DIÁSPORA O DISPERSIÓN MASIVA

De acuerdo al DRAE, la palabra diáspora tiene dos significados:
 
1. f. Dispersión de los judíos exiliados de su país.
2. f. Dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen.
 
La primera es la más antigua porque desde tiempos inmemoriales los judíos fueron perseguidos y en repetidas oportunidades, luego de regresar a su ansiada “Tierra prometida”, se vieron forzados a emigrar masivamente a lejanos horizontes donde rehicieron sus vidas para más tarde volver a tener que exilarse, como fue el caso de las distintas persecuciones que se hacían en toda Europa, incluyendo la iniciadas por los Reyes Católicos y la Inquisición a raíz de la toma de Granada a partir de fines del s. XV, los progromos en Rusia imperial y otros países europeos en el s. XIX  y, por supuesto, las últimas del s. XX en la URSS y sus satélites sometidos al sanguinario Stalin y en la Alemania nazi del sicópata genocida que auspició el Holocausto.
 
La segunda, la dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen ha sido común a lo largo del camino recorrido por el hombre, pero lo más particular es que se ha producido bajo los regímenes comunistas. En efecto, con posterioridad al triunfo de la revolución bolchevique, se estima que entre 900 mil y 2 millones de personas -rusos blancos, definitivamente anticomunistas- se marcharon fuera de su país en el período 1917-1920 mientras que otros solamente consiguieron hacerlo en los 20´s y 30´s o se tuvieron que exiliar forzados por el gobierno soviético. Para 1917, la población rusa alcanzaba aproximadamente a 184 millones de habitantes.
 
Con posterioridad a la segunda guerra mundial, y como consecuencia de la sanguinaria dictadura de Stalin y sus secuaces, se produjo otra ola de emigración desde la URSS hacia todos los rincones de occidente.
 
En las Américas, el más conocido movimiento masivo de personas fue el cubano, a partir de 1959: cuando el castro comunismo se quitó la careta democrática para entregarse en los brazos de la URSS, más de 1 millón abandonaron su patria cuando la población era cercana a 6 millones de habitantes.
 
Pero el trofeo que detentaba Cuba ha pasado a Venezuela. En 2014, el Estudio de la Comunidad Venezolana en el Exterior, realizado por la Universidad Central de Venezuela, el Observatorio Hannah Arendt, la Fondation Maison des Sciences de l’Homme y la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Francia, determinó que 1.5 millones de personas, sobre una población superior a 30.41 millones, se convirtieron en migrantes y, entre los que se van, abundan los graduados con licenciaturas, postgrados, doctorados y postdoctorados: El 90% posee preparación universitaria y la mayoría busca trabajos acordes a ese nivel y experiencia.
 
¿La diáspora, en cualquiera de sus dos acepciones, es voluntaria o determinadas condiciones de vida la impone? Para este escribidor, es el derecho de las personas a tomar sus propias decisiones, a buscar mejores condiciones de vida y a vivir en libertad.
 
 

ENTRE BATALLAS,  LA GUERRA ECONÓMICA CONTINÚA

 
Este escribidor insiste en que la guerra económica existe. Uno se defiende y otro ataca. El libre mercado y la economía dirigida frente a frente, dos sistemas irreconciliables que no admiten espacio para el diálogo porque pelean por vencer el uno al otro, sin que los que los dirigen puedan hacer nada, pese a todos los esfuerzos.
 
Son las leyes del mercado, que no responden a instrucciones de sargentones, ni de fiscales y mujiquitas de los organismos controladores que se abalanzan sobre las empresas para regular los precios, hacer inspecciones o fijar el destino de los productos mientras que al mismo tiempo un ejército de bachaqueros y “hormigas” se desparrama a lo largo de toda la geografía nacional para acaparar los productos básicos y provocar la
escasez.
 
Esta guerra va mucho más allá: El hombre nace libre y, cuando es sometido, o se hacen tentativas para coartarlo, sus deseos de libertad se exacerban porque la esclavitud, y hasta el más sensible límite a su derechos libertarios, le empujan apasionadamente a buscar los espacios abiertos, sin más limitaciones que aquellas que impone la vida en sociedad, donde los gobiernos no tienen más rol que el de mantener objetivamente el equilibrio de los derechos entre quienes voluntariamente han suscrito un pacto social.  
 
Este escribidor repite: El libre mercado ganará la guerra económica porque se sustenta en la libertad, aunque la otra vocifere que se fundamenta en el
bienestar de los menos favorecidos!
 
 
EL FRACASO DEL
MERCOSUR
 
Un ministro de Economía de Uruguay, Ignacio De Posadas, ha dicho que “el Mercosur ha fracasado” por lo que, según él, su país debe buscar otros mecanismos de apertura económica al margen del bloque regional; y sus apreciaciones de producen a raíz de que previamente Dilma Rousseff y Tabaré Vázquez, enviaran un mensaje a sus socios del MERCOSUR y demandaran al bloque una mayor libertad para avanzar en acuerdos comerciales con otros países.
 
Piensa este escribidor que el ex alto cargo no fue al meollo del asunto y por consiguiente se quedó corto.
 
El fracaso del proyecto comunitario sureño deviene pura y simplemente porque los países miembros erradamente incorporaron el factor político, y los intereses derivados de él, dentro de un organismo multilateral que esencialmente técnico.
 
En efecto, en la DECLARACION PRESIDENCIAL SOBRE COMPROMISO DEMOCRATICO EN EL MERCOSUR aprobada en la X Cumbre de Presidentes del MERCOSUR del 25 de Junio de 1996, celebrada en San Luis. Argentina, se dijo que  la plena vigencia de las instituciones democráticas era condición indispensable para la existencia y desarrollo del MERCOSUR, para lo cual  los firmantes –para entonces Argentina, Brasil. Paraguay y Uruguay, acordaron:
 
1.- La plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para la cooperación en el ámbito del Tratado de Asunción, sus Protocolos y demás actos subsidiarios.
 
2.- Toda alteración del orden democrático constituye un obstáculo inaceptable para
la continuidad del proceso de integración en curso respecto al Estado miembro afectado.
 
3.- Las Partes consultarán inmediatamente entre sí, en la forma que estimen apropiada, en caso de ruptura o amenaza de ruptura del orden democrático en un Estado miembro. Las Partes procederán igualmente, de forma coordinada, a efectuar consultas con el referido Estado miembro.
 
4.- En caso de que las consultas previstas en el parágrafo anterior resulten infructuosas, las Partes considerarán la aplicación de las medidas pertinentes. Las medidas podrán abarcar desde la suspensión del derecho de participación en los foros del MERCOSUR hasta la suspensión de los derechos y obligaciones emergentes de las normas del MERCOSUR y de acuerdos celebrados entre cada una de las Partes y el Estado donde haya ocurrido la ruptura del orden democrático.
 
5.- Las Partes deberán incluir una cláusula de afirmación del compromiso con los principios democráticos en los acuerdos del MERCOSUR con otros países o grupo de países.
 
Sin embargo, cuando este escribidor mira la situación actual del MERCOSUR, se consigue con un estado de cosas que dista mucho de aquella declaración, debido fundamentalmente a la aplicación de triquiñuelas, de prácticas de picapleitos, o de rezagos de la vieja política, al momento de aceptar el ingreso de nuevos miembros e, incluso, el archivo casi absoluto de la propia declaración de San Luis  cuando ni siquiera se ha verificado si, en los Estados miembros, se dan las condiciones de sistemas democráticos. Todo ello simple y llanamente por las conveniencias políticas y/o económicas del momento.
 
El gran penalista de Pisa, Francesco Carrara dijo un día: «En cualquier tiempo, cuando la política entra por las puertas del templo, la justicia huye despavorida por la ventana para volver al cielo«.
 
El MERCOSUR no es un santuario de la justicia, pero sus ejecutores deben ser tan
técnicos en sus decisiones como un magistrado o un juez en sus sentencias. Al contaminarse con la política, sus funciones se desvanecen.
 
 

DE LA UNIVERSITAS A LA UNIVERSIDAD

 
Una reciente resolución oficial, denominada el “dakazo” académico según el link http://www.talcualdigital.com/Nota/116162/El-Dakazo-Academico, pretende alterar las reglas del sistema universitario venezolano con miras a democratizar el ingreso a las universidades y profundizar la enseñanza del socialismo.
 
Ante tan paradójica decisión que, como el nombre que le ha sido dado ya revela su
bajeza intelectual y moral, este escribidor consideró necesario navegar por los ilimitados caminos de internet en búsqueda de alguna información que le dijera si la propuesta oficialista tiene algún sentido histórico o si, por el contrario, es producto de una supina ignorancia -vale decir, de negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse- o del resentimiento social -es decir, tener sentimiento, pesar o enojo por algo- de sus promotores.
 
Para ello fue de mucha utilidad el portal http://personal.us.es/alporu/historia/universitas_termino.htm porque la UNIVERSITAS o la UNIVERSIDAD es, como dice el himno de la UCV, “[…] casa que vence las sombra con su lumbre de fiel claridad […] ”  y no un cuartel conducido por vociferantes milicianos y menos un lupanar como insinuara recientemente una alto cargo.
Veamos.
 
En la Baja Edad Media se produjeron hechos que marcaron una novedad: la aparición de la universidad, con el fin de formar a los jóvenes en las profesiones «clericales», la teología, el Derecho y la Medicina, como facultades mayores; como facultad menor la de artes o filosofía (base de toda sabiduría posible según los griegos). Eran instituciones de la cristiandad: se reconocían por una bula papal, su lengua era el latín y los saberes que enseñaban estaban articulados sobre la concepción católica del mundo y del hombre. Sus métodos de razonamiento y discusión eran escolásticos.
 
Con el transcurso del tiempo, entendida la Universidad como generadora del saber,
se le atribuyó el carácter de «Alma Mater» en el sentido de transformar al hombre por obra de la ciencia y el saber; y la palabra «Universidad» derivada del latín UNIVERSITAS, comenzó a emplearse en el latín medieval para designar cualquier comunidad o corporación considerada en su aspecto colectivo. Cuando se usaba en su sentido moderno de la época denotaba un cuerpo dedicado a la enseñanza y a la educación que requería la adicción de un complemento para redondear su significado, como UNIVERSITAS MAGISTRORUM ET SCHOLARIUM o STUDIUM o STUDIUM GENERALE hasta el Renacimiento.
 
Durante siglos, y pese a las monarquías absolutistas de otros tiempos, las Universidades tuvieron un papel preponderante en la difusión del conocimiento. Centros de esa naturaleza fueron creados, como Universitas Studii Salmanticensis, la más antigua de España, y la cuarta de Europa, tras las de Bolonia, Oxford y París
 
Los papas y los reyes tuvieron sumo interés en la creación y protección de estos nuevos entes. Les concedieron privilegios y jurisdicción propia, exactamente igual que si se tratase de ciudades y municipios.
 
Eran política y administrativamente independientes de la ciudad en que estaban (normalmente a las afueras) y aunque surgían frecuentemente graves problemas en sus relaciones con las autoridades locales tanto civiles como eclesiásticas, que querían tenerlas bajo su dominio.
 
No era raro incluso que se mudasen de ciudad cuando estaban descontentos. La
Universidad de Cambridge nació como disgregación de la de Oxford, a causa del descontento de un grupo de estudiantes, que emigraron; y la Universidad de París, por ejemplo, prototipo junto con Bolonia de la Universidad medieval, era una unidad jurídica formada por cuatro facultades: tres superiores (Teología, Derecho canónico, Medicina) y una inferior, la de Artes, subdividida en cuatro naciones, que comprendían tanto a profesores como a alumnos.  
 
Con esto se fue introduciendo el concepto de autonomía universitaria, es decir, en sus dos aspectos: la autonomía propia del poder del saber y la ciencia que la faculta para fijarse sus propias normas y métodos y los límites de su propia expansión y propósitos. Por otra parte, la autonomía de la ciencia y el saber, como tales, tienen una función social que cumplir, para lo que necesitan un espacio jurídico. Aquí se da la regulación del estado y ese perenne enfrentamiento que en todos los siglos se ha dado entre la autonomía, del saber y de autogobierno, con el poder religioso, con las monarquías absolutistas y con las dictaduras de todo signo.
 
En las sociedades democráticas y desarrolladas, la universidad se desenvuelve en
esa doble autonomía, sin cortapisas ni limitaciones y dentro de la mayor libertad de cátedra, existiendo centros del conocimiento que están a la altura de lo que fueron las universidades europeas medioevales y que, incluso, marcan la pauta a través del conocimiento que sus egresados esparcen a los cuatro vientos.    
 
No obstante, los autócratas y dictadores, siempre actuando al acecho, han pretendido enmudecer a la Universidad acabando con la calidad y la excelencia académicas, porque las consideran como las luces que conducen a la libertad a través del saber; y para eso, basta un “dakazo”.
 
En un artículo titulado “Asesinando presente y futuro”, publicado por Carolina Jaimes Branger en El Universal, de Caracas, decía:
 
“Jamás aceptaré como «normal» que en Venezuela se asesine por cualquier razón”; y agregaba: “No, no me acostumbro. No, no me resigno. No quiero, ni puedo. Jamás aceptaré como «normal» que en Venezuela se asesine por cualquier razón, hasta por sinrazones”.
 
La distinguida columnista se refería al asesinato como práctica usual de la delincuencia en Venezuela, y sus conceptos lo comparte este escribidor; pero habría que agregar que con la decisión oficialista sobre el control de los cupos de acceso a las universidades se está contribuyendo a incrementar la eliminación física de las personas pues, en lugar de educar y sembrar el conocimiento, lo que se persigue es mantener a la población en la oscuridad para lograr su dominación mediante la ignorancia.

 

 

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