Mandela

 

Los biógrafos, los medios, los periodistas e investigadores, los políticos de todas las ideologías -aunque algunos han tergiversando la verdad sobre este gran hombre para intentar sacar ventajas de las que ellos y sus acciones carecen- han expresado por años los mejores conceptos y epítetos que se pueden dirigir a un ser humano para alabar su paso por la tierra.

Y no podía ser de otra manera porque Nelson Mandela fue un hombre de principios que, desde los inicios de su vida política, tomó con pasión partido por la libertad contra las terribles condiciones que el apartheid imponía a su gente, lo que, pese a haber proclamado su inocencia ante los jueces, le condujo a casi 30 años de presidio como cualquier vulgar delincuente; y el día que fue redimido, valiente e inteligentemente dejó tras las rejas del presidio el odio y el resentimiento que su injusto cautiverio le podían haber provocado, para convocar a sus conciudadanos a una cruzada por el perdón, la reconciliación y una justicia no retributiva.

Su equilibrada actuación en la conducción de las negociaciones le valió no solamente el galardón del Nobel de la Paz, sino que en el Reino Unido se le reconociera como un indiscutible líder mundial al permitir la erección en 2007 de una imponente estatua en Parliament square de la capital del Támesis, a pasos de las esculturas que representan a Abraham Lincoln, Benjamin Disraeli, Winston Churchill y a otros sobresalientes figuras que han dejado pautas a la humanidad.

Nelson Mandela -Madiba- entró a la gloria a pasos agigantados y rodeado de un afecto universal. Como escribió Ramin Jahanbegloo en El País el 8 de diciembre de 2013, en un artículo titulado Mandela pertenece al mundo:

“Ha muerto como vivió siempre, como un espíritu libre. Mandela no mandó grandes ejércitos ni gobernó un vasto imperio.

No hizo grandes hazañas científicas ni tuvo dotes artísticas. Pero los hombres, mujeres y niños de todo el mundo se dan hoy la mano para rendir tributo a este hombre valiente que llevó a su país a la democracia”.

 

Victoria pírrica

 
Dícese de victoria pírrica aquella que obtiene el bando vencedor con muchas pérdidas al punto que, a pesar de la victoria, ésta puede terminar siendo perjudicial para el ganador.
 
La victoria pírrica deviene de Pirro, basileos –título real- de Epiro y quien luciera también la corona de Macedonia, uno de los generales más valerosos del mundo greco romano.
 
Se cuenta que Pirro comandaba sus tropas al enfrentarse a los romanos en la batalla de Heraclea y, dentro de la estrategia trazada, ordenó primeramente el ataque con la caballería -que él mismo lideraba- y seguidamente dio orden de atacar con la infantería pero, al observar la resistencia romana, instruyó que se trajeran a los elefantes a la vanguardia, en vista de lo cual el enemigo, que no había visto nunca la participación de paquidermos en una conflagración, huyó en desbandada y las fuerzas de Pirro se alzaron con la victoria.
 
No obstante, las bajas de ambos bandos fueron tan notorias, y si bien las de Pirro fueron inferiores a las de Roma, éste, al analizar el resultado de la batalla, exclamó:
 
«Otra victoria como ésta y volveré solo a casa».
 

“Por qué hacer bien las cosas si se pueden hacer mal»

 
Carlos Fernández Ballesteros utiliza jocosamente esta frase para calificar ciertas acciones que él considera que podrían hacerse mejor.   Como el dicho me es simpático, lo he adoptado, con la seguridad de que cuento con la autorización de mi estimado consuegro para aplicarla al tema sobre el que reflexionaré.
 
Dentro del contexto de la guerra económica, el gobierno nacional ha tomado una serie de medidas que, al menos temporalmente, le han dado los resultados esperados, al punto de hacer ver que, en esa batalla, se ha impuesto y dominado el escenario político; pero lamentablemente algunas implementaciones son ineficientes, incapaces de lograr el efecto que se desea o espera. 
 
La reforma de la Ley de Ilícitos Cambiarios (“LIC”) fue modificada para que cualquier residente que posea cuentas bancarias en bolívares en un banco estatal pueda abrir cuentas en dólares; pero no se indica si el titular de la cuenta de bolívares podrá adquirir divisas al cambio oficial para abrir la cuenta en dólares. Por ejemplo, no queda claro si una persona que posee Bs. 24.000 en la cuenta, podrá pedir al banco que le venda US$ 2,000.00 al cambio oficial para abrir la nueva cuenta en dólares; o luego de abierta, hacer retiros desde ésta para cualquier destino; y debe prevenirse la posibilidad de que surja un problema tributario para el cuentacorrentista pues el SENIAT bien podría considerar que la cantidad depositada en dólares forma parte de los ingresos anuales y que fueron omitidos por el contribuyente, en cuyo caso podría formularle un reparo fiscal. 
 
No es difícil hacer las cosas bien, basta buena voluntad y conocimientos para implementar normas eficientes y que puedan cumplirse en concordancia con el ordenamiento jurídico. En fin, debería revertirse el dicho que titula esta reflexión:
 
“¡Por qué hacer mal las cosas si se pueden hacer bien!”.
 
 

Al 2014 con optimismo 

 
Pocas son las horas para que el 2013, al tañido de las doce campanadas, de paso a un nuevo iter, como por siglos se viene renovando cada 365 días gracias al Papa Gregorio XIII quien, en el año 1582, a través de la bula Inter Gravissimas, resolvió adoptar un nuevo calendario con el objeto de eliminar el desfase cronológico producido desde el concilio de Nicea en 325, o sea, doce siglos antes.
 
Venezuela ha cumplido horas felices y desgraciadas a lo largo del año que se marcha. El fallecimiento del Presidente de la República, la disputada elección de un nuevo primer magistrado, la economía dislocada con una inflación galopante sujeta a medidas de emergencia que parecen producto de contracciones uterinas o de involuntarios movimientos epilépticos, los presos políticos, las inseguridades personal y jurídica, las elecciones municipales, en fin, un conjunto de hechos y circunstancias en las cuales tirios y troyanos se debaten en medio de una diatriba que parece que nunca acabará. 
 
Como no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, entremos al 2014 con optimismo y con el deseo de que, en el curso del nuevo año, se reinvente un liderazgo amplio, firme, dispuesto a arriesgar y a arriesgarse y capaz de mantener en prisión aquellos sentimientos que Mandela dejó tras las rejas el día de su liberación y que, sin claudicar principios, facilite un estado de derecho dentro de un ambiente de solidaridad y reconciliación.

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