DE LAS VOTACIONES LEGISLATIVAS 

I

Esta primera parte de esta reflexión fue redactada por este escribidor justo después de votar en las elecciones parlamentarias del 6D en Venezuela cuando, involuntariamente,  mi voto resultó nulo; y ello me obliga a meditar sobre el tema, a la par de dejar fluir mis emociones, antes de conocer el resultado final.

Amable lector, a pesar de que tirios y troyanos lo defiendan a capa y espada, el sistema electoral venezolano está viciado en su origen. Veamos.

El ejercicio del voto es un derecho y un deber. Es un derecho porque entra dentro de la  esfera de los DDHH, cual es el de elegir a quien usted desee para cualquier cargo electivo; y es un deber porque forma parte de esas obligaciones que usted debe asumir como ciudadano y que el día de mañana le permitan criticar con todo derecho a quien resulte elegido y no cumpla con sus deberes en el ejercicio del cargo, o lo esté haciendo incorrectamente.

Por ello, el acto de votación tiene que ser lo más sencillo y elemental para que usted pueda cumplirlo sin mayores complicaciones y con la seguridad de que el resultado será respetado.

Pero es el caso que usted se consigue conque ese derecho-deber está condicionado por una legislación electoral inconstitucional y violatoria de los DDHH, hecha al antojo de la mayoría parlamentaria que milita en la formación política del oficialismo.

En primer lugar, la mayoría absoluta de los rectores del CNE responden descarada y abiertamente a instrucciones políticas y se encuentran de rodillas al servicio del partido de gobierno.

En segundo lugar, las circunscripciones electorales son modificadas por esos mismos rectores del CNE cuando perciben que una corriente de oposición es mayoritaria, y en ese caso proceden a modificar la circunscripción anexándole otro espacio territorial en el que domine la corriente oficialista y así contrarrestar a la corriente mayoritaria. Es lo que se conoce como Gerrymandering.

En tercer lugar, so pretexto de guardar la representación electoral entre los estados de acuerdo a la población, condicionados por el desequilibrio numérico que existe entre la cantidad de votantes inscritos en los estados y la cantidad de parlamentarios que se deben elegir en ellos. Según el RE Preliminar votarían 19.504.106 ciudadanos; de éstos 10.091.717 (51,74%) están inscritos entre el Distrito Capital y cinco estados (Zulia, Miranda, Carabobo, Lara y Aragua) que solamente elegirán a 64 diputados; y en los 18 estados restantes, que aglutinan a 9.412.389 electores (48,26% del total), se elegirán a 100 diputados. Utilizan el método D´Hondt que no es precisamente equilibrado sino que puede ocasionar distorsiones en favor de quien vaya ganando en el proceso electoral.

En cuarto lugar, la atemorizante “captahuellas”, las máquinas de votación y el tarjetón, supuestamente garantes del secreto del voto y de la transparencia -no  “tramparencia”-, constituyen un galimatías. No solamente tiene usted que recibir instrucciones de varios generalmente amables funcionarios del CNE, sino que además tiene que ubicarse detrás de un biombo donde hay una máquina con botones, luces y el tarjetón, para que en segundos haga su selección y posteriormente sumerja un dedo en un odioso frasco de tinta que lo convierte a usted en un sospechoso de hacer trampas -por eso se le tiñe el meñique-, para que no salga a otro centro a volver a votar. Resultado, entre 500 mil y 1 millón de votos nulos!.

En quinto lugar, hay 3 millones 100 mil personas que no deberían estar en el Registro Electoral (http://www.lapatilla.com/site/2015/12/08/machado-sobre-el-6d-venezuela-entera-evito-un-fraude-colosal-y-ganamos/).

Aparte de estos señalamientos, directos males electorales, existen situaciones de hecho que son ventajismos, matarifes armados a las puertas de los centros de votación cabalgando sobre motos cual rojos “cowboys”, abusos de la posición dominante y los infinitos vicios que antes y durante la campaña electoral fueron denunciados, frente a los cuales la presencia de personajes extranjeros los hace lucir como convidados de piedra.

Por tanto, amable lector, mientras esas circunstancias subsistan, el sistema electoral venezolano, aun ganando la opción opositora, está viciado en su origen y es allí donde radica la “tramparencia” electoral.

Perdone usted los excesos, este escribidor asume la responsabilidad que pueda corresponderle al errar frente a la máquina de votación, pero le duele haber perdido el voto en medio de esa marabunta que es el proceso electoral.

II
Con emoción y voluntad, por el sentimiento de libertad, por el apoyo de gente como usted amable lector, debemos los venezolanos asumir el reto de iniciar desde una mayoría parlamentaria los pasos necesarios para restaurar la democracia y devolver el bienestar a nuestro pueblo luego de 17 años de políticas económicas perversas, destrucción del aparato agroindustrial,  despilfarro del dinero público, persecuciones y delitos inventados con fines políticos y…pare usted de contar.
 
Es un duro camino por hacer cuando hasta los cimientos morales han sido destruidos y banalizados y la educación echada al cesto de la basura, donde encontraremos muchas piedras y obstáculos porque el mal es poderoso, además de cobarde, y hará todos los esfuerzos para imponerse hegemónicamente a cualquier precio con el control del resto de los Poderes Públicos, incluso desconociendo a la propia constitución mediante aparente actuaciones democráticas; y en esa ruta habrá que reconstruir el país, expulsar odios y divisiones, devolverlo al lugar que ocupara en el concierto de las naciones -más allá de grupetines populistas dependientes del petróleo venezolano- y traer de nuevo a los venezolanos hacia una buena y mejor calidad de vida, con igualdad de oportunidades, sin revanchas ni triunfalismos, con proyectos legislativos viables y adaptados a las nuevas realidades.
 
Ojalá que este renacer democrático incluya dentro de su agenda política y su plan de acción una reforma integral del sistema electoral venezolano para adaptarlo a las prácticas democráticas y a la tecnología moderna y con ello se ponga fin a los vicios denunciados en la primera parte de la reflexión.
 
Así lo propone expresamente este escribidor a la nueva AN que se instalará el 5 de enero de 2016.
 

HUÉSPEDES DE HONOR

Informan los medios (http://www.lapatilla.com/site/2015/12/04/expresidentes-latinoamericanos-evocan-carta-de-almagro-al-llegar-a-caracas/) que 6 ex presidentes latinoamericanos, por invitación de la oposición venezolana, sirvIeron como acompañantes en las elecciones para el Poder Legislativo. 

Se trata de Andrés Pastrana (Colombia), Jorge Quiroga (Bolivia), Mireya Moscoso (Panamá), Luis Alberto Lacalle (Uruguay) y los costarricenses Laura Chinchilla y Miguel Ángel Rodríguez, todos ellos miembros de la Iniciativa Democrática de España y las Américas (Idea).

También estuvieron para la misma fecha y por el mismo motivo el ex Presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero y el ex mandatario panameño Martín Torrijos; y virtual y espiritualmente Felipe González, ex Presidente del Gobierno español.

La visita de ese elenco de personalidades tuvo por objeto acompañar en el proceso electoral y durante la jornada de votaciones, pero lo que es importante, al menos para este escribidor, es que todos esos visitantes ostentaron la jefatura de gobierno en sus respectivos países por la voluntad popular, se comportaron como demócratas, cumplieron los mandatos para los cuales fueron electos sin pretensiones hegemonistas ni reeleccionistas y posteriormente entregaron sus cargos a quienes a través del voto les
sucedieron.

Gobernaron sin exclusiones, sin crear divisiones ni fomentar odios entre seguidores y adversarios, con aciertos y errores, buscando el bienestar de sus ciudadanos y hoy pueden, con la frente en alto y la mirada firme, recorrer el mundo en libertad, sin paranoias o temor a represalias por parte de una víctima opositora o conturbados ante la posibilidad de que algún juez de cualquier país les sorprenda con una orden de extradición o de captura por delitos de lesa humanidad o contra los DDHH.

Gracias, distinguidos huéspedes. Ustedes honraron a Venezuela con su presencia.  

EL “TEST” DE DEMOCRACIA

En reflexiones anteriores, e incluso en otros artículos, este escribidor se ha referido a la Carta Democrática Interamericana (“CDI”), ese documento de la OEA que declara que los pueblos de América tienen derecho a la democracia, y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla.

Hoy este escribidor trae de nuevo a colación el tema porque la memoria de los pueblos es corta. Se olvidan derechos, hechos y acciones pasadas y, a veces, se le da importancia a elementos que si bien son fundamentales para la existencia del régimen democrático, se les utiliza como el único factor que determina si un sistema de gobierno es o no democrático y, tal es el caso de los procesos eleccionarios, cuando torticeramente se afirma que un gobierno es democrático por el solo hecho de haber surgido de las urnas.

Ello es falso. Un gobierno puede haber surgido por el voto popular y, posteriormente, haber abandonado las prácticas democráticas, con lo cual perdió su condición. Podrá haber nacido del voto y luego convertido en dictadura, con lo cual ha perdido toda legitimidad.

Por ello, la CDI incorporó los elementos fundamentales de la democracia representativa, los componentes fundamentales de su ejercicio y los elementos fundamentales para la democracia, o sea, el “test” de democracia.

Con respecto a los elementos esenciales de la democracia representativa, señala:

–     El respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales;
–     El acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho;
–     Elecciones periódicas libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto;
–     Régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y
–     Separación e independencia de los poderes públicos.
 
En cuanto a los componentes fundamentales del ejercicio de la democracia, expresa:
–     Transparencia de las actividades gubernamentales;
–     Probidad;
–     Responsabilidad gubernamental en la gestión pública;
–     Respeto por los derechos sociales;
–     Libertad de expresión y de prensa.
 
Como elementos fundamentales para la democracia, considera:
–    La subordinación constitucional de las instituciones del Estado a la autoridad civil legalmente constituida; y
–     El respeto al estado de derecho de todas las entidades y sectores de la sociedad.
 

Si un Estado cumple con el “test”, en su territorio impera una democracia en la que sus habitantes felizmente disfrutan de un régimen de libertades y de un estado de derecho. Ahora bien amigo lector, si, por el contrario, usted aplica el “test” y el Estado no llena algunos de los elementos indicados, se encontrará usted, por desgracia, ante una dictadura.

ZAPATA Y EL SABER GANAR O PERDER

Desde nuestra más tierna infancia nos enfrentamos al ganar y perder. Como infantes, nos sentimos jubilosos cuando nos imponemos sobre otros iguales a nosotros, pero cuando perdemos, adoptamos posiciones beligerantes, acusamos a nuestros adversarios de tramposos, les negamos el mérito y hasta lloramos de rabia, o de dolor, por negarnos a aceptar la derrota.

A medida que crecemos, ese conflicto se va moldeando cuando  competimos y asumimos con mayor madurez tanto el triunfo como la pérdida; y llega un momento de sensatez adulta en el que sabemos que, en una confrontación, alguno gana y otro pierde, aceptando con gallardía la suerte buena o mala que nos haya tocado.

Eso se repite en la política. En los años de la República civil, los adecos -así se llamaba a los partidarios de Acción Democrática- inicialmente adoptaban la posición de niños malcriados cuando perdían en las elecciones populares, pero con una buena intuición política, se conformaban a decir: “Ahora es que van a saber dónde somos buenos, en la oposición”, con lo cual aceptaban el resultado con esa leve respuesta que no pasaba de ser algo bufa.

Con el transcurso del tiempo y con la llegada al poder de ese tal socialismo del s. XIX, el tema de ganar o perder no ha sido fácil, pues hasta en alguna oportunidad en que el pueblo dio un rotundo NO en un torticero referéndum en 2007, el perdedor final, el fallecido ex Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, aplicó al resultado un calificativo escatológico. Mal perdedor era.

Pues bien, ahora que el pueblo se ha pronunciado en las recientes elecciones parlamentarias, la parte perdedora -ganadora de todos los comicios a partir de 1998 a excepción del mentado referéndum- no ha tardado en comportarse como infantes y, delirantemente, han ejercido el derecho a pataleo en todas sus formas; y esto es preocupante porque revela la falta de madurez política y de voluntad democrática pues, en lugar de aceptar gallardamente el segundo lugar, invocan toda suerte de argumentos, triquiñuelas y demás galimatías para negar la victoria del ganador.

Esto recuerda a este escribidor al gran Pedro León Zapata cuando, a raíz del resultado del referéndum de 2007, graficó en un Zapatazo lo siguiente:

“Dudo mucho que gente que nunca ha sabido manejar la victoria (que es tan fácil) aprenda de repente a manejar la derrota (que es tan difícil)”.

Magnífico Zapata.

 

VENEZUELA: DE NUEVO EN EL ÚLTIMO LUGAR

En el Rule of Law Index 2015 (Indice de la Regla de la Ley 2015) que World Jurist Project® (WJP) ha publicado (http://worldjusticeproject.org/), repite Venezuela con una deprimente ubicación, esta vez en el último lugar, tanto a nivel regional como mundial.

En efecto, dentro de 19 países americanos examinados, ocupa nuestro país el lugar 19, seguido de Bolivia (18), Honduras (17), Nicaragua (16) y Guatemala (15) ; y entre 102 del mundo, figura en el último puesto, es decir, el 102, quedando por debajo Afganistan (101), Zimbawe (100), Cambodia (99) y Pakistan (98).

Derivado de las normas internacionalmente aceptadas, la definición del Proyecto Mundial de Justicia del Estado de Derecho es un sistema en el que se acogen los cuatro principios universales siguientes:

–     El gobierno y sus funcionarios y agentes, así como las personas y las entidades privadas son responsables ante la ley.
–      Las leyes son claras, públicas, estables y justas; se aplican de manera uniforme; y protegen los derechos fundamentales, entre ellos la seguridad de personas y bienes.
–     El proceso por el cual las leyes se promulgan, administran y hacen cumplir es accesible, justo y eficiente.
–    La Justicia se administra oportunamente por jueces neutrales competentes, éticos, y que son independientes, contando con los recursos adecuados, y reflejan la composición de las comunidades a las que sirven.
 

Estos cuatro principios universales se desarrollan en los siguientes nueve factores de la Regla WJP del Índice de Ley, que mide el estado de derecho es experimentado por la gente común en 102 países de todo el mundo.

Esos factores utilizados son:

–  Restricciones sobre las facultades de Gobierno.
–  Ausencia de la Corrupción
–  Gobierno Abierto
–  Derechos fundamentales.
–  Orden y Seguridad.
–   Cumplimiento Regulatorio.
–   Justicia civil.
–   Justicia penal.
–   Justicia Informal.
 

Como se observa, no se trata de un improvisado trabajo sino el producto de una serie de investigaciones que se realizan conforme a las Reglas y que, una vez estudiadas, dan por resultado las estadísticas y cuadros de ubicación como el  Rule of LawIndex 2015,  en el que Venezuela aparece situada en el último lugar, a larga distancia -años luz (?)- de Dinamarca (1), Noruega (2), Suecia (3), Finlandia (4) y Holanda (5).

WJP fue fundada en 2006 y  tiene oficinas en Washington, DC, y Seattle, WA, USA.; y persigue avanzar en el Estado de Derecho en todo el mundo como instrumento para reducir la corrupción, combatir la pobreza y la enfermedad, y proteger a las personas de las injusticias grandes y pequeñas.  

Deja un comentario