La guerra económica existe

 

Sin ánimo de polemizar, pero sí de instruir, toca reflexionar sobre un tema de actualidad en Venezuela: La guerra económica.

 

El hombre nace libre y, cuando es sometido o se hacen tentativas para coartarlo, sus deseos de libertad se exacerban porque la esclavitud, y hasta el más sensible límite a su derechos libertarios, le empujan apasionadamente a buscar los espacios abiertos, sin más limitaciones que aquellas que impone la vida en sociedad, donde los gobiernos no tienen más rol que el de mantener el equilibrio de los derechos entre quienes voluntariamente han suscrito un pacto social. Por supuesto, hombre libre es aquel que no se vende por las migajas que caen de la mesa del poderoso ni va tras vendedores de ilusiones y de baratijas en busca de vanas esperanzas.

 

Pues bien, esos conceptos son aplicables cuando se habla de economía libre y de economía dirigida y de allí que, en efecto, cuando ambas formas de considerar la economía se enfrentan, se desarrolla una guerra económica, simple y llanamente, porque es el enfrentamiento entre dos sistemas irreconciliables que no admiten espacios para el diálogo: La economía libre de mercado y la economía dirigida.

 

Para que funcione el primero, debe existir el ambiente adecuado, que no es otro que una democracia donde exista una institucionalidad con equilibrio de poderes y que garantice  a seguridad jurídica. Donde cada uno pueda dedicarse libremente a la actividad económica de su preferencia sin más limitaciones que las establecidas por las leyes.

 

El espacio requerido por la economía dirigida es el de un sistema donde el poder esté concentrado en una sola persona o grupo y, desde allí, se programe y controle toda la actividad de las instituciones, sin independencia de poderes y con distintas limitaciones a la libertad, y que el ciudadano no pueda hacer lo que quiera sin el permiso del jefe único.

 

Como son totalmente opuestos, cuando se enfrentan ambos, habrá siempre una conflagración. Ahora bien, ese enfrentamiento puede ser largo o corto, según las circunstancias. La Unión Soviética lo mantuvo por más de 70 años, a fuerza de sangre, sudor y lágrimas, para dar paso a una sociedad capitalista al 100% al punto que Vladimir Putin, el otrora jefe absoluto de la tenebrosa y temida KGB comunista, le disputa el título  de hombre más poderoso del mundo a Barack Obama, a la par que Moscú ha sido en los días que corren la capital mundial de la belleza femenina que patrocina el archicapitalista Donald Trump.

 

Los países de la llamada “Cortina de hierro” también compartieron los sufrimientos de la economía dirigida hasta la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, y volvieron sus pasos hacia Occidente para integrarse a la Unión Europea.

 

China ha dejado atrás los horrores de la Gran Marcha de la década de los 40´s y de las hambrunas decretadas por Mao en los 60´s para convertirse, en 20 años en la segunda economía capitalista del orbe. Vietnam ha olvidado la sangre derramada en sus peleas contra Francia y Estados Unidos y se ha abierto a la globalización.

 

El escenario en esos países fue de permanente conflicto entre los dos sistemas pero en cada uno de ellos triunfó la economía de mercado, aunque lograrlo les tomó varios decenios gracias a las sanguinarias políticas represivas y totalitarias utilizadas rigurosamente. De hecho, las excepciones son Korea del Norte y Cuba, que aún continúan sojuzgando a la economía libre.

 

La moraleja es que se sabe que la economía de mercado ganará la guerra económica porque se sustenta en la libertad, pero se ignora el momento en que ello ocurrirá.

 

Como dice el adagio castellano: Al final de los años mil, volverán las aguas al carril.

 
 

La historia se repite

 

En el diario La Publicidad, de Granada, España, en su edición de 23 de enero de 1936, seis meses antes del inicio de esa cruel guerra civil que tantas cicatrices indelebles ha dejado, un editorial expresaba:

 

«Oyendo a los líderes de los partidos en sus discursos o leyendo sus escritos y manifiestos se llega a la plena evidencia de que actualmente ninguno de ellos tiene una visión clara y cabal, ni ha hecho un estudio concienzudo de la situación social y económica de nuestro país, a la vista de la historia y de la evolución de las ideas y sistemas en el mundo. Vivimos en plena epilepsia política gesticulante. Esto parece un país de simios y posesos«. (El colapso de la República, de Stanley G. Payne, 4a. edición, 2005. La Esfera de los Libros S. L.).

 

Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo los puentes pero, a  estas alturas a fines de 2013, pareciera que los políticos de distintas ideologías siguen aferrados a los vicios denunciados en aquel tiempo y que coadyuvaron a que la democracia desapareciera por más de tres décadas en la patria de Cervantes.

 

No hace falta profundizar y menos explicar. Ya lo decía Albert Camus: «La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas«.

 

Si pierden, arrebatan… Porque es su naturaleza

 

Para febrero de 1936, una alianza de partidos de izquierda con el Partido Comunista Español a la cabeza constituyeron, durante la República Española, el “Frente popular” con el fin de presentarse a unas elecciones legislativas. El resultado fue favorable a esa coalición por un delgado y discutido margen  que le daba una exigua mayoría parlamentaria, pues había localidades que requerían de la revisión de las actas de los escrutinios.

 

El “Frente popular”, ante la posibilidad de que algunos de los diputados proclamados resultaran anulados, lo que les haría perder escaños en las Cortes, promovió una serie de desmanes y alteraciones del orden público, manejando las actas electorales a su leal saber y entender, al punto que el célebre escritor e historiador Salvador de Madariaga expone los hechos así:

 

Conquistada…la mayoría fue fácil hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el Frente Popular eligió una Comisión de Actas y ésta procedió de manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsó de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba de una ciega pasión sectaria; se trataba de un plan deliberado y de gran envergadura. Se perseguían dos fines: hacer de la Cámara una convención, aplastar a la oposición y asegurar el grupo menos exaltado del Frente Popular» (El colapso de la República, de Stanley G. Payne, 4a. edición, 2005. La Esfera de los Libros S. L.).

 

Aún en el siglo XXI quienes comparten las ideas del “Frente popular” mantienen sus mismas políticas. Es su naturaleza cuando pierden, y entonces arrebatan aun para hacerse una mayoría por pírrica que sea, incluso valiéndose de la compra de conciencias.

 
 

Saqueo = Pillaje

 

Un asesor de opinión dijo acertadamente el 9 de noviembre que “el saqueo es un acto ilegal y primitivo”.

 

Pareciera que la frase hay que acomodarla, pues realmente es a la inversa: es primitivo e ilegal; y es primitivo porque se trata de una acción irresponsable de las masas que, ante ciertos acontecimientos, arremeten con violencia contra la propiedad privada con el objeto de despojarla de sus bienes e ilegalmente apropiarse de ellos, sea para su uso o consumo, sea para su posterior venta a precios viles y fuera de mercado con el objeto de obtener una rápida ganancia.

 

Ante ello, las autoridades están en la obligación de evitar el atentado contra la propiedad privada y mantener el orden público. Sin embargo, la historia cuenta que en la antigüedad algunos pueblos se dedicaban al pillaje, como fueron los fenicios en el mar Mediterráneo y los vikingos en gran parte de Europa mediante incursiones militares.

 

En el imperio romano, el pillaje estaba autorizado por las leyes militares y, en la Edad Media se consideraba lícito hasta que fue prohibido en Francia, limitándolo a 24 horas.

 

Como se puede observar, se trata de una costumbre contraria a las prácticas civilizadas y democráticas de una sociedad organizada; pero, además, es ilegal porque atenta contra la propiedad privada y, en ese caso, el Estado está obligado a hacer cumplir la normativa legal e impedir y sancionar a los pillos y a sus dirigentes.

 

No obstante, hay que recordar que el pillaje puede ser utilizado por los mentores de la economía dirigida en su fatídica lucha contra la economía de mercado, haciendo aparecer a los pillos como las víctimas de los propietarios de bienes y servicios que se expenden al público.

 
 

Una mera sugerencia: Asistencia técnica y trueque 

 

Durante los últimos 14 años, Venezuela y Cuba han celebrado numerosos acuerdos y convenios bilaterales dentro de los cuales se encuentra la asistencia técnica a la primera en distintos rubros y, en contrapartida, la segunda ha dado apoyo económico mediante el suministro de hidrocarburos. Se trata, pues, de un trueque, o como se diría en lenguaje jurídico, una permuta, uno de los contratos más antiguos mediante el cual las personas realizaban sus actos de comercio trocando bienes o mercancías utilizando una unidad de medida que, con el tiempo, sería el dinero.

 

Según las informaciones que reproducen los medios, el trueque pactado entre Cuba y Venezuela ha sido, para algunos, muy favorable para este último país, aunque, como siempre, hay voces que sostienen lo contrario y afirman que la isla caribeña lleva la mejor parte del negocio.

 

Independientemente de quién tiene la razón en esas diferencias conceptuales, lo cierto es que hay un sector en el cual la sociedad venezolana se haya comprometida sin solución posible; y es el problema carcelario. Miles de presos se hacinan en repulsivos y mal dotados establecimientos penitenciarios donde campean los pranes, las drogas, las armas, en fin, la corrupción y la muerte, porque centenares de procesados son asesinados por otros reclusos por el dominio de la prisión.

 

Pues bien, ante estas circunstancias, y habida cuenta de que Cuba tiene una larguísima experiencia desde 1959 en materia de rehabilitación de los disidentes y de los encarcelados, sería una extraordinaria oportunidad para que toda ese vasto conocimiento sea puesto al servicio de Venezuela y, a la vez, una forma para que, mediante el mismo sistema de trueque, se intente rescatar a los presos venezolanos y devolverlos a la sociedad, trasladando a aquel país a los procesados por el tiempo que requiera cada uno de ellos para reinsertarse a la sociedad.

 

Como el tratamiento puede resultar largo, además del apoyo educativo y socio-psicológico y de otros profesionales, podría dotarse a los procesados de ambientes adecuados, computadoras, áreas de recreación y esparcimiento y teléfonos celulares, así como de cualquier instrumento para comunicarse con su familia, en locales ad hoc que faciliten la reeducación; y hasta se podrían establecer vuelos “chárter” para que los parientes de los presos se trasladaran a visitar a sus detenidos cuantas veces fuera necesario.

 

Como todo proyecto tiene que sustentarse en un estudio económico, bastaría analizar los costos, y la suma que resultase se deduciría de la deuda que mantiene Cuba a favor de Venezuela.

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