Los niños de Gaza

Muy loable y humanitaria la gestión del gobierno venezolano de traer al país a un grupo de niños de Gaza, víctimas del terrible conflicto que se libra en tan milenarias tierras.

Al modo de pensar de este escribidor, esa acción debe estar protegida por un plan que ampare que, detrás de los desvalidos infantes, se infiltren terroristas islámicos diciéndose padres o familiares de esos inocentes y, en lugar de la protección que se persigue, se transforme el país en un campo minado de confrontación ajeno a la idiosincrasia venezolana y americana,  que aliente campañas de demonización hacia el pueblo judío.

 
 

Un episodio en la guerra económica

 

Este escribidor ha sostenido que la guerra económica existe porque es el enfrentamiento entre dos sistemas irreconciliables que no admiten espacios para el diálogo: La economía libre de mercado y la economía dirigida.

 

Pues bien, dentro de ese espacio bélico, las autoridades abrieron un frente de batalla para acabar con el arrendamiento especulativo y explotador y lograr  relaciones arrendaticias justas y socialmente responsables, con protección  para los medianos y pequeños productores, industriales y comerciantes que carecen de la capacidad económica para adquirir inmuebles destinados al comercio.

 

Como era de esperarse, el enfrentamiento se dio de forma espontánea porque de inmediato cuando la colectividad comenzó a sufrir los estragos de la medida. Los centros comerciales, otrora bulliciosos y concurridos, se vieron forzados a ajustar los cánones de arrendamiento y a reducir ciertos servicios, como la vigilancia y seguridad de bienes y personas, así como limitar el horario de funcionamiento y el aseo y mantemiento de las instalaciones; y, paralelamente los comerciantes se vieron en la necesidad de reducir su actividad e, incluso, cerrar las “santamarìas” porque, al mismo tiempo, la novedosa ley de precios justos, aplicada con severidad por diligentes funcionarios, ponía trabas a  la comercialización de sus productos porque, inesperadamente, podrían ser sancionados con el cierre de sus negocios por infracción de los márgenes de ganancia fijados a la buena de Dios.

 

Ante estas circunstancias, se inició una tregua que dio origen a una serie de conversaciones que finalizaron con la normativa contenida en la Ley de Regulación del  Arrendamiento Inmobiliario para el uso Comercial, o DecretoN°929 como comúnmente se la conoce, en la cual se acordaron, entre otros temas la liberación de los cánones de arrendamiento, los cuales podrán fijarse de mutuo acuerdo entre las partes, con las limitaciones establecidas en ese Decreto.

 

Asimismo, la creación del Comité Paritario de Administración del Condominio, integrado por propietarios y arrendatarios, servirá para colaborar en el control de los gastos condominiales, pese al complicado e innecesario procedimiento de selección de los miembros de ese Comité.

 

De esta manera, una insensata batalla, que no es ganar la guerra, finalizó y las aguas comenzaron a regresar a su carril.

 
 

Pobreza y lealtad

No es la primera vez que en los últimos lustros se dicen afirmaciones sobre el control de la pobreza con fines políticos, pues un ex ministro de Finanzas ya dijo en el pasado que a los pobres había que mantenerlos en estado de pobreza para que, con el transcurso de los años, formar el hombre  nuevo; y hace pocos meses, un ministro de Educación lo parafraseó cuando afirmó que manteniendo a los pobres sin educación, se impedía que ascendieran de clase y saltaran a la oposición política.

 

Ahora, un gobernador ha declarado públicamente: “Mientras más pobreza hay más lealtad a la revolución”.

 

Ignora este escribidor cuánta falacia puede haber en esas expresiones, ofensivas a todas luces hacia los más desprovistos de bienes y servicios; pero traen a colación la célebre frase del entonces senador vitalicio Rafael Caldera en el Congreso de la República cuando en la sesión conjunta convocada para considerar el fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, dijera en su farisaico y censurable discurso:

 

Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer”.

 

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