida en una sociedad hecha añicos por su profunda crisis ética y moral, una sociedad donde la gran mayoría tiene un bagaje cultural que es un coctel de ignorancia, resentimiento y perversidad, adosado a una constante práctica pro delictiva llamada “viveza criolla” que confunde con inteligencia”.
 
Esta viñeta fue publicada o “colgada” recientemente en las redes sociales, concretamente en Facebook.
 
Quizá los expertos en ciencias sociales tengan una respuesta profesional a ese contenido, pero cualquiera puede entender lo que textualmente se expresa como una ofensa, o como un acierto.
 
Para este escribidor, el país está en una profunda crisis ética y moral que se remonta a 1810 -sí, usted está leyendo bien- y que se incrementó a inicios del socialismo del S. XXI, cuando el Presidente Hugo Chávez dio luz verde a la delincuencia al pretender darle sustento al “hurto famélico”, pues desde entonces -más de tres lustros- el hampa ha venido haciendo de las suyas por toda la geografía nacional y más allá de las fronteras.
 
El que en un barrio de cualquier ciudad venezolana un adolescente aspire a convertirse en “malandro” o el que un joven de familia de cómoda posición económica se transforme en “bolichico” utilizando indebidos sobreprecios en negocios con el Estado, o un oportunista al servicio del oficialismo, un “boliburgués”, se haga de riqueza súbita a través de suculentas comisiones, sobre precios y cuanta marramucia sea posible, no tiene nada de extraño dentro de un ambiente en el que se han degradado los principios y donde se destacan la “viveza criolla”, el “pajarobravismo” el “consígueme una vainita”, o “tírame algo” como modus vivendi.. ·y revela que “algo huele mal en Dinamarca”, frase con la que en la vida política se designan las cosas que no marchan bien en un país por causa de la corrupción.
 
Esto revela que Venezuela enfrenta un gran déficit cultural y social; y ello solamente podría ser saneado mediante la difusión de los valores, de las reglas y de los comportamientos de una sociedad organizada en la que prive el imperio de la ley y el respeto al derecho ajeno, en la que se acepte que el trabajo enaltece y que es una virtud que honra y prima por encima de torticeros medios para hacerse de riqueza fácil. Con razón Carolina Jaimes Branger (http://elestimulo.com/blog/las-cosas-por-su-nombre-ladrones/http://elestimulo.com/blog/las-cosas-por-su-nombre-ladrones/)  ha dicho:
 
“[…] Si los venezolanos no cambiamos, poco podemos esperar de los resultados de un referendo revocatorio […] de una enmienda, una asamblea constituyente o una eventual renuncia”.
 
Ese es el verdadero problema. Si no cambiamos de actitud, reconocemos los errores cometidos y aprendemos a comportarnos cívicamente, cualquier esfuerzo para salir adelante fracasará y prolongará ad infinitum la agonía de un Estado malandro -Boris Muñoz (http://prodavinci.com/blogs/ante-el-desmoronamiento-por-boris-munoz-2/), dixit–  con desgraciadas consecuencias.   
 
DESCONTENTO, AGOTAMIENTO Y DESCONFIANZA
 
El sociólogo Laureano Márquez (@laureanomar), con el fino humor que le caracteriza, ha dicho: 
 
Aquí tiene que estar pasando algo: un experimento extraterrestre, un ensayo de la CIA sobre la destrucción de la humanidad, unas emanaciones radiactivas que pasaron desapercibidas o  unos aliens que nos colonizaron. Dejémonos de vainas, ningún país se “autosuicida” de esta manera (para usar la expresión que llevó a CAP a decir: “¡Caramba, cada vez me parezco más a Cayito!”). Somos la nación en la que se dan cita las peores cifras del planeta Tierra: la inflación más alta, la inseguridad más alta, la corrupción más alta, la peor economía del mundo”.
 
El párrafo anterior narra una crisis nacional que merece ser atendida porque, como sostiene la psicólogo social Mireya Lozada (http://www.larazon.net/2016/03/15/mireya-lozada-la-sociedad-esta-atomizada-fragmentada-en-pedazos/) “La población dice basta porque ya es hora de trabajar todos por Venezuela. Dice basta porque no consigue comida, no consigue medicinas, demanda soluciones y no se le escucha, porque vota y no se respeta su voluntad expresada en las elecciones, porque está agotada de vivir con miedo a la inseguridad y en medio de la angustia, de la rabia, del desamparo, de la incertidumbre y de la impotencia; porque está cansada también de la polarización y de ese pleito entre los actores políticos. Creo que los gobernantes están abusando de la capacidad de aguante de la población venezolana y no respetan ni escuchan su clamor de buscar soluciones y alternativas democráticas y pacíficas a la crisis económica y social que
enfrenta el país
”.
 
El 6 de diciembre de 2015 la gran mayoría de los venezolanos se pronunció por un cambio al dar el voto a la oposición en rechazo a las ominosas y erradas políticas que se aplican desde comienzos del siglo y que han producido eso que Boris Muñoz califica como Estado malandro (http://prodavinci.com/blogs/ante-el-desmoronamiento-por-boris-munoz-2/), pero esos votantes no dieron un cheque en blanco a los políticos opositores, sino un mandato para que éstos comenzaran la transformación hacia mejores condiciones de vida, porque eso es lo que afecta hoy a millones de hogares.  
 
Han transcurrido apenas 90 días desde la instalación de la Asamblea Nacional y, durante ese tiempo, los diputados se han afanado en la elaboración de importantes proyectos de leyes pero paralelamente la inseguridad personal, aunada a la inflación y la escasez cabalgan sobre el caballo de Atila, con sus altos y bajos, pero creando un convulsionado y confuso ambiente que promueve el desasosiego, el agotamiento y la desconfianza.
 
Cómo aliviar esos estados anímicos -aliviar porque solucionar no es posible cuando el sartén lo tiene el gobierno agarrado por el mango- implica una tarea titánica de parte de la oposición, porque los dirigentes políticos tendrían que acercarse a sus electores para conversar con ellos, conocer y sentir sus necesidades y, a la vez, explicar los enormes problemas existentes y pedir el apoyo que necesitan para la gran tarea de la transformación desde el Poder Legislativo, a sabiendas de que las formas de comunicación a través de los medios están bloqueadas, pero quedan las redes sociales, como forma de transmitir los adecuados mensajes.
 
Un amigo, Héctor Hereter Latouche, preocupado por Venezuela, comentó a este escribidor que “[…] durante la revolución en Irán de 1979 el Ayatola Jomeini no se quedó cómodamente en su casa de París quejándose que el Shá, con un sistema represivo aún más fuerte que el de Venezuela, acaparara el espectro mediático y puso en marcha una guerra de guerrillas que aún hoy los comunicadores del  mundo estudian, conocida como la “revolución del Cassette”, permitiéndole llegar a todos los estratos de la sociedad iraní”.
 
Solamente así, acercándose directamente a los votantes por cualquier medio que valga, podrá calmarse los debilitados estados de ánimo de los venezolanos porque tendrán la posibilidad de hacer una evaluación, determinar las responsabilidades, las razones del no cambio y, en fin, conocer por qué en Venezuela se dan cita las peores cifras del planeta Tierra: la inflación más alta, la inseguridad más alta, la corrupción más alta, la peor economía del mundo, como dice Laureano, con lo cual se calmaría esa imagen a la que alude Mireya Lozada de que los gobernantes están abusando de la capacidad de aguante de la población venezolana y no respetan ni escuchan su clamor de buscar soluciones y alternativas democráticas y pacíficas a la crisis económica y social que enfrenta el país.
 

DESPUÉS DE MI, EL DILUVIO…PERO…

 

Cuenta el historiador Juan Eslava Galán (La segunda guerra mundial contada para escépticos, Planeta, 2015, p. 461) que, luego de la derrota del ejército alemán en el sitio de Stalingrado, “[…] los generales son conscientes de que la guerra está perdida. Lo sensato sería pactar con los aliados un armisticio honorable, pero Hitler y sus compinches saben que eso significaría tener que responsabilizarse por las atrocidades cometidas cuando estaban seguros de que ganarían la guerra y de que sus crímenes quedarían impunes. Deciden resistir a ultranza aunque ello comporte el absurdo sacrificio del pueblo alemán, ahora preso en un sistema policial y terrorista”.

 

Y es que la suspensión de hostilidades implicaba, por supuesto, la rendición del Führer y sus secuaces, lo que evidentemente llevaba consecuencias que serían funestas para ellos, pues tendrían que asumir la responsabilidad de los crímenes de guerra por los que resultarían juzgados y condenados, lo que hizo que Hitler optara por asirse al poder aun a costa de las pérdidas de vida y materiales de la población.

 

Como se ve, el energúmeno psicópata razonó como lo hiciera el rey -Luis XV de Francia quien, refiriéndose a la suerte de su país tras las calamidades de su reinado, pronunció esta despreocupada frase: “Après moi le déluge» que en su versión castellana significa “Después de mí, el diluvio«.

 

El dilema de un gobernante acosado por su propio pueblo como consecuencia de las calamidades de sus políticas erradas al punto de que se le pida su separación del cargo, es asumir con valentía el pedido de renuncia y no continuar hundiendo en la miseria y desesperación a millones de ciudadanos porque seguramente diluviará en algún momento como dijera el monarca francés, pero la historia relata que también hay justicia, como los célebres juicios de Nüremberg, emprendidos por iniciativa de las naciones aliadas vencedoras al final de la Segunda Guerra Mundial, en los que se determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del III Reich alemán hasta su rendición el 7 de mayo de 1945.

 
ANTE LA REITERADA SUMISIÓN DEL TSJ AL PODER EJECUTIVO
 
En días pasados, el Consejo Superior Extraordinario de la Federación de Colegios de Abogados de Venezuela impuso un voto de censura a los magistrados de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (SC-TSJ), acusándolos de vulnerar la Constitución de 1999 en lugar de protegerla, como es su obligación como única autoridad estatal autorizada para interpretarla, e indicando que sus últimas decisiones adheridas al oficialismo y dirigidas a cercenar a la Asamblea Nacional (AN)  “[…] contribuyen a la destrucción del Estado Social de Derecho y de Justicia, no sólo a nivel de las instituciones y su funcionamiento, sino que crean un Estado anárquico, arbitrario, donde todo tipo de atropello es posible, causando un daño grave y masivo a la nación«.
 
Esta importante resolución fue tomada con motivo de los fallos que en las últimas semanas había dictado la SC-TSJ contra la AN, es decir, las sentencias que se referían a la validez del Decreto de Emergencia Económica y a las facultades del Poder Legislativo para interrogar a los funcionarios públicos.
 
No obstante ese tajante reclamo del gremio, al que pertenecen los magistrados a través de los respectivos Colegios de Abogados donde estén inscritos, la SC-TSJ ha hecho caso omiso al voto de censura y ha continuado sirviendo a los intereses políticos del oficialismo y  ha dictado otras decisiones que reiteran su sumisión al Poder Ejecutivo.
 
Entonces, se pregunta este escribidor si los magistrados, a pesar de ser abogados, están excluidos del cumplimiento de las normas que impone la Ley de Abogados y, en caso negativo, si están obligados a acatar el sentir de la censura que le ha sido impuesta por el Consejo Superior de los profesionales del derecho.
 
Desde el punto de vista legal, los magistrados son abogados y, por tanto, están obligados a cumplir con la ley que los rige, incluyendo a los magistrados y jueces, a quienes se les prohíbe solamente el ejercicio de la profesión mientras estén desempeñando funciones judiciales; y en la misma Ley de Abogados se prevé que las decisiones tomadas por los organismos gremiales son obligatorias para todos los abogados, sin excepción, como lo dispone el artículo 18 de su ley.
 
Por tanto, si el regaño dado por el Consejo Superior es obligatorio, ello implica que los magistrados de la SC-TSJ tienen que acatarlo y abstenerse de contribuir a la destrucción del Estado Social de Derecho y de Justicia y abstenerse de dictar decisiones similares a las cuestionadas porque crean un Estado anárquico, arbitrario, donde todo atropello es posible. 
 
A la luz de esto, resulta que la SC-TSJ ha continuado plegada al oficialismo y ha dictado nuevas decisiones como la que declaró la inconstitucionalidad de la reforma de la Ley del Banco Central de Venezuela, lo que constituye un incumplimiento a lo acordado por la Federación y, en ese caso, los Colegios de Abogados, a través de sus respectivos Tribunales Disciplinarios, a tenor de lo dispuesto en el artículo 61, están facultados para conocer de las infracciones a las resoluciones y acuerdos que dicten las Asambleas y demás órganos y organismos gremiales y  suspenderlos del ejercicio profesional conforme dice el artículo  70 literal e de Ley de Abogados.

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