Al doctor Juan
Martín Echeverría, ministro de Justicia entre 1977 y 1979, durante la República
Civil. In memoriam.

 

LA DEFENSORÍA DEL PUEBLO

            La Defensoría del Pueblo  -institución que en Suecia se conoce como Ombudsman– no es lo mismo que la Defensoría del “puesto”, despectivo calificativo que se aplica cuando un organismo de esa naturaleza está bajo el control de mujiquitas y  sigüies en preservación de su cargo.
           
Se trata, como se expone en Wikipedia, de una de las instancias del Poder Ciudadano de Venezuela en conjunto con el Ministerio Público y la Contraloría General de la República, y cuya  finalidad es la promoción, vigilancia y defensa de los Derechos humanos (DDHH) en el país.
 
El titular de la Defensoría es el Defensor del Pueblo, quien se encarga de velar por el buen funcionamiento de la instancia, siendo elegido por la Asamblea Nacional por un período de 7 años.
 
La función de la Defensoría es “Ser un órgano comprometido a lograr el pleno reconocimiento y protección de la dignidad de todas las personas, fundamentalmente de aquellas en situación de discriminación, marginalidad y vulnerabilidad”; y su visión es concebida así:
           
 
La Defensoría del Pueblo, como órgano integrante del Poder Ciudadano, que forma parte del Poder Público Nacional, tiene a su cargo la promoción, defensa y vigilancia de los derechos y garantías establecidos en la CRBV y en los instrumentos internacionales sobre DDHH, además de los intereses legítimos, colectivos o difusos de los ciudadanos y ciudadanas dentro del territorio, y de éstos cuando estén sujetos a la jurisdicción de la República en el exterior”.
 
Todo esto suena muy interesante a la luz de la academia y de los textos jurídicos; pero en la realidad, la Defensoría del Pueblo, al menos en Venezuela, presenta una deplorable imagen que la ha convertido en noticia no muy meritoria en el contexto latinoamericano.
 
En efecto, según nota de El Universal, de Caracas, el Subcomité de Acreditación del Comité Internacional de Coordinación de las Instituciones de Derechos Humanos ha expresado que  el silencio ante el retiro de Venezuela de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), ante las amenazas contra dirigentes sindicales, frente a los juicios a civiles en tribunales militares y las detenciones de dirigentes opositores constituyen para Naciones Unidas evidencias de que la Defensoría del Pueblo en Venezuela es un apéndice del gobierno; y, ante esas circunstancias, recomendó quitar la categoría “A” que ostenta este órgano por considerar que tanto su acción como omisión «repercute en la imparcialidad e independencia» de ese organismo y, por ende, «ha visto comprometida» su misión de «promoción y protección de los Derechos Humanos«.
 
Asimismo y quizá como consecuencia de algunas medidas adoptadas por el actual Defensor para cumplir con su misión pese a que su gestión aún no ha sido evaluada, como él mismo ha afirmado públicamente, la instancia interamericana rechazó degradar a la Defensoría de manera inmediata y le dio hasta 2016 para «demostrar» que «es independiente y está preparada para hablar alto y claro en relación con las principales cuestiones de Derechos Humanos en Venezuela«; pero a la vez exhortó al Defensor para que se pronuncie «de un modo equilibrado, sin prejuicios, objetivo e imparcial para demostrar que la Defensoría es independiente y se preocupa por la promoción y protección de los derechos de todas las personas en Venezuela«, advirtiéndole finalmente que, de lo contrario, le rebajará la calificación y con ello perderá la voz y el voto que tiene en la ONU.
 
Como se observa, la Defensoría del Pueblo es una importante  institución democrática con fundamento constitucional y antecedentes en el derecho internacional que sirve para defender al pueblo de los atropellos o desmanes de un gobierno, de manera
acorde con su “visión” y su “misión”. Por ello, es inadmisible que mujiquitas y sigüies se apropien de ella para ponerlas al servicio del mandón de turno, de donde es claramente entendible que el organismo internacional haya optado por una “prórroga” a la Defensoría del Pueblo antes de descalificarla inmediatamente.
 
Por cierto, sigüí es un americanismo cuyos sinónimos son: Adulador, pelota. El
plural admite sigüís o sigüíes.
 
 

INSACIABLE DEMANDA DE DÓLARES Y UNA CRISIS DE CONFIANZA”  Y  GUERRA ECONÓMICA

 
Según El Nacional, de Caracas, el banco de inversiones norteamericano Jefferies ha asegurado en su informe más reciente que en Venezuela existe una “insaciable demanda de dólares y una crisis de confianza”.
 
Explica al efecto que son escasos los indicadores económicos  y los pocos que hay muestran una profundización de la crisis económica. Prueba de ello, dice, es el deterioro de la tasa de cambio que se ha alejado de la del Sistema Marginal de Divisas, el SIMADI.
 
Añade que esta situación coincide con una caída “agresiva de las reservas en divisas ante la ausencia de cualquier vía adicional de financiamiento”. Asegura que la inflación para el sector privado ha empeorado y está sobre 100% en los últimos doce meses, con lo cual refiere que existe el riesgo de que la crisis de escasez empeore una vez que los inventarios de los establecimientos comerciales y de los hogares comiencen a disminuir y esto se traduzca en una inflación “incluso más alta”.
 
Para este escribidor se trata de una fase -una batalla- de la guerra económica, esa contienda permanente entre el libre mercado y la economía dirigida en la cual son las leyes del mercado las que van marcando la pauta y que apuntan a que se impondrá al final del conflicto, cuando las rígidas amarras de los controles se develen y caigan de forma tan estrepitosa que no lo evitará ni el «Mapa de la Guerra Económica dirigida desde el Imperio Gringo» que se elabora en el Ministerio de Comercio, según Nelson Bocaranda en su leída columna de El Universal.
 
La insaciable demanda de dólares no es algo orquestado por quienes creen o comparten las ideas del libre mercado, puesto que cada uno es libre de hacer lo que quiera, incluso dentro de la economía dirigida, como para comprar con ansia dólares al precio que sea, para ahorrar como el mejor padre de familia o para pagar los insumos importados que pueda requerir; y la crisis de confianza tampoco es algo orquestado por el libre mercado sino que, ante la escasez y la inflación generada por la economía dirigida, todo el mundo tiene el derecho de satisfacer sus necesidades y las de su familia, así como proteger su patrimonio.
 
Por cierto, Guillermo García N., en El Universal, de Caracas, publicó un artículo denominado: “¡Un tsunami económico se aproxima!”  y Fernando Mires, en una columna titulada “La vía cubana al capitalismo” en PRODAVINCI, concluyó:
 
 “Lo cierto es que hasta ahora todas las vías proclamadas para la construcción del socialismo han culminado en la construcción del capitalismo donde este no existía, o existía sobre fundamentos muy primarios”.
 
Llámesele como sea, será el fin de la guerra económica.
 
 

EL VALLE DE LOS CAIDOS DE AYER Y LAS CARCELES PARA LOS PRESOS DE HOY EN VENEZUELA

 
No se refiere este escribidor a ese lugar paradisíaco adonde van a parar los gobernantes indeseables, en vez de dar con sus huesos en una prisión, para disfrutar confortable y generosamente del dinero mal habido mientras sueñan con lo que debieron haber hecho para no ser derrocados y con las acciones que tomarán en su iluso “come back” al poder. 
 
Al contrario, se trata del Valle de los Caídos, o Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, esa monumental obra ejecutada durante los años de El Caudillo, cercana a otra no menos majestuosa, El Escorial de Felipe II.
 
El 31 de mayo de 2015, Alberto Bárcena, Profesor de San Pablo CEU, ha publicado en La Razón, de España, un artículo bajo el título de “Así era la vida de un preso” en ese imponente lugar religioso que por años fue considerado, como  expone el autor, “[…] monumento emblemático del franquismo presentado habitualmente como campo de concentración, lugar de oprobio y dolor donde supuestamente miles de presos políticos del bando republicano habrían sido víctimas de agotadores trabajos forzados y malos tratos sistemáticos por parte de los vencedores de la Guerra Civil […]” cuando lo cierto es, según la tesis del autor, que los presos “[…]llegaron en aplicación de una figura jurídica creada por el propio Franco en plena guerra: la redención de penas por el trabajo, también denostada sistemáticamente por los enemigos del franquismo”.
 
No se trata en esta reflexión de compartir o confrontar la investigación llevada a cabo por Bárcena, sino poner de relieve ciertos hechos acaecidos durante el levantamiento de esa magnífica obra por los reclusos entre 1940 y 1958, y compararlos con otros que acontecen en los centros de detención venezolanos y el tratamiento aplicado a los presos a la luz de las noticias -hechos públicos y notorios- que circulan en los medios.
 
Bárcena relata dos aspectos importantes respecto a la remuneración y a las condiciones de trabajo:
 
En primer lugar los «esclavos» de Franco cobraban idénticos jornales a los percibidos por los trabajadores libres que representaban la mitad aproximadamente del personal empleado en aquellas obras. Sus condiciones de trabajo eran igualmente idénticas en cuanto a horarios, destajos, horas extraordinarias y beneficios sociales. Condiciones que iban cambiando rápidamente en beneficio de trabajador durante los primeros años de la construcción”.
 
Continúa Bárcena:
 
En cuanto a la alimentación, era también la misma que recibían los trabajadores. Así se acredita insistentemente por las declaraciones que mensualmente enviaban las empresas al Consejo a fin de recibir los víveres del jefe de abastecimientos de Madrid. Hubo al principio etapas difíciles, en la época de las cartillas de racionamiento –como en el resto de España– pero en general los trabajadores del Valle, libres o penados, estuvieron mejor alimentados que los habitantes de muchos pueblos españoles de la época. Sobre todo a partir del establecimiento del economato obrero al frente del cual se encontraba, por cierto, uno de los antiguos presos. Los precios allí eran muy inferiores a los que alcanzaban los mismos productos en los pueblos de la zona”.
 
Y de allí salta el investigador al establecimiento de las familias de los trabajadores en los poblados obreros del Valle, e incluso determinó la existencia de una escuela donde estudiaban, obligatoria y gratuitamente, todos los niños de aquellas familias. Es más, resalta que “[…] en los meses de verano la población crecía considerablemente a causa de la llegada de parientes y amigos que aparecían para pasar allí las vacaciones de verano[…]; y que “[E]n el Valle hubo bodas, bautizos y primeras comuniones celebradas en la capilla del Sagrado Corazón del poblado central”.
 
Para Bárcena, […] la documentación revela la realidad de una vida completamente normal; la que podía encontrarse en cualquier pueblo de la España rural de la época. Y mejor que muchos de ellos. Esto es lo que se descubre al estudiar todo ese ingente conjunto documental. Pero también hay documentos que por sí solos rompen varios de los mitos de la leyenda negra. Por ejemplo los que demuestran que después de ocho años de obras, oradado ya el Risco de la Nava, no se había producido un solo accidente mortal.
 
Luego de leer estos párrafos podría concluirse en que las condiciones de los presos del franquismo, esa oprobiosa dictadura del s. XX, eran mejores que las que hoy, en la moderna -¿?- Venezuela, afectan a los establecimientos carcelarios y a quienes los ocupan, los presos. En efecto, es un hecho público y notorio, basta ver los innumerables videos y fotos de sus cárceles que circulan por la red, para darse cuenta de las deplorables condiciones de vida en esos centros que, según dicen los entendidos en criminología, tienen por objeto reeducar al delincuente y devolverlo a la sociedad.
 
Los presos, por tanto, son víctimas del propio sistema carcelario que conduce a vivir en condiciones infrahumanas, sin sentencias firmes, en hacinamiento y a riesgo de resultar herido en una trifulca o asesinado por otro recluso, si no cuenta con la protección de un pran.
 
En cuanto a los presos políticos -porque como se ha visto en el estudio de Bárcena en el reclusorio convivían pacíficamente detenidos comunes y políticos- es también público y notorio que estos últimos se encuentran privados de libertad por órdenes de mujiquitas a  empíricos leguleyos capeados de toga y birrete que dirigen sainetes de pacotilla para cubrir las apariencias de procesos judiciales, que hasta se permiten mantenerlos en incomunicados de otros y con prohibición de ser visitados por sus familiares, en descarada y pública violación de los DDHH y bajo la mirada cómplice de la comunidad internacional.
 
Dice Bárcena al concluir su artículo:
 
Uno tras otro, los mitos urdidos sesgadamente sobre la construcción del monumento van cayendo a la luz de las fuentes primarias”.
 
Ojalá que las realidades de las cárceles venezolanas y la situación de sus reclusos -comunes y políticos- fueran al menos como la que revela Bárcena a través de su investigación y no aquella tan llena de mitos que se ha atribuido por años a la construcción del Valle de los Caídos.
 
 

EL INTRUSISMO

 
De acuerdo al DRAE, el ejercicio de actividades profesionales por persona no autorizada para ello se denomina intrusismo, y deriva de intruso que  se aplica a alguien que se ha introducido sin derecho.
 
En esta oportunidad este escribidor se va a referir a una institución que, debiendo ser majestuosa y sobria en su comportamiento, se ha convertido en una intrusa que practica el intrusismo: La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (SC-TSJ).
 
En efecto, la SC-TSJ ha dictado varias sentencias que modifican leyes, es decir, actos legislativos propios del Poder Legislativo y luego ordena su publicación en la Gaceta Oficial advirtiendo que esos fallos tienen carácter vinculante, es decir, obligatorios.
 
Sólo para citar algunos casos:
 
En la coloquialmente conocida como la sentencia “Vargas”,  la SC-TSJ inventó un procedimiento donde no existía con el deliberado propósito de facilitar el divorcio previsto en el artículo 185-A del Código Civil y de esa manera facilitar al demandante la liberación de la pesada carga de su matrimonio.
 
En otro fallo, de reciente data, resolvió modificar el Código de Comercio y eliminó la mayoría requerida para solicitar la convocatoria de los accionistas de una sociedad
para una Asamblea, de manera que ahora un solo accionista puede hacerlo, facilitando el que cualquier hijo de vecino que posea una acción puede hacerlo, lo que se traducirá en un eventual trastorno de la actividad de los órganos de administración de una sociedad de comercio. Y hasta para someter a los administradores a chantajes.
 
En otra sentencia de estos días, la SC-TSJ ha determinado que las causales de divorcio previstas en el artículo 185 del Código Civil no son taxativas, con lo que uno de los cónyuges puede alegar como motivo de divorcio cualquier causa que le venga en gana.
 
Eso es intrusismo. Es más, intrusismo legislativo ejecutado por un intruso judicial aun cuando se fundamente en el ya manido principio constitucional de la igualdad.
 
Si algún mujiquita pretende deducir de estas líneas un atisbo de ataque a la SC-TSJ, el ilustre y fallecido jurista Luis Loreto decía:
 
Murmurar de los jueces es un crimen. Criticar sus decisiones en público con justas e ilustradas razones,  es elevada función ciudadana”.
 
 

¿DÓNDE QUEDÓ EL HOMBRE NUEVO CUBANO?

 
En un Especial para BBC Mundo, titulado Por qué Cuba no logró crear el «hombre nuevo» que prometió el Ché, la bloguera cubana Regina Coyula comienza por referir que la perspectiva de un ser humano generoso, laborioso, culto y educado se constituyó en 1959 en una de las premisas más atractivas de la revolución cubana para un Tercer Mundo ansioso de paradigmas.
 
Ese Hombre Nuevo -afirma Regina- sería el resultado de escuelas nuevas que como cuna de nueva raza, con la combinación marxista y martiana del estudio y el trabajo, forjarían una personalidad ajena a los lastres de la educación burguesa”; y agrega:
 
Elaborado en serie, antepondría los intereses colectivos y tomaría el futuro por asalto para construir la sociedad superior”.
 
Regina hace una conclusión en la que califica que esas afirmaciones del régimen cubano son “retórica atractiva” y “producto de magníficas relaciones públicas internacionales que nunca han faltado a este gobierno a lo largo de 56 años”, para finalmente formular una pregunta concreta:
¿y el Hombre Nuevo?
 
Para ella, la el primer intento revolucionario para dar vida a ese hombre fue el establecimiento de un sistema educativo orientado a barrer el pasado por lo que se recurrió a la devaluación de los viejos maestros y la  formación de nuevos maestros, cada vez más jóvenes e improvisados, todo bajo la supervisión directa del Comandante en Jefe,
que decidía además que esos maestros impartirían todas las asignaturas.
 
Esta situación, según la comentarista, ocasionó “[…] un preocupante número de profesionales universitarios con errores ortográficos, y ojalá la ignorancia de un médico o de un ingeniero solo tenga que ver con asuntos de ortografía. Muchos de estos profesionales balbucean ininteligiblemente por su mala dicción o leen haciendo pausas y equivocándose, pues ni leer de corrido logran”.
 
Para concluir, sentencia que todo ello fue “ […] el resultado de maestros apresurados y padres también formados por maestros apresurados”.
 
La respuesta de Regina no puede ser más decepcionante porque expone con meridiana claridad el fracaso de un sistema que ha mantenido en la ignorancia y en la esclavitud a un pueblo entero, ocasionando daños inimaginables a varias generaciones:
 
Pero, ¿y el Hombre Nuevo? Nunca llegó a cuajar en ninguna Secundaria o Preuniversitario en el campo, donde la convivencia tuvo más que ver con el matonismo carcelario que con el altruismo comunista.
 
Los hijos de aquellos egresados del experimento estudio-trabajo que se quedaron en Cuba, aprendieron a diferenciar el discurso público y la opinión privada, a decir que sí pensando en otra cosa…
 
A nuestro Hombre Nuevo el concepto de libertad no le dice gran cosa, pero sus ojos se animan cuando le hablan del último “Áifon”, se anota subrepticiamente en la lotería de visas con la esperanza de ganar y ha adoptado como filosofía de vida la
divisa de una cadena de tiendas en divisas: lo mío primero
”.

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