“Adequizar”

En las Reflexiones a Últimos de Agosto de 2014, comentaba este escribidor que, luego de consultar con el DRAE, pudo determinar que en ese libro no está registrado el verbo adequizar, ni adequisar, por lo que preguntaba:

¿Sabrá alguien cuál es el significado de tan curioso verbo?

Pues bien, otro apreciado escribidor, abogado de oficio y, además amigo, el doctor Antonio Itriago, tuvo la iniciativa de dar respuesta a la pregunta, y lo hizo en los siguientes términos:

Como lector asiduo de tus REFLEXIONES, te informo que ADEQUIZAR sí figura en el Diccionario; pero no en el académico (o DRAE, el acrónimo que utilizas y recomienda la RAE), sino en elDiccionario de americanismos; esa «amable» concesión que nos dio la docta academia a quienes nacimos en estas tierras del Señor.

Te transcribo esa y otras entradas conexas.

Un saludo muy cordial.
 
Antonio Itriago M.
 
Adeco, -a (De AD, Acción Democrática, partido político venezolano) 
I.1. sust/adj. Ve. Seguidor o simpatizante del partido político Acción Democrática)
2. Adj. Relativo a ese partido.  adequismo. (De adeco).
I.1. m. Ve. Doctrina del partido Acción Democrática. adequización. (De adeco).
I. 1. F. Ve. Adquisición de las características y actitudes de los militantes del partido Acción Democrática.  
pop + cult =  espon  desp.
2. Ve. En la empresa pública, exigencia de fidelidad, especialmente a los empleados, a la ideología de Acción Democrática. 
 pop + cult =  espon desp.  adequizar(se). (De adeco).
I. 1. tr. Ve. Convertir a alguien en un adeco.
2. intr.. prnl. Ve. Convertirse alguien en un adeco.
3. tr. Ve. Dirigir una empresa o una institución siguiendo la ideología del partido Acción Democrática.
4. Ve. Colocar alguien a un gran número de adecos en cargos de una empresa o de una institución”.
 
Gracias a Antonio por tan importante información.

 

 

Algo de clientelismo y corrupción en la República civil

Luis Betancourt Oteyza, ha hecho llegar a este escribidor unos comentarios que envió a José Rodríguez Iturbe, y que ha puesto a circular entre amigos a través del correo electrónico. Allí expresa que el clientelismo y la corrupción fueron los males cardinales que redujeron a los grandes partidos AD y COPEI al estado en que los encontró el asalto chavista.

Luego de esta indiscutible afirmación, pues en efecto el clientelismo y la corrupción dieron al traste no solamente con AD y COPEI como partidos mayoritarios, sino con las instituciones de la República Civil, las cuales, menguadas, se derrumbaron cual afectadas por un cataclismo para dar paso a la Asamblea Constituyente y sus inconstitucionales decisiones de la época, como la llamada reestructuración del Poder Judicial.

Pero lo interesante de la opinión de Betancourt es la referencia a dos fantasmagóricos entes: uno, el “Tribunal de Ética” de AD para juzgar moralmente al ex Presidente Carlos Andrés Pérez y a otros miembros del partido por su actuación en el “affaire” del Sierra Nevada, un barco frigorífico adquirido durante su primer gobierno y que luego nadie quiso utilizar hasta dejarlo convertirse en chatarra; y el otro, la “Comisión de Honor” de COPEI, para “taparear” -Betancourt dixit– a aquellos copeyanos que habían obtenido, ilegal y delictualmente, beneficios económicos, o de otra índole, para ellos o relacionados.

En realidad, el Tribunal de Ética y  la Comisión de Honor solamente se constituyeron en función de los grupos clientelares mayoritarios dentro de ambos partidos y se limitaron en algunos casos a absolver a unos y condenar a otros con miras simplemente a aparentar campañas cuasi dogmáticas de las dos organizaciones políticas cual honestos y desapegados cruzados medievales, cuando en realidad su objetivo era captar adeptos y descalificar a adversarios.

A estos tristemente célebres órganos, si es que se les puede llamar así, habría que agregar el inconstitucional Tribunal Superior de Salvaguarda del Patrimonio Público, rimbombante título para lo que debía ser una institucional judicial seria que, aparte del número de sentencias que pudo haber dictado, se le recuerda fundamentalmente por la condena a un ciudadano chino por un caso de corrupción y que, coloquialmente, se le conoce como el “chino de Recadi”.

Pero lo que debe quedar bien claro es que las instituciones son regidas por hombres, y en consecuencia, falibles, prestos a equivocarse y hasta enmendar errores, por  lo que la democracia, como tal, no puede ser descalificada y, hasta el presente sigue siendo el mejor sistema de gobierno desde los tiempos helénicos de Platón y Aristóteles, a pesar de las objeciones que le ha formulado Hannah Arendt al afirmar que en la democracia el ser humano se siente gobernado al carecer de la posibilidad directa de una participación directa en el poder público.

En todo caso, si aquellos hombres que intentaron beneficiarse del clientelismo y la corrupción en Venezuela, en lugar de ejercer dentro de sus partidos la dictadura unipartidista, hubieran actuado como auténticos demócratas escuchando a sus representados y aplicando rigurosas políticas públicas transparentes y designando jueces imparciales e independientes, la República Civil hubiera sobrevivido.

La guerra «bacteriológica», un episodio de la guerra «económica»

«Si queremos tener bastantes pastos y tierras de labor, ¿tendremos necesidad de usurpar algo a nuestros vecinos y nuestros vecinos harán otro tanto con nosotros, si traspasando los límites de lo necesario, se entregan como nosotros al deseo insaciable de enriquecerse?» «¿haremos pues la guerra en pos de esto?» «Hemos descubierto nosotros el origen de este azote, que cuando descarga, acarrea funestos males a los estados y a los particulares.» Sócrates

Se ha alertado al país, y al mundo, del inicio de una guerra “bacteriológica” en Venezuela, acusándose a personas que disienten del sector oficial como los iniciadores de ese episodio bélico.

Este escribidor no comparte esa acusación, y dentro de los conceptos democráticos de disentir y expresar públicamente su opinión, lo hace en los siguientes términos:

La guerra, una de las más antiguas de todas las relaciones internacionales, supone el enfrentamiento organizado de grupos armados con el objeto de controlar los recursos naturales o humanos de una región, o para imponer algún tipo de ideología o religión, llegando incluso hasta la destrucción del adversario.

La guerra no constituye un solo episodio, sino que se dan batallas, a veces innumerables, es decir, combates entre los contendientes de cada parte, en la cual uno tratará de derrotar al otro; pero el hecho de salir victorioso en ella, no quiere decir que el ganador obtuvo la victoria final.

Pues bien, la guerra económica es una forma de conflicto bélico, porque se trata del enfrentamiento de dos sistemas económicos: el de la economía libre de mercado y la economía dirigida; y, en Venezuela, se está dando esa guerra, con distintas batallas y, una de éstas es la ficción de la llamada guerra “bacteriológica”, iniciada con el objetivo de montar una pugna mediática en la cual el adversario sería algún desalmado extremista opositor capaz de desatar una epidemia.

Probablemente la pugna “bacteriológica” la gane quien anunció esa batalla, pero la conflagración entre libre mercado y  economía dirigida continúa.

En este sentido, las palabras de Luis Vicente León (http://www.eluniversal.com/opinion/140921/jugando-playstation)  dibujan claramente el enfrentamiento de la guerra económica:

El haberse emperrado (el gobierno) con un modelo fracasado lo explica claramente. Ha convertido la economía en juego de Playstation donde le dispara al mostrico que tiene más cerca a punto de comérselo, mientras el resto de la pantalla está repleta de nuevos monstruos que le salen por segundo ya los que sólo podrá disparar cuando termine con el primero y después con el segundo y así sucesivamente. Sin una estrategia integral, esa batalla cuerpo a cuerpo está condenada a fracasar”.

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