DDHH E INJERENCIA

Desde hace algún tiempo la dirigencia política y los gobiernos de muchos Estados mantienen silencio ante la violación clara e inequívoca de los DDHH en todo el orbe.

Se dice que ese “mutis por el foro” tiene su origen en compromisos económicos entre ciertos Estados; o como consecuencia de alianzas políticas; o por considerar que se trata de efectos mediáticos que magnifican los acontecimientos. 

Cuando las Ong´s reclaman alguna acción positiva de quienes se mantienen silentes, la respuesta que obtienen es que se trata de asuntos internos de los Estados y que cualquier pronunciamiento puede ser calificado como una injerencia.

Pero, recientemente y con motivo de la transgresión de los DDHH, el canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, dio en el clavo cuando manifestó en un programa radial de su país:

Los derechos humanos es la única materia en la cual la no injerencia en los asuntos internos de los países no es válida”, agregando:

Los derechos humanos se defienden todos en todas partes del mundo”.

Las palabras del canciller oriental sureño parecieran un anticipo de las que pronunciara Barak Obama ante el Foro de la Sociedad Civil de la VII Cumbre de las Américas celebrado en Panamá, el 11 de abril de 2015. En efecto, el presidente de EE.UU. se comprometió ante los representantes de la sociedad civil latinoamericana que asistían al acto a “estar a su lado cuando los repriman”, negando que eso sea injerencia en asuntos de otros países porque “los días en los que Estados Unidos podía hacer lo que quería en este hemisferio son algo del pasadopero tenemos que ser muy claros: cuando hablamos en nombre de alguien que ha estado en prisión por decir la verdad ante el poder, no lo hacemos porque sirva a nuestros intereses, sino porque denunciarlo es importante y quisiera que ustedes también lo vieran así”.

Ojalá esta nueva corriente del pensamiento sobre la injerencia y los DDHH sirvan de norte para que otros que mantienen posiciones más conservadoras -vale decir, menos favorecedoras- arrojen lejos de sí las máscaras bajo las cuales esconden sus complicidades o complacencias.

LOS “PATRIOTAS COOPERANTES” EN LA INQUISICIÓN

La delación es una acción que consiste en que una persona, voluntariamente y sin ser parte de un juicio, revela  a la autoridad al autor de un delito para que sea castigado.

El delator se asemeja al espía, aquel que con disimulo y secreto observa o escucha lo que pasa, para comunicarlo a quien tiene interés en saberlo.

Tanto uno como otro, pueden prestar servicios a personas u organizaciones, a gobiernos, en fin a cualquier ente que requiera obtener informaciones que pueden serle útiles para sus fines.

 En política, y sobre todo en política internacional, la literatura y el cine se han encargado de mitificar celebridades, como la famosa Mata Hari de los años 20 del siglo pasado, hasta personajes de ficción como James Bond, el insuperable Agente 007, pasando por otros que en la vida real han sido identificados al haber sido descubiertos en sus actividades en espionaje, como Mark Felt, el misterioso “Garganta profunda” que reveló el caso Watergate a la prensa, o Juan Pujol (a) Garbo, aquel español que logró engañar a Adolf Hitler al hacerle creer que el desembarco aliado se produciría en Calais, a 250 kilómetros de Normandía.

Pero resulta que el oficio de delación es de vieja data, quizás desde los tiempos posteriores a que Dios echara a Adán y Eva del Paraíso Terrenal, y probablemente se practicara desde entonces de distintas maneras; y  mientras este escribidor ojeaba la “HISTORIA DE ESPAÑA CONTADA PARA ESCÉPTICOS”, de Juan Eslava Galán, confirmó lo que antes había leído en algún pasaje histórico en cuanto a que la temida, terrible y vilipendiada institución de la Inquisición se valía de delaciones para perseguir a aquellos sospechosos de herejía, brujería y cuanta acción pudiera ser considerada ajena al catolicismo.

Y es que Eslava narra que el Santo Oficio, como cualquier ministerio moderno, contaba con miles de funcionarios jerarquizados presididos por el Inquisidor General asistido de un tribunal de apelación, la Suprema, compuesto por 6 miembros, de los cuales 2 pertenecían al Consejo de Castilla, un organismo político del Reino. Además, la Suprema contaba con diversos tribunales dispersos en las provincias, los cuales a su vez tenían inquisidores, secretarios, alguaciles, escribanos, criados y carceleros.

Al margen de estos funcionarios de plantilla, dice Eslava, existía una clase de colaboradores voluntarios, es decir, delatores, a quienes se les conocía como familiares de la Inquisición.

Casi todos eran de extracción popular y estaban tan orgullosos de su vil oficio -continúa el escritor- que hasta esculpían el escudo de la Inquisición sobre el dintel de sus casas a modo de ejecutoria de nobleza porque su condición, que hoy nos parece detestable, entonces confería honor y prestigio”.

Sobre el resultado del oficio de los familiares, Eslava concluye:

La peor consecuencia de la Inquisición fue que un ambiente de sospecha y delación envenenó la sociedad española y terminó viciándola. Cada cual espiaba posibles faltas de su odiado o envidiado vecino por si lo sorprendía en algún desliz que pudiera interesar al Santo Oficio […] Escudriñar la tara en el honor del vecino o del pariente odiado se convirtió en una rutina, la difamación en un hábito, y el miedo al qué dirán, en una obsesión”.

En julio de 1834, al inicio de la Regencia de María Cristina de Borbón, el gobierno liberal moderado de Francisco Martínez de la Rosa aprobó un decreto cuya disposición primera decía: “Se declara suprimido definitivamente el Tribunal de la Inquisición”; pero sus detestables prácticas, como la delación, han continuado hasta nuestros días ejercidas por sujetos a quienes la población despectivamente denominaba “sapos”, pero que ahora se les distingue con el pomposo nombre de “patriotas cooperantes”.

 

RESPONSABILIDAD
SOCIAL (RSE) Y CLÍNICA JURÍDICA

De acuerdo con la definición de la Comisión Europea, en su Libro Verde: Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas”, publicado en 2001 (1), la RSE “[…]…es la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con sus interlocutores”; y agrega: “Ser socialmente responsable no significa cumplir plenamente las obligaciones jurídicas, sino también ir más allá de su cumplimiento invirtiendo ´más´ en el capital humano, el entorno y las relaciones con sus interlocutores”.

Pues bien, dentro de este concepto pareciera que pudiera ubicarse la iniciativa del centro de Clínica Jurídica del Parque Social UCAB formalizó entre sus servicios la Sala de Conciliación, con el fin de fomentar el diálogo entre las partes involucradas en disputas legales, según ha reportado el diario El Universal en fecha reciente.  

La sala o unidad de conciliación,  aprobada previamente por el Consejo de la facultad de Derecho y, posteriormente, por el Consejo Universitario de la UCAB, fue instituida con la asesoría del Centro Empresarial de Conciliación y Arbitraje (CEDCA) y profesores de la UCAB especialistas en resolución de conflictos, con el objetivo de abrir un espacio para que las personas puedan acceder al diálogo, reduciendo la violencia y solucionando los problemas sin la intervención de la justicia ordinaria.

La unidad atiende casos de divorcio, así como asesora en temas de convivencia ciudadana, relaciones contractuales, títulos supletorios sobre bienhechurías, y otros como derecho sucesoral, con el fin de que las partes alcancen soluciones mediante recíprocas concesiones.  

Este esfuerzo del centro de Clínica Jurídica debería ser extendido a otros centros, tal como se hace con la justicia de paz a nivel de municipios, porque es la única forma en que puede garantizarse el acceso gratuito a la justicia, sin los formalismos implícitos en el derecho; y su promoción forma parte de la responsabilidad social empresarial.

 

¿INSEGURIDAD PERSONAL, FUTURO INCIERTO O AMBOS?

El desgarrador artículo de Leonardo Padrón sobre las penurias que están sufriendo los estudiantes venezolanos en el exterior a quienes o no les ha llegado o no volverá a llegar su asignación de CADIVI, o simplemente porque la familia no tiene recursos para mantenerlos viviendo fuera con sus ingresos normales, ha llamado la atención e incluso muchas lágrimas han corrido al ver cómo el destacado escritor ha mostrado una realidad: el sufrimiento de nuestros jóvenes que, buscando superar sus conocimientos, han optado por hacerlo en centros de estudio que tienen unos elevados niveles de enseñanza y que, por razones que en nada les incumbe, se encuentran en condiciones miserables que a algunos los ha llevado hasta la mendicidad.

En esa decisión de estudiar en el exterior, han colaborado de alguna manera sus padres, invocando, además del aprendizaje foráneo, razones de seguridad. Padres pasan las noches en vela al lado del celular mientras esperan el regreso de sus hijos a altas horas de la madrugada para dar gracias a Dios cuando los ven sanos y salvos! Padres que han tenido que soportar el dolor de la pérdida de un hijo en manos de un delincuente. En fin, innumerables casos se pueden citar.

Por eso, cuando se abre la ventana para que entre la posibilidad de que el joven salga por ella para lejanos y desconocidos lugares, los padres, a pesar de la pena que causa una separación física, son los primeros que les animan para que se trasladen al exterior, estando dispuestos incluso a disponer de sus bienes por pocos que sean -como narra Padrón- para facilitar el viaje, el pago de los estudios y las expensas.

Pero no es solamente por el interés de los padres porque sus hijos estudien en el exterior y por la seguridad personal de ellos como precavidos y cuidadosos adultos, están conscientes de que son nulas las posibilidades de que aquellos vuelvan a Venezuela para practicar los conocimientos adquiridos.

Ningún ser medianamente pensante se aparta de sus hijos para enviarlos a destinos desconocidos si no estuviera consciente de que, en el terruño, todos van a terminar en la más absoluta ruina. Es imposible pensar que un ingeniero egresado de MIT que tenga la posibilidad de obtener un empleo con ingresos de primer mundo, vaya a venir a Venezuela a ganar un sueldo que escasamente rondará los US$ 250,00; o que un abogado egresado de la Sorbonne o un médico formado en Houston o Rochester, hagan lo mismo. 

Entonces hay que ser claros y asumir que las razones para que los jóvenes marchen al exterior van desde la seguridad hasta el futuro incierto. O ambas.

Ahí le queda eso a los amigos lectores.

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