A Dios rogando y con el mazo dando

 

El castizo refrán castellano quiere significar que las intenciones y los buenos propósitos de una persona deben corresponderse con sus acciones, de manera que si usted ve a alguna persona autoproclamándose como honesto cuando en realidad es un reconocido corrupto, usted amigo lector, puede repetir el dicho pues encaja perfectamente en el ejemplo.

 

De igual manera, si usted observa a una autoridad vociferando sobre el derecho a manifestar y a expresar el libre pensamiento pero, a la vez, ese personajillo ordena a sus huestes que masacren a los manifestantes, o simplemente se hace la vista gorda, el refrán es aplicable, especialmente cuando, pomposamente y con cara de “yo no fui”, afirma su inocencia y, a la par, dice ante los medios que se han iniciado las investigaciones.

 

Es la doble cara, la hipocresía.

 

Reconciliación y educación

 

Durante la campaña electoral de 2013 para la Presidencia de la República, una de las más importantes –o la más importante- de las consignas del candidato opositor fue el llamado a la reconciliación de los venezolanos, lo que ha originado que numerosos compatriotas hayan secundado esa moción, por demás importante para crear un clima de paz y tranquilidad que supere la confrontación que se ha creado a partir de los intentos de imponer determinadas políticas públicas, para darles un nombre.

 

El llamado a reconciliación, es decir, volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos, es una necesidad inmediata en un país en el cual la mitad piensa A y la mitad lo hace B, lo que no sería nada de extraño si no fuera porque se ha fomentado el odio, haciendo que una a otra se vean como adversarias, en lugar de ciudadanos que piensan diferente.

 

Pero, reflexionando, hay que preguntarse: ¿cómo se puede lograr la reconciliación? ¿Basta con un simple llamado, o que cesen las incitaciones a la confrontación para que las dos partes se abracen fraternalmente?

 

Pareciera que no es tan fácil responder categóricamente en forma afirmativa. En efecto, si en estos largos 14 años cada una ha asumido que la otra es la culpable de sus males y penurias, es difícil que, por arte de magia, se produzca una reconciliación si no está acompañada de una intensa campaña educativa, mediante la cual se logre excluir la animadversión  sustituyéndola por instrucción y valores que le permitan a los ciudadanos discernir cívicamente y entender que todos somos venezolanos.

 

El resultado electoral claramente demostró que existen dos mitades y ello obliga precisamente a reconciliar y educar.

 

Sorprendente

 

Es un hecho público y notorio que el Estado, en los últimos años, ha fomentado la creación de las milicias, suerte de soldadesca, para cumplir determinadas funciones que les sean asignadas, para lo cual, como lo muestran infinidad de gráficas, indiscriminadamente se les dotó de armamento, similar al que portan las fuerzas armadas.

 

También es un hecho público y notorio que en las cárceles venezolanas se han confiscado armas de guerra y todo tipo de pertrechos porque circulan inexplicablemente en todos los penales, como en todo el territorio nacional; e igualmente no necesita demostración el que Venezuela es uno de los países más violentos del orbe, donde se suceden anualmente miles de homicidios con armas de fuego.

 

Pues bien, en la entrevista concedida a los medios por el entonces candidato oficialista en la noche del 10 de abril, éste expresó que una de sus preferencias como gobernante sería inculcar valores a la juventud; y, para ilustrar, interrogó a uno de los comunicadores sociales, más o menos así:

 

  • Si yo le doy una bofetada, y usted tiene un arma, no me va a dar un tiro.
  • No, por supuesto que no (sólo con movimiento negativo de la cabeza).
  • Lo ve, porque usted tiene valores.

 

Pues vean, concluyó el hoy juramentado Presidente de la República dirigiéndose a la audiencia: a esa gente que tiene armas hay que inculcarle valores.

 

¡¡¡¡Sorpresas que da la vida!!!!

 

Dato histórico

Me venía preguntando por años por qué el Plan República. No entendía la razón de que  una fiesta cívica tenía que estar custodiada por militares, cual guardia pretoriana a las puertas de los centros de votación en los procesos electorales venezolanos. Algo tan normal como el ejercicio del derecho a elegir, pero bajo la celosa mirada de los portadores de las armas de la República.

Pues bien, hoy 14 de abril de 2013, luego de ejercer mi derecho electoral, escuché en la radio que el Plan República se implementó en las elecciones que se celebraron en 1963, durante el mandato constitucional de Rómulo Betancourt, y después se ha venido cumpliendo rigurosamente cada vez que hay unas elecciones, como una costumbre.

La historia es que el gobierno del Piache de Guatire, ante las amenazas de la guerrilla castro comunista de sabotear el proceso electoral, confirió a las fuerzas armadas la custodia de los centros de votación, llamándola Plan República, para salvaguardar la democracia y evitar que los violentos enchufados de la Habana cumplieran su criminal objetivo.

Hoy, a 50 años de la instauración del Plan República siento la sensación de que el pueblo venezolano aún necesita del tutelaje militar para ejercer su derecho al voto, pero así como todo país requiere de la independencia de Poderes, esa tutela debe ser igualmente imparcial y objetiva, con autoridad suficiente para salvaguardar la democracia, como lo hizo en los tiempos de su instauración.

 

El muerto al hoyo y el vivo al bollo

 
Con frecuencia, y en sentido figurado, se escucha el antiguo refrán castellano que encabeza esta reflexión, generalmente para distinguir esas situaciones en que se disfruta de salud y bienestar pero que no son aprovechadas. Es una forma de auto animarse o de infundir ánimo a alguna persona que, estando en forma, no cultiva las oportunidades que le brinda la vida.
 
Sin embargo, también se utiliza este proverbio en otras circunstancias. Un antecedente del refrán se encuentra en la obra cumbre de la literatura española cuando Don Quijote vapuleó y desbandó a los religiosos que acompañaban a un cortejo fúnebre quedando el cadáver tirado en el suelo, momento en que Sancho Panza le dice: “Váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza”. Con ello, pretendía el fiel  escudero recomendarle a su señor abandonar el lugar y el cadáver y retirarse a disfrutar de los alimentos “recuperados” a los escapados acompañantes.
 
En los tiempos que corren en Venezuela, se ha explotado hasta la saciedad la figura del  difunto ex Presidente Hugo Chávez, no solamente durante su penosa enfermedad sino con motivo de su sepelio, y en la posterior campaña electoral para sucederle en la primera magistratura. Con el debido respeto que merece todo fallecido, debe decirse: “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.
 
¡Descanse en paz, ex Presidente!
 

Acerca de algunos «Ismos» y la globalización

El uso indiscriminado de ciertos motes está totalmente “démodé”. En efecto, repentinamente, actores políticos han venido utilizando calificativos como “derechista”, o “izquierdista”, o “fascista”, pasados de moda por la simple y elemental razón de que su uso corresponde a etapas históricas ya superadas y, para desgracia de quienes emiten esos denominadores, el pueblo en su gran mayoría no entiende qué se les quiere decir con ese lenguaje pues, a fin de cuentas y razonablemente, a la población lo que le interesa es continuar o adquirir mejor calidad de vida.

Para ilustrar un poco de qué se trata, “derechista”, o “izquierdista” se utilizaba en 1789, en la época de la Revolución Francesa, cuando las dos facciones antagónicas -jacobinos y girondinos- se ubicaban a cada lado del presídium de la Asamblea Nacional. Era simplemente un tema de ubicación, más que de la ideología que ambos grupos preconizaban, del que han transcurrido más de 200 años, debiendo hoy en día hablarse más bien de derecha política e izquierda política para calificar a la primera como más conservadora en sus ideas que la segunda, a quien se supone más de avanzada.

En cuanto a “fascista”, igualmente es anacrónico porque tuvo vigencia principalmente entre los años 1920 y 1930 en Italia, donde adquirió preponderancia con Benito Mussolini. Era, como dice Umberto Ecco (El fascismo eterno), un totalitarismo difuso,  no una ideología monolítica, sino más bien un collage de diferentes ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones. Su paso a “retiro” se dio con el cese de la 2ª Guerra Mundial, pues los autócratas posteriores que han gobernado en distintos países del orbe han tratado de distanciarse del fascismo lo que, por cierto, es bastante difícil porque es imposible simular una democracia cuando en realidad se trata de una tiranía. Se le ven las costuras rápidamente.

Hay, además, un elemento indiscutible que pone aún más tierra sobre las tumbas de estos “ismos” y es la globalización, ese proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala que se manifiesta a través de la creciente comunicación e interdependencia entre los países del mundo mediante la unificación de sus mercados, sociedades y culturas dándole un carácter global.  

El mundo está globalizado y, por tanto, la interconexión entre todos los países es un hecho indiscutible, salvo algunos casos aislados como los de Korea del Norte y Cuba, esta última con ciertos artificios para evitar que se le vea el descocido porque, en lo que respecta a la comercialización de la revolución -ésta a título de franquicia capitalista- del ron y tabaco, la isla caribeña se sumerge plácidamente en el mar de la mundialización para beneficiarse de las divisas que le llegan por la exportación “offshore” de esos productos.

Por eso, en este mundo actual hablar de “ismos” como los comentados es una tara atávica que, como dice Mario Vargas Llosa (Confesiones de un liberal), asoma su horrible cara y amenaza con destruir la civilización y retrocedernos a la barbarie.

 

Desigualdad judicial

Informan los medios (http://elimpulso.com/articulo/destituido-juez-rector-del-estado-lara) que en la noche del pasado sábado 13 de abril de 2013 llegó de manera sorpresiva el nuevo jefe del Poder Judicial En el Estado Lara quien, al parecer, tomó posesión luego que en la mañana de ese mismo día vieran al juez rector de ese Estado en una reunión con dirigentes políticos de uno de los candidatos presidenciales opositores.

Bien se sabe que el artículo 256 de la Constitución de 1999 dispone que con la finalidad de garantizar la imparcialidad e independencia de la función judicial, los magistrados, jueces, fiscales del ministerio público y defensores públicos no podrán llevar a cabo activismo político partidista, gremial, sindical o de índole semejante, salvo el ejercicio del derecho del voto; pero lo que llama la atención es que la grave sanción que recayó sobre un destituido juez por haber asistido a una reunión con factores de oposición.

Entonces, si “la salsa que es buena para el pavo, también es buena para la pava”, ¿por qué y cómo los funcionarios judiciales asistir a eventos políticos de la opción oficialista, sin ser objeto de sanción?

Bien se sabe que el artículo 256 de la Constitución de 1999 dispone que con la finalidad de garantizar la imparcialidad y la independencia en el ejercicio de sus funciones, los magistrados, jueces, fiscales del Ministerio Público; y los defensores públicos, desde la fecha de su nombramiento y hasta su egreso del cargo respectivo, no podrán, salvo el ejercicio del voto, llevar a cabo activismo político partidista, gremial, sindical o de índole semejante; pero lo que extraña es que la grave sanción recae sobre un juez que asistió a una reunión con factores de una opción política opositora.

El amor y el interés

 

El común denominador de las personas entienden que el refrán castellano lo que quiere decir, en la práctica, es que ganó el interés y el amor perdió. En pocas palabras de una persona sensata: aquello fue una temeridad; porque es inconcebible que el amor, ese sentimiento tan puro, aceptara ir al descampado de la mano del interés; pero lo cierto es que las experiencias cotidianas revelan situaciones en las que el interés irrumpe despiadadamente sobre el amor. 

 

Y eso es precisamente lo que está sucediendo en el mundo actual en medio del proceso de globalización, lo que se traduce en algo inaudito. En efecto, la globalización, con sus salvedades, ha unido a los países, sean del primer o tercer mundo, e independientemente del tipo de sistema político que los gobierne, autocráticos o democráticos, e incluso teocráticos.

 

Pero uno de los elementos fundamentales para que funcione la globalización es la seguridad jurídica y la democracia. De hecho, históricamente quedó escrito que la dictadura chilena del general Augusto Pinochet se vio obligada por la comunidad internacional a celebrar un plebiscito para determinar un cambio a la democracia como una necesidad para que las inversiones internacionales, al igual que las nacionales, se volcaran para hacer del país sureño una economía desarrollada que es envidia de sus vecinos hispanoamericanos.

 

Ahora bien, hoy, pese a la globalización, en determinados países se violentan los derechos humanos ante la mirada impávida de otros, con excepción de los llamados a la paz y concordia que sin mucho efecto parten de las organizaciones internacionales; pero esos escenarios se dan por la simple y elemental razón del mero interés, que conduce a preferir los vínculos económicos y ventajas comparativas por encima del amor por la democracia. Poco importa, por tanto, que en determinado país se masacre a una población mientras la ONU grita su condena si, al mismo tiempo en que suceden esos detestables acontecimientos, ciertos países mantienen una balanza favorable a sus intereses, o hacen pingües negocios para las castas políticas dominantes.

 

Así toma forma el viejo proverbio: El amor y el interés fueron al campo un día, y más pudo el interés que el amor que le tenía.

 

Colonia y colonialismo

 

De acuerdo al DRAE, colonia significa un territorio dominado y administrado por una potencia extranjera.

 

La colonia fue realidad particularmente en el continente de Américo Vespucio luego de la conquista por el imperio español de los territorios situados aquende el océano Atlántico, cuando la autoridad real se imponía a través de virreyes, capitales generales y Reales Audiencias que aplicaban las leyes dictadas en la Metrópoli.

 

A principios del s. XIX y gracias a las ideas preconizadas por la independencia norteamericana y la Revolución Francesa, se iniciaron los movimientos independentistas americanos que dieron al traste con el coloniaje con la fundación de las distintas naciones surgidas al sur del río Grande, libres del control y gobierno de las Casas de Borbón y de Braganza que regían España y Portugal. Sólo algunos vestigios quedaron en América que, paulatinamente, se fueron desprendiendo del yugo imperial del Reino Unido y Holanda, aunque mantengan estrechos vínculos institucionales y comerciales con estos países.

 

En el s. XX la tendencia hacia la extinción de las colonias llegó a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Así, más de 80 antiguas colonias que comprenden unas 750 millones de personas han obtenido la independencia desde la creación de las Naciones Unidas en 1948. En la actualidad, menos de 2 millones de personas viven bajo el dominio colonial en los 16 territorios no autónomos que quedan; pero el proceso de descolonización no es completo, por lo que se requiere el diálogo permanente entre las Potencias coloniales y el Comité Especial de Descolonización de la Asamblea General y los pueblos de los territorios, de conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas sobre la descolonización.

 

No obstante la intensa labor desplegada por el organismo multilateral, y pese a la marcada reducción del colonialismo, aún algunos países se resisten a liberar los territorios que mantienen bajo su control y gobierno; y, otros, más audaces, intentan regresar a épocas históricas pasadas y colonizar a naciones libres para imponerles su voluntad simulando acuerdos de cooperación de todo tipo.

Estado Forajido

 
La denominación “Estado forajido” se debe filósofo del derecho John Rawls, uno de los teóricos políticos de Harvard quien en su obra «A Theory of Justice» («Una teoría de la Justicia«) expuso la siguiente definición:
 
Estados forajidos» son aquellos cuyos gobiernos estructuran decisiones internas y externas sin ninguna consideración por los derechos humanos, donde la juridicidad es una ficción unilateral y en los que la articulación ética que brindan la moral y las leyes ha sido sustituida por un comportamiento propio de bandidos que son integrantes aventajados de una cínica puesta en escena donde todo se finge y en la que a todo se responde con dosis de histrionismo inverosímil>.
 
La definición del célebre profesor norteamericano se hizo común prontamente al punto que la comunidad internacional la adoptó para considerar como “Estado forajido” a aquellos Estados nacionales cuyas autoridades tienen un comportamiento contrario o al margen de la comunidad internacional, incumpliendo los convenios internacionales válidamente suscritos y vigentes y descartando las decisiones tomadas por los organismos internacionales encargados de garantizar la paz y el orden mundial.
 
No es difícil calificar a un estado como forajido. De hecho, y dependiendo del color del cristal con que se mire, el lector podrá hacer su propia clasificación echando una mirada a la historia pasada y a los acontecimientos presentes.
 
 

La mentira como política de Estado

 

Miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”. Así lo vociferaba ese sádico personaje que desempeñó el cargo de ministro de Propaganda del gobierno de Adolf Hitler durante el gobierno nazi en Alemania, Josef Goebbels. Por supuesto, cuando alguien desmentía al todopoderoso vocero, inmediatamente los sicarios de la SS se encargaban de hacerlo entender…a palos.

 

Ese jactancioso personaje, que utilizaba todos los medios para propagar las supuestas ventajas del oprobioso sistema nazi y el avance de la guerra, no pudo propagar el momento de su muerte el 1 de mayo de 1945 porque, cobardemente, permitió que su esposa envenenara a sus hijos y luego se suicidó con ella. Pudo anticipar el destino que le esperaba ante las fuerzas aliadas y optó por auto aplicarse la solución final que a tantos inocentes había sido utilizada por la Gestapo durante ese régimen de terror.

 

No obstante, la escuela de la propagación de la mentira como método de difusión de la acción política de un gobierno se ha mantenido a lo largo de los años y hoy en día encontramos que es practicada con el mayor desparpajo en distintos países, poniendo en absoluto ridículo a quienes la emplean por la simple y elemental razón de que, gracias a la tecnología y a la libertad de expresión, la verdad siempre sale a flote.

 

La mentira tiene patas cortas. Se agarra antes a un mentiroso que a un cojo, dice el antiguo refrán castellano, porque quienes pillan al fulero no son precisamente idiotas.

 

Juristas del horror

En todos los tiempos, ha habido gente de honor y deshonor y, para estas reflexiones, vienen a la mente los nombres de dos juristas que, durante su existencia, se caracterizaron no solamente por sus sabios conocimientos de la ciencia del derecho, sino por su doblez, astucia y baja calaña intelectual al punto que se rindieron a los pies de Adolf Hitler: el Dr. Hon. Edwin Konrad Bumke y el “profesor de derecho constitucional del nuevo Reich”, como hacía llamarse Carl Schmitt.

Juez desde sus primeros inicios como abogado, Bumke alcanzó la Presidencia de la Corte Suprema del Reich y, desde allí logró dictar una sentencia que facilitó el camino a los nazis en 1932, siendo recompensado, gracias a esa decisión, con su designación como suplente del Presidente del Reich y, más tarde, presidió la Sala Especial o Corte del Führer que se ocupaba de todos los recursos de apelación introducidos a nombre del Führer en causas penales.

Además, la docilidad de Bumke le permitió la interpretación radical de las Leyes Raciales y su participación en una reunión de los dirigentes del sistema jurídico alemán para discutir los procedimientos para el asesinato masivo de los incapacitados.

Pues bien, en los días póstumos de la guerra, Bumke fue víctima de un ataque de cobardía cuando el ejército de los Estados Unidos tomaba Leipzig y. a sabiendas de que tendría que enfrentar a la justicia aliada, en medio de sudores y temblores prefirió adelantar su acceso a los predios de Lucifer el 20 de abril de 1945.

El otro curioso personaje, Schmitt, se caracterizó por su oportunismo, porque conseguía las circunstancias para estar en el lugar apropiado y en momento adecuado para emitir una opinión jurídica. Traicionó hasta a sus profesores por su condición de judíos, entre ellos a Hans Kelsen y, aunque no toda la dirigencia nazi le daba la confianza, sentó las bases del estado nacionalsocialista al punto de escribir un ensayo denominado “El Führer como el Guardián del Derecho”.

Pero al final de la guerra, fue más previsivo y audaz que Bumke y, al ser capturado por las fuerzas norteamericanas con la idea de llevarlo a juicio en Nurenberg, en lugar de tomar la ruta al mundo ominoso de las tinieblas, optó por convertirse en confidente y pasar información a los vencedores, para salvar su pellejo. Por supuesto, como el tiempo se encarga de borrar todas las huellas, al final de sus días Schmitt había recuperado su prestigio como profesor de derecho constitucional, dejando una copiosa obra, de la cual muchos autócratas se han valido para borrar los vestigios de democracia de sus pueblos. 

Triste el destino de los juristas que venden sus principios. Juristas del horror, como los distingue Ingo Müller en su conocido ensayo.

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