A Carlos Augusto Matheus González, buen y sincero amigo desde los tiempos universitarios, baluarte del derecho marítimo en Venezuela. In memoriam.

LAS 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN DE NOAM CHOMSKY

Avram Noam Chomsky, conocido como Noam Chomsky o simplemente  Chomsky, es un lingüista y filósofo norteamericano de origen judío que ha pasado la mayor parte de su carrera en el MIT donde es “Professor Emeritus”.

Dentro de su extensa obra, se encuentran las 10 Estrategias de Manipulación Mediática que este escribidor glosará resumidamente pese a que lo más recomendable es leerlas “in extenso” dada la importancia y –por qué no?- su peligrosidad.

1. La estrategia de la distracción. Desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes, porque es importante ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales”, sostiene Chomsky.

La simulación de conflictos con otras naciones invocando el principio de soberanía o imaginarias situaciones bélicas con potencias extranjeras, o una “guerra económica” o un ataque bélico de imaginarios enemigos extranjeros, son evidentes muestras de distracción.

 

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones o “problema-reacción-solución”. Se crea un problema para causar cierta reacción en el público, para que éste exija las medidas que se desea hacer aceptar.

Tolerar que el hampa haga de las suyas, que el sicariato se practique, que se produzcan asesinatos de sindicalistas y de policías ante la mirada impasible de las autoridades, para que la comunidad exija que se aplique “mano dura”.

3. La gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos.
 
Los aumentos de precios de productos de primera necesidad son autorizados paulatinamente, nunca al mismo tiempo ni para todos los productos. De esta manera, la población dócilmente va aceptando las medidas.
 
4. Diferir. Presentar una decisión impopular como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para luego aplicarla:
 
El aumento de precio de la gasolina es demonizado pero a la vez ante la propaganda oficial lo promociona como necesario y omite toda resolución hasta que los ciudadanos la acepten como indispensable.
 
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. Afirma Chomsky que “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad”.
 
Entonces, trátese al ciudadano como si fuera un infante -o un débil mental- porque así se facilita la sugestionabilidad de receptor y la posibilidad de obtener una favorable
respuesta.
 
6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos.
 
Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos:
 
Si no me apoyas vas a perder los beneficios que te ha dado, regresando a tu horrible pasado”.
 
7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores”, sostiene Chomsky. 
 
Las clases menos instruidas deben ser mantenidas en la ignorancia para que no se vuelvan “escuálidos” y así crear el “hombre nuevo”; e ignorar la deserción escolar de adolescentes, por ejemplo, abre campo al analfabetismo y la vulgaridad.
 
8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto. 
 
Mientras más balurdo, mejor, mientras más vulgar, más prestigio.  Su incultura arremete, sus instintos, la necesidad de atropellar a quien difiere de él, lo que precisamente la atmósfera democrática enseña que debe contenerse –dice Carlos Raúl Hernández en su artículo “Háblale sucio”, en el Universal del 26 de abril- porque eso es “hablar claro y raspao”.
 
9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción.  
 
No consigo alimentos porque llegué tarde, se me colearon, bueno, es mi culpa!”.
         
10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. Los avances de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos poseídos y utilizados por las élites dominantes y los de las masas.
 
Esos conocimientos permiten a los primeros conocer a cabalidad a las segundas y en función de ello mantenerlas bajo control.
 
Como podrá observar, amigo lector, son reglas complejas que pueden hacer permanente un statu quo por más pernicioso que sea.
 

FALACIAS IMPERDONABLES

La sola vez que hace años este escribidor tuvo en sus manos el pasquín de Galeano -el recientemente fallecido escritor uruguayo- fue cuando lo vi sobre la mesa de noche en la habitación de Vanessa, y, luego de darle una mirada a algunos párrafos, le dije: “No pierdas el tiempo leyendo esa basura”.  Creo me hizo caso.

Y es que solamente bastaba con hojear “Las venas abiertas de América Latina» (1971) para percatarse de que los pensamientos e ideas en él expresados perseguían mitificar el continente –“La historia de América Latina es la historia del despojo de los recursos naturales”- y se correspondían con la descalificación que años después Alvaro Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza y Carlos Alberto Montaner le darían en el “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano”.

Pues bien, resulta que, Galeano en la II Bienal del libro y la lectura de Brasilia, en mayo de 2014, dijo que «[…] no sería capaz de leer el libro de nuevo. Para mí esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima«;  pero grave fue que admitió que «[…] no tenía la formación necesaria. No estoy arrepentido de haberlo escrito pero fue una etapa que, para mí, está superada«.

Para colmo, el escritor, reconoció que el libro fue escrito sin conocer debidamente de economía y política!.

Desde entonces, me ha quedado sembrada una duda: Fue honesto Eduardo Galeano al escribir tan despreciable obra sin contar con los conocimientos ni la formación necesaria como para que lo confesara posteriormente, o fue un irresponsable? Porque es evidente que, si ese folleto llegó a ser considerada como la “biblia” de la izquierda latinoamericana, fue porque tuvo una aceptación general que hizo que innumerables personas de ese signo político la asumieran cándidamente, la compartieran y hasta la debatieran en foros de todo tipo como la solución de todos los males terrenales del continente de Colón cuando en realidad, para 2014, ni el mismo Galeano se atrevía a leer su creación intelectual.

Al respecto, el economista y legislador uruguayo Hernán Bonilla, en una columna titulada “La confesión de Galeano”, publicada en el diario El País, de Montevideo, escribió:

Los enormes daños causados por el éxito de sus ideas ya están hechos y no se puede volver atrás. Pero de ahora en adelante debe quedar claro que Galeano no fue un genio que entendía maestramente de historia, economía, política y sociología y lo plasmó en un manual que tenía todas las respuestas. Fue un profeta de la complacencia con nosotros mismos y el odio xenófobo que impidió que el Uruguay y otros países del continente buscaran las respuestas a sus problemas en sus propias equivocaciones”.

Lástima que el fallecido escritor no hubiera pedido perdón públicamente a esos inocentes que, de buena fe, creyeron a pie juntillas que el panfleto constituía un serio manual de ideas para la izquierda.

Da igual, no merecía la absolución.

 

UN ANTECEDENTE LA CORRUPCIÓN ADMINISTRATIVA

El 12 de enero de 1824, el Dictador plenipotenciario del Perú y Presidente de Colombia, general Simón Bolívar, en vista de que “[…] una de las principales causas de los desastres en que se han visto envuelta la República, ha sido la escandalosa dilapidación de sus fondos, por algunos funcionarios que han invertido en ellos” y de que “[…] el único medio de extirpar radicalmente este desorden, es dictar medidas fuertes y extraordinarias“, decretó que “[…] todo funcionario público, a quien se le convenciere en juicio sumario de haber malversado o tomado para sí de los fondos públicos de diez pesos arriba, queda sujeto a la pena capital”.

El Decreto añadía que “[…] los jueces quienes, según la ley, compete este juicio, que en su caso no procedieren conforme a este decreto, serán condenados a la misma pena”, de donde es fácil colegir que se respetaba independencia judicial en las nacientes repúblicas, pero a la vez, en base a los poderes de facto que mantiene una dictadura, se sancionaba a los funcionarios judiciales con la misma pena de muerte que se aplicaría a los corruptos de la época.

En cuanto al principio de publicidad de las normas de derecho público, el Decreto “Se fijará este decreto en todas las oficinas de la República, y se tomará razón de él en todos los despachos que se libraren a los funcionarios que de cualquier modo intervengan en el manejo de los fondos públicos”.

El Decreto fue promulgado en el Palacio Dictatorial de Lima  191 años atrás, y la corrupción administrativa sigue como Juanito el caminador, rampante, haciendo de las suyas no solamente en las regiones que, para la época, constituían la Gran Colombia y el Perú. Por supuesto, siempre ha aparecido pagando los platos rotos de la corrupción algún chinito de Recadi para justificar la existencia del sistema.

 

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN DISTINTOS POLOS

La libertad de expresión es considerada de forma diferente en distintos polos, en fechas recientes.
En Canadá, un importante hombre de negocios consideró que un reportaje publicado en Toronto Life  podría haber dañado su reputación por lo que demandó que un juez ordenara a la revista que detuviera la publicación.
El Juez Superior que conoció del caso denegó la petición y condenó al demandante para que pagara a la revista $ 17,000 en concepto de costas judiciales. Con motivo de la sentencia, la editora en jefe de la revista dijo:
 
«[…] sería algo muy malo para la libertad de expresión si un sujeto pudiera detener preventivamente una publicación porque considera que esa publicación podría no ser favorable […] somos responsables y hacemos nuestra la debida diligencia, […] es importante que tenemos la oportunidad de publicar lo que queremos publicar, lo que es importante publicar, sin una orden judicial”.
 
Por su parte, el abogado del demandante expresó:
 
«Tengo un gran respeto tanto para Su señoría y el abogado de Toronto Life, sin embargo, creo que la decisión de Su señoría es incorrecta, por razones que se harán muy claro, y vamos a apelar».
 
El reportaje que ha dado origen a este conflicto entre el magnate y la editora se base en la vida de aquél, a la que se considera un desastre épico, un largo reguero de promesas rotas y fideicomisos traicionados, agotadas las cuentas bancarias, matrimonios y amistades destruidas.
 
Salvo ese episodio, no ha habido ninguna intervención de las autoridades canadienses y el asunto se ha ventilado por los canales regulares del sistema judicial.
 
En otro polo del mundo, el libro “Final de partida” de Ana Romero, revela la «doble vida» que llevó en secreto el rey Juan Carlos I de España,  quien mantuvo durante diez años «una relación de pareja pura y dura» con la aristócrata alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, a la vez que relata los últimos días de su reinado, describiendo a un soberano cruelmente solo estos últimos años, físicamente debilitado, «sentado sobre un sofá vacío frente a la tele» y recibiendo muy ocasionalmente la visita de sus tres hijos.
 
Consultada la autora de libro acerca de la reacción de la familia real o de las autoridades españolas, Romero fue clara al distinguir entre lo que es la institución real y quien la ejerce: «No es que se pierda el respeto a la monarquía, se pierde hacia la figura de Juan Carlos. Porque a su nuera y su hijo», la reina Letizia y el rey Felipe VI, «se les sigue sin tocar«.
 
Clara diferencia entre la majestad del cargo y la persona que lo ejerce.
 
Por su parte, el periodista Antonio Moreno, al tratar sobre la libertad de expresión en España, destacó que informaciones como las contenidas en el libro de Romero no se hubieran publicado hace sólo 5 años justificándola en el cambio de la “autocensura”: «Las cosas que antes se sabían y se callaban, ahora se han contado«, añadió.
 
La Casa de Su Majestad el Rey, el organismo que tiene como misión servirle de apoyo en cuantas actividades se deriven de sus funciones como jefe del Estado, se ha abstenido de hacer comentarios sobre el comentado libro, lo que podría interpretarse como un respeto a la libertad de expresión o que le restado importancia al contenido de la obra; pero lo cierto es que  el libro circula libremente y en apenas 24 horas, los 25.000 ejemplares de la primera edición de Final de partida, lanzada en el mes de abril de 2015, estaban prácticamente agotados, según la agencia internacional de noticias AFP.
 
Y este escribidor aterriza de nuevo en el continente americano, esta vez en Venezuela, donde el Presidente de la Asamblea Nacional se ha querellado contra dos diarios y un portal de internet, ante la jurisdicción ordinaria con competencia en lo penal, como consecuencia de publicaciones que, en criterio del querellante, dañan su honor y reputación.
 
El proceso está por comenzar. Veremos el comportamiento del sistema judicial frente a la libertad de expresión, y si la independencia de los jueces será respetada. Su desarrollo y terminación servirán para calificar si estamos en el primer mundo…o en la dimensión desconocida.

3 comentarios en “Reflexiones a primeros de mayo de 2015”

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