A José Rosario Gómez Istúriz, entrañable tío,  a quien desde mi infancia mis padres me enseñaron a querer, allá por los años 50´s. José, como cariñosamente lo llamábamos en la familia, fue abogado de profesión y se desempeñó como Secretario del Consejo Judicial en los primeros años de la República Civil para luego pasar a la Inspectoría de Tribunales del Consejo de la Judicatura en su función de preservar la transparencia del sistema judicial, lo que cumplió devotamente hasta la fecha de su merecida jubilación. Con amabilidad y sencillez, siempre hizo el bien, fue un hombre bueno. In memoriam.
 

EL JUEZ ANTONIN SCALIA

 

Los medios dan cuenta del fallecimiento del juez Antonin Scalia, quien formara parte de la Corte Suprema de Estados Unidos, máxima instancia de las polémicas legales y políticas de toda índole en la gran nación del norte.

 

La importancia del hecho biológico de la muerte de tan conocido personaje radica en que el juez Scalia fue una influyente voz conservadora, de lo que dejó constancia en importantes sentencias de las que fue ponente, como el fallo Distrito de Columbia vs. Heller, que derogó las restricciones al porte de armas y en otra en la que sostuvo que la Segunda Enmienda consagraba la tenencia de armas en EE.UU. como un derecho constitucional.

 

Por otro lado, nunca ocultó sus desacuerdos como en los casos recientes sobre el matrimonio gay y la constitucionalidad de la reforma de la salud del presidente Obama, sirvieron como grito de guerra para los conservadores en el país.

 

Como dice @AlfredoCepero, Director de www.lanuevanacion.com en SCALIA: LA MUERTE DE UN GIGANTE,  “Este hombre no pedía disculpas por sus posiciones conservadoras. Se propuso, y en gran medida lo logró, poner freno a la tendencia de la Corte Suprema presidida por Earl Warren de usurpar los poderes del Congreso legislando desde sus cargos vitalicios y sin rendir cuentas a la ciudadanía […] un gigante de la jurisprudencia americana y nuestro campeón más formidable en esta lucha entre el materialismo y el espiritualismo que amenaza con desmembrar a la sociedad norteamericana. Un católico que vivió su fe y actuó en concordancia con sus principios. Una versión contemporánea del «paterfamilias romano» de la cultura de sus antepasados, de la cual Scalía se sentía orgulloso  […] “.

 

Las posturas jurídicas de Scalia pueden ser objeto de críticas y también se puede disentir de ellas; pero lo que nunca podrá decirse es que el fallecido juez fue un empírico leguleyo capeado de toga y birrete, ni malabarista en la argumentación al genuflexo servicio del mandatario de turno pues, precisamente, uno de sus objetivos fue devolver al Congreso norteamericano las facultades que unilateralmente venía usurpando la Corte Suprema. Su independencia judicial lo distinguió de seudo magistrados de otros países que sufren de esa extraña enfermedad conocida como agorafobia y que, para ellos, lucir  una toga equivale al mejor disfraz de carnaval.

 

Así como el dicho “muerto el rey, viva el rey” servía para despedir al soberano y honrar la monarquía, vale la pena una alegoría por Scalia: “Muerto el juez, viva la Justicia” (http://informe21.com/blog/ricardo-trotti/muerto-el-juez-viva-la-justicia).

 

SI QUEREMOS EVOLUCIONAR…

El tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, el amiguismo, la malversación de fondos públicos, el nepotismo, la impunidad y otras manifestaciones delicuenciales han existido en este lugar que el gran Almirante de la mar océano, en su tercer viaje al nuevo continente, llamó “Tierra de gracia”. De hecho, esos vicios nos devienen de esa tradición que nos han legado la cultura y civilización occidentales venidas a las Américas en las carabelas de Cristóbal Colón  para fundirse en un todo indisoluble con los elementos indígena y africano.

Todos esos vicios se evidenciaron desde el momento mismo de la colonización, al punto que fue necesario implantar el juicio de residencia que, desde el siglo XVI hasta 1812, que se aplicaba a los virreyes y demás funcionarios que cesaban en sus cargos en la América española, a los que quedaban ellos sometidos una vez que dejaban los cargos, y obligados a permanecer en el lugar sin poder abandonarlo hasta que la audiencia se pronunciara.

Con la llegada de los movimientos independistas en las Américas no cesaron los vicios. Al contrario, el Libertador Simón Bolívar dictó un decreto en el cual se preveía la pena capital contra los corruptos; y a partir de 1830, en lugar de disminuir, las corruptelas fueron en aumento, especialmente durante los gobiernos dictatoriales de los hermanos Monagas como lo relata Pedro Núñez de Cáceres (Memorias” y del “ilustre americano” Antonio Guzmán Blanco, cuyas pillerías eran públicas y sin sonrojo de su parte. Solamente se nota un período de mediana sanidad bajo la Presidencia de Manuel Felipe de Tovar, tan pulcro que, a pesar de haber puesto sus bienes en fideicomiso para separarlos de su patrimonio, ante la debacle que presentaban las rencillas internas entre el militarismo, optó por renunciar sin cumplir con su mandato presidencial y marcharse a París.

En el s. XX no se quedan atrás los vicios. Las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez consideraban que el país era propiedad de los mandatarios y sus amigos -los enchufados de hoy-; y en 1945 y en 1958 se utilizaron organismos ad hoc como el Jurado de Responsabilidad Administrativa y la Comisión contra el enriquecimiento ilícito, que resultaron peor remedio que la enfermedad, al punto que años después se inventaron los  juzgados penales con competencia para conocer de los delitos contra el patrimonio público, con una inútil alzada que llevaba el pomposo nombre de Tribunal Superior de Salvaguarda del Patrimonio Público, célebre por el famoso caso del “chino de Recadi”, caso único de condena por corrupción.

Ante el estado general de corrupción que se producía en Venezuela bajo la Presidencia de Jaime Lusinchi, quedaron grabadas para la posteridad las sarcásticas frases de un político, Gonzalo Barrios: “[…] los venezolanos no somos suizos […]” y “[…] en Venezuela no hay razones para no robar”; y posteriormente Arturo Uslar Pietri, esa especie de voz de la  conciencia ciudadana de los últimos 40 años del siglo XX, fue entrevistado en un programa televisivo en 1989, en pleno apogeo de la corrupción y, sin más, dijo:

Si usted decide meterse a peculador o ladrón, el riesgo de ir a prisión es mínimo. Aquí nadie sufre con meterse a pícaro porque no hay castigo para eso”. De seguidas, aclaró que el venezolano en su mayoría es honesto, “…aunque serlo no le signifique alguna recompensa, y no faltará desde luego alguien que le diga: Caramba, ese hombre sí es honesto. Pero lo más seguro es que le declaren más bien pendejo”.

Durante el quinquenio Caldera II, Venezuela se adhirió a la Convención Americana contra la corrupción y, desde entonces, se han dictado leyes para enfrentar el flagelo, sin que la coerción hiciera efecto porque -volvemos al hecho notorio- desde entonces hasta el presente -17 años del socialismo del s. XXI- se han multiplicado los hechos relacionados con la corrupción, como los mencionados en el encabezamiento de esta reflexión, muy al contrario de lo expuesto por el Presidente Nicolás Maduro:

Jamás la corrupción será revolucionaria, todo corrupto es contrarrevolucionario, jamás la revolución será socialista, al contrario, todo corrupto lo que es tremendo capitalista, lo que está buscando es la ganancia a costa de la vida del pueblo”..

Ante tal estado de perversión, se intenta promover un proyecto de ley en el que se incluye el proceso para la recuperación para el país de los dineros producto de la corrupción y del lavado de dinero, en el cual este escribidor ha puesto su grano de arena; pero si todas esas iniciativas no van acompañadas al menos de campaña de rescate de los valores, que devuelvan al ciudadano los conceptos de trabajo, de honestidad, de respeto, poco se va a avanzar, pues un cambio de conductas se impone. El “póngame donde haiga”, la holgazanería, el hurto famélico, el “enchufe”, la riqueza fácil y veloz, no puede continuar, si es que queremos evolucionar hacia mejores horizontes.

Quizás comenzar con la enseñanza de las Tablas de Moisés sería un gran paso.

 
DEMASIADA MISERIA HUMANA
 
En los días previos a las elecciones parlamentarias venezolanas, el presidente Nicolás Maduro acusó al alcalde del municipio Sucre, del estado Miranda, Carlos Ocariz, en estos términos: «Abandonaste el cargo Ocariz, no tienes justificación, tu sabes muy bien el apoyo que te hemos dado para la situación que estás enfrentando, y cómo has pagado ese apoyo, conspirando desde Miami, Ocariz viene con los planes de Miami a poner plata aquí y allá«; y además acusó al alcalde de usar los recursos del municipios «para pagar bandas
delincuenciales
«.
 
El acusado alcalde ripostó de forma lacónica y por demás plena de sentimientos:
 
«Lastimosamente las veces que he salido del país han sido para internarme en un hospital, día y noche, ya que mi hijo de 12 años tiene leucemia. Con la ayuda de la ciencia, Dios y de nuestro José Gregorio, saldremos adelante y pronto mi hijo estará sano entre nosotros«.
 
El asunto radica en que el menor hijo del alcalde sufre de una grave afección la cual le es tratada en un hospital de Miami, y el presidente Maduro, a sabiendas de ello, optó por inventar la patraña antes señalada, pensando quizás que tamaña acusación incidiría en el resultado electoral de diputados del Estado Miranda.
 
Ataques de esa naturaleza revelan simplemente miseria humana, bajos sentimientos y ausencia total de solidaridad en momentos en los que los seres humanos, hasta en crueles guerras, hacen un espacio para mostrar solidaridad.
 
Pero el asunto no hubiera pasado a mayores si, a dos escasos meses de aquel infortunado pronunciamiento, el ahora diputado oficialista Jaua no hubiera solicitado a la Asamblea Nacional que investigue al alcalde Ocariz por viajar a Miami a visitar a su hijo enfermo.
 
Sobran comentarios.
 
AL QUE A UNO LE DA DE COMER, NUNCA SU MANO DEBES MORDER
 
El dicho que antecede enseña que, ante todo, el ser humano tiene que ser agradecido y, por tanto, no debe traicionar a quien le ha favorecido. Por el contrario, el  ingrato olvida los favores y ayudas que ha recibido en el pasado.   
 
Este escribidor trae a colación el citado refrán con motivo de una información pública relativa a que los gobernantes de los 15 estados miembros de la Comunidad del Caribe (Caricom) reafirmaron su apoyo al mantenimiento y la preservación de la soberanía de Guyana y su integridad territorial en la disputa fronteriza de ese país con Venezuela por el territorio de Esequibo, un área de 160.000 kms2 y rica en recursos naturales, que representa2/3 partes de Guyana.
 
La posición de los países integrantes del Caricom no tendría la significación que pretende dar ese escribidor si no fuera porque esos países recibieron ayuda económica y financiera de Venezuela desde el mismo momento en que comenzó la llamada revolución bolivariana a gobernar, cuando el extinto presidente Hugo Chávez dio luz verde a la iniciativa de Petrocaribe bajo el lema “Energía para la unión”, para lo que se tomó en consideraciòn “[…] la considerable importancia estratégica que tiene la comunidad caribeña, debido a su ubicación geográfica y su importante legado histórico […] Además de la idea de rescatar los lazos de hermandad que nos unen a nuestros hermanos caribeños […]”  (http://www.petrocaribe.org/index.php?tpl=interface.sp/design/union/readmenu-ante2.tpl.html&newsid_obj_id=640&newsid_temas=36).
 
Y menos aún tendría justificación cuando los países de CARICOM adeudan millones de dólares USA por el suministro del crudo venezolano a precios justos y con facilidades de pago, como se lee en el portal de Petrocaribe.
 
Pero siendo un hecho indubitable la reacción caribeña de apoyar a Guyana frente a las reclamaciones territoriales venezolanas, es evidente que el CARICOM ha violado la máxima y mordido la mano de quien le dio de comer.
 
EL MUNDO ANDA AL REVÉS, O VENEZUELA ANDA AL
REVÉS?
 
Eso pareciera deducirse de la información que da cuenta en la red de que los políticos opositores venezolanos Leopoldo López y Antonio Ledezma fueron galardonados hoy con un premio a la defensa de los DDHH otorgado por la organización no gubernamental UN Watch.
 
Y piensa este escribidor que es Venezuela la que anda al revés porque mantiene bajo privación de libertad a dos dirigentes políticos opositores, Leopoldo López condenado a 13 años y 9 meses de prisión en una cárcel militar por una justicia de rodillas que sirve de instrumento o brazo castigador del Ejecutivo Nacional; y el otro, Antonio Ledezma, privado de su libertad en su casa por razones de edad, acusado por una Fiscalía que comparte los mismos méritos que la justicia y que, de continuar el proceso, con toda seguridad resultará culpable.
 
De allí que el mundo no anda al revés, sino en la vía correcta al reconocer a estos personajes la defensa de los DDHH personificada en la ilegal e inconstitucional privación de su libertad personal. Por cierto, también ambos dirigentes  han recibido el premio Libertad Cortes de Cádiz 2015 que compartirán con la lideresa política María Corina Machado.
 
La justicia tarda, pero llega. Y eso lo saben los carceleros.

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