A Germán Acedo Payarez, colega y amigo. In memoriam.

 

¿QUÉ ES
EL GOBIERNO?

En la 23ª edición del DRAE, se entiende, dentro de otros conceptos, que el gobierno es el órgano superior del Poder Ejecutivo de un Estado o de una comunidad política.  

Muchas han sido las definiciones -distintas a las del DRAE- que se han dado al gobierno, desde los clásicos hasta los tratadistas modernos y contemporáneos y, dentro de ellas, se pueden citar la del profesor francés Leon Duguit, para quien el “gobierno es el conjunto de órganos del Estado formado por las autoridades públicas que ejercen el poder del Estado”; y la del jurista argentino Carlos Sánchez Viamonte, quien consideraba que “el gobierno es la organización mediante la cual la voluntad del Estado es formulada, expresada y realizada”. 

Aparte de las conceptuaciones académicas, existen otras como la que propugna el prestigioso ABC madrileño, para quien “el término gobierno refiere a la conducción política de un determinado estado o a quien ejerce la misma, que puede tratarse de un presidente, un primer ministro, como es el caso de algunas monarquías, o estar encarnado en un número variable de ministros a quienes la Constitución Nacional, que es la norma fundamental con la que cuentan los Estados, confiere la función de ejercer el poder político de una determinada sociedad”.

Como se puede observar, el gobierno es distinto al Estado y se vincula a éste por el elemento del poder: es el conjunto de los órganos del Estado a través del cual se expresa el poder estatal instaurado por el orden jurídico.

Ahora bien, las formas de gobierno pueden ser distintas. Aristóteles, en la Grecia antigua, concebía seis formas, desde la monarquía hasta la oclocracia, pasando por la tiranía, la aristocracia, la oligarquía y la democracia; y en los tiempos medioevales y renacentistas se hablaba generalmente de una forma de gobierno que era la dominante, la monarquía absoluta que, paulatinamente fue dando paso a la monarquía parlamentaria; y, con el tiempo, se comenzó a clasificar de distintas maneras:

–     Por el carácter electivo de la jefatura del Estado, sea república o monarquía.
–     Por el grado de libertad, pluralismo y participación política, donde se distingue entre gobiernos democráticos, autocráticos y totalitarios, según el mayor o menor grado en el ejercicio de la discrepancia y la oposición política, o por el contrario niegan la posibilidad de disidencia, estableciendo un partido único o regímenes excepcionales como las dictaduras y las juntas militares.
–      Por el sistema electoral que se aplique al permitir la participación de la voluntad popular dando origen a democracia directa o asamblearia, o a democracia indirecta o representativa. También cuando el sufragio es limitado, dando origen a sufragio restringido por razones de edad, segregación racial, o sufragio fraudulento, cuando el resultado electoral es alterado para burlar la voluntad de los electores.
–    Por la relación existente entre la jefatura del Estado, el gobierno y el parlamento, de donde se distingue entre sistema presidencialista o sistema parlamentario.
 

Estas son, en líneas generales, las formas de gobierno que pueden regir en un Estado, con algunas variantes de acuerdo a ciertas características, porque una república puede ser democrática y también las hay no democráticas; o una democracia republicana puede ser parlamentaria o presidencialista, y una monarquía puede ser democrática y parlamentaria y también puede ser no democrática.

En conclusión, lo importante es no confundir entre gobierno y Estado, ni pensar y menos admitir que un gobierno es el dueño de un Estado. Simplemente, el gobierno es el vehículo a través del cual se expresa el Estado.

 

LA PROTECCION DEL PATRIMONIO FAMILIAR  Y EL RIESGO DE DELINQUIR  

Desde la antigua Roma se distingue entre el pater familiae, el bonus pater familiae y el mellior pater familiae. El primero, es simplemente el padre de familia; el segundo, aquel que siempre actúa en forma prudente y buscando la acción menos perjudicial; y el tercero,
aquel que se comporta más diligentemente.

Si se parte de esa clasificación, no basta con ser padre de familia, sino que todo padre debe comportante con prudencia, en cuyo caso será un buen padre de familia, o diligentemente, lo que le hará clasificar como el mejor padre de familia.

Esto significa que, sea en una u otra manera, existe una obligación fundamental de un padre que es la de velar por la familia, pero no solamente en el aspecto de cuido, formación, valores, etc, sino también en los aspectos económicos que, de alguna manera, permitan a la familia contar con recursos que le garanticen derechos adicionales como mejores estudios, vacaciones y hasta un futuro promisor como es proteger el patrimonio familiar,  no solamente cuidarlo y mantenerlo, sino ampararlo de riesgos que pueden suceder tanto por el transcurso de los años como por acciones ajenas al padre, como por políticas públicas que conlleven a una devaluación progresiva de los activos que pongan al padre de familia ante la disyuntiva de qué hacer en favor del patrimonio familiar.

Hace unas cuantas décadas, en aquellos momentos en que por primera vez Venezuela se enfrentaba a un control cambiario -el tristemente famoso viernes negro-  este escribidor tuvo oportunidad de leer los consejos de un financista húngaro-judío frente a la crisis económica generada en Hungría con posterioridad a que Hungría cayera bajo la órbita soviética del Pacto de Varsovia; y decía aquel que, ante la pérdida del valor de la moneda local, el padre de familia tenía la obligación de proteger su patrimonio refugiándose en moneda dura, pese a las severas penas que la legislación de ese país.

Ante circunstancias de ese tipo, qué debe hacer el buen padre o el mejor padre de familia: Proteger su  patrimonio familiar en moneda dura y correr el riesgo de ir a prisión en caso de transgredir las leyes que castigan los ilícitos cambiarios, o permanecer impávido ante el deterioro de su patrimonio familiar?.

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