A José “Pepe” Montañes Laguarda, un valenciano español que hizo de Venezuela su patria. In memoriam.

A propósito de una reflexión.

En las REFLEXIONES A PRIMEROS DE SEPTIEMBRE 2015, este escribidor se refirió en una de ellas al tema de la emigración bajo el título de ¿EMIGRACIÓN, EXILIO O “EXILIO FAMILIAR”?; y trataba de distinguir entre los tres conceptos, es decir, emigración, exilio o “exilio familiar”.

Pues bien, un amable lector tuvo la paciencia de enviar un comentario en la que expresaba que el concepto de exilio se aplica a las personas que, siendo perseguidos políticos, se van del país para evitar ser enviados a una prisión o son expulsados por la autoridad gubernamental y, para fundamentar su afirmación, mencionaba a dos directores de medios de comunicación que, en la actualidad, se encuentran fuera de Venezuela para escapar de las garras de un mujiquita judicial, por orden del régimen.

Finalizaba el lector diciendo que, para no discutir sobre conceptos, lo importante era que, aun siendo diferentes, por encima de ellos resaltaba el deterioro que se le causa al país por la pérdida de talentos, sea emigración, exilio o “exilio familiar”.

Este escribidor coincide en los daños que ocasiona la diáspora venezolana. Numerosos venezolanos, sean por nacimiento o por naturalización o por doble nacionalidad, formados en centros universitarios de relevancia y llenos de conocimientos han optado por marcharse a otras tierras, unos solos y otros con su núcleo familiar inmediato, donde han ingresado al mercado de trabajo para, junto con los naturales de los países que los han acogido, generar producción y riqueza que se convierta en calidad de vida para ellos y su entorno. “Somos un país en desalojo […]”, ha declarado el periodista Eduardo Rodríguez el 14 de septiembre de 2015 a Iván Zambrano, en “El Nacional”.

Por tanto, quien se ausenta del país por las razones apuntadas en la reflexión puede ser considerado en cualquiera de las tres formas indicadas, pero la importancia radica en que, con la diáspora, Venezuela pierde talentos y se aleja cada día más del progreso cuando, hasta finales del s. XX era el país receptivo de inmigrantes en la América Hispana, como ha dicho la escritora Isabel Allende a María Alesia Sosa Calcaño (@MariaAlesiaSosa) el 28 de agosto de 2015:

“Venezuela siempre fue un país que recogió gente, que acogía a los que venían de otros países escapando de la violencia, la miseria, y de las dictaduras. Venezuela era el país que tenía las puertas abiertas siempre, y ahora les toca a ellos irse”.

Quiera Dios que el Libertador Simón Bolívar se haya equivocado cuando en carta del 9 de noviembre de 1830 al general Juan José Flores, le decía:

“Vd. sabe que yo he mandado veinte años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1º) La América es ingobernable para nosotros. 2º) El que sirve una revolución ara en el mar. 3º) La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4º) Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 5º) devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6º) Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último periodo de la América”. (Resaltado del escribidor).


Venezuela en el cine y la xenofobia.

 

Algunos films extranjeros, desde hace algún tiempo, vienen haciendo referencias a Venezuela, como antes lo hacían respecto a otros nacionales de México, Colombia o los países centroamericanos.

Así, en “Homeland”, un terrorista ampliamente buscado por la siempre mal recordada CIA se refugia en Venezuela y es “enconchado” por una célula islámica en la tristemente famosa y miserable edificación caraqueña conocida como la Torre de David, la misma que Hubert Klumpner y Alfredo Brillembourg, junto con la oficina Urban-Think Tank, pusieron como ejemplo habitacional en la Bienal de Arquitectura de Venecia, y que les hizo merecedores del famoso León de Oro en 2012. 

En “House of Cards”, un experto en informática radicado en Washington D. C. se escapa del círculo de seguridad de uno de los hombres de confianza del Presidente de los EEUU, que en la serie se llama Francis Underwood, y se marcha a Caracas, donde es localizado por su perseguidor, quien lo ubica en una playa en  la que el otro descansa plácidamente en un yate al son de música tropical.

En “Six Feet Under” se hace un comentario relacionado con el gentilicio de un compatriota cuando una de las protagonistas, Brenda, le comenta con disgusto -palabras más palabras menos- a su novio Nathaniel que “…tendría que tratar con un limpiador de piscinas venezolano que maltrata el idioma inglés”.

Para este escribidor, el que se haga referencia a Venezuela dentro de contextos de espionaje o de terrorismo, no tiene nada de extraño porque se trata de temas vinculados a la política y a la actualidad nacional e internacional, siendo un hecho público y notorio que el país ha sido o está vinculado a redes de espionaje y de terrorismo islámico como comprueba Antonio Salas en su libro “El Palestino”, por citar una sola referencia; pero el que se utilicen expresiones despectivas hacia un imaginario personaje, un inmigrante venezolano, que en fin de cuentas sería un trabajador en busca de mejores condiciones de vida que las que le ofrecería su país, constituye un demostración de una xenofobia disfrazada en un aparente e ingenuo diálogo entre una pareja en un novelado film.

Espera este escribidor que sea un esporádico e infortunado diálogo y no un espejo de las ideas del candidato republicano Donald Trump.  


El linchamiento de los malandros. 

 
Dice una nota de un medio de comunicación que, como muchas otras noches, unos malandros irrumpieron hace poco en un bloque de apartamentos en la ciudad venezolana de Valencia para hurtar neumáticos, baterías y radios de los autos estacionados a la intemperie; pero, un grupo de residentes, furiosos por los delitos semanales y alertados por un vecino, atraparon a uno de los tres hombres, lo desnudaron, lo golpearon con rudeza y lo ataron a un poste de alumbrado público, donde lo apedrearon y rociaron con gasolina.
No hace un mes que agarraron a un malandro aquí en La Candelaria: iba en una moto cuando interceptó a una pareja que iba por la calle, los apuntó con una pistola, y no contento con robarles, les iba a disparar; por suerte el arma no se le disparó”, dijo una testigo de un linchamiento ocurrido el pasado 16 de agosto en ese sector de Caracas. “En eso pudieron tumbar al choro, le cayeron a golpe entre la gente que había y le
quemaron la moto”.
 
A los pocos días, el 21 del mismo mes, por las redes sociales se reportó de la captura y posterior golpiza de tres antisociales en Los Palos Grandes, municipio Chacao, quienes le habían despojado de su bolso a una mujer. Uno de ellos consiguió escapar, mientras que los otros dos -debido a la gravedad de las heridas- fueron llevados a un centro
asistencial en ambulancia.
 
En lo que va del 2015 se han registrado al menos 32 casos de ejecuciones o intentos de agresión contra presuntos delincuentes, con un saldo de 21 personas muertas y 19 heridas, según reporta Alejandra M. Hernández F. en El Universal del 6 de septiembre, lo que significa que los linchamientos o intentos de ajusticiamiento están in crescendo en Venezuela en respuesta a la rampante delincuencia que lo ha colocado, desde hace unos años según estadísticas de la ONU, como uno de los países con la mayor tasa de homicidios en el mundo, y el Departamento de Estado de los Estados Unidos alertó a sus ciudadanos que la violencia es «generalizada» en el país, y destacó en particular el auge de los «robos armados» en Caracas, incluso con rifles de asalto y granadas (Warning  de 18 de septiembre último).
 
A esta deplorable situación delictiva se une la impunidad, pues según  el Observatorio
Venezolano de Violencia y otras agrupaciones de cada 10 criminales atrapados por la policía sólo uno acaba en la cárcel.
 
Para este escribidor, hacerse justicia por sí mismo es una desgraciada acción que trae como consecuencia inmediata una contra acción de represalia. Es la reproducción del principio de la justicia conocido como  la “Ley del Talión”, que se basaba en el “ojo por ojo, diente por diente” cuyos primeros antecedentes se consiguen en el Código de Hammurabi (Babilonia, siglo XVIII a. C.), retomados por el Antiguo Testamento y también por el derecho romano, caídos en desuso desde hace siglos cuando los castigos aun siendo crueles eran regulados.
 
Pero cuando en lo que va del año han ocurrido al menos una treintena de linchamientos o intentos de linchamiento, el asunto no puede verse a la ligera ni pensar que se trata de la escena de “Fuenteovejuna”, la obra del Fénix de los ingenios, el gran Félix Lope de Vega del Siglo de Oro español,cuando el adelantado del rey, tratando de establecer responsabilidades por el linchamiento ocurrido en Fuenteovejuna, pregunta al pueblo:
 
Quién mató al Comendador?
-Fuenteovejuna, señor!
-Y quién es Fuenteovejuna?
-Todos a una, señor!
 
Es necesario  dar respuestas a la sociedad frente al delito y ello le corresponde al Estado a través del sistema de justicia, donde están ubicadas las policías, el ministerio público, los defensores, el sistema judicial y hasta los abogados en su rol de auxiliares de justicia. No hacerlo mediante el castigo adecuado al malhechor, es facilitar una escalada del delito porque tan delincuente es quien intenta cometerlo como quienes se hacen justicia por sí mismos en busca de un castigo para aquel, aparte de que puede generarse un círculo vicioso de violencia ya que los familiares de las víctimas van en busca de venganza o porque los ladrones se arman para evitar ser linchados, y los victimarios pueden hacer lo propio para repeler las agresiones del hampa o sus allegados.

 ¿La corrupción contra las cuerdas?

En Andorra, en meses pasados, se denunció la existencia de ciertas cuentas bancarias relacionadas con pagos ilegales efectuados por empresas españolas a venezolanos vinculados al poder.
 
A principios de septiembre de 2015, la Policía Federal de Brasil acusó al ex ministro de Presidencia José Dirceu, un estrecho colaborador del ex Presidente Lula da Silva, y al ex tesorero del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) João Vaccari por el caso de corrupción en Petrobras, donde se ha calculado que una red llegó a apropiarse de hasta más de  US$ 2.000 millones. La operación Lava Jato (porque el escándalo se descubrió a partir de un lavado de dinero en estaciones de servicio) se había desencadenado un año atrás; y se sumó al llamado mensalão, el otro episodio de corrupción que en 2005 llevó a la cárcel al mismo Dirceu por haber armado una red para sobornar diputados hostiles, lo que originado que el juez Sergio Moro haya pasado a ser el hombre más popular del Brasil cuando detuvo a los más grandes constructores del país y condenado, el 21 de este mes de septiembre, a Vaccari a 15 años y 4 meses de
cárcel por las corruptelas en Petrobras.
 
También en septiembre, los guatemaltecos celebraban la dimisión del general retirado Otto Pérez Molina, acusado por el Ministerio Público y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), de ser uno de los líderes de la red de corrupción “La Línea”, una asociación para delinquir de la cual formaban parte una serie de funcionarios, además de los mencionados, que conjuntamente con particulares cometían ilícitos aduaneros para obtener beneficios económicos ilícitos.
 
En China investigan por corrupción al Presidente adjunto de Comisión Valores por uso de información privilegiada y divulgación de información confidencial, según desveló esta semana la agencia oficial Xinhua.
 
Como se observa, se trata de síntomas concretos de malestar social contra la corrupción y los pueblos están comenzando a pedir justicia -y los jueces independientes a aplicarla, como es el caso de Brasil- lo cual es un adelanto porque demuestra que “el póngame donde haiga” `puede ser superado por valores como el trabajo y la honestidad.
 
Pero el asunto no queda allí y se ha abierto un nuevo frente contra la corrupción, pues la Asociación Mundial de Juristas, una organización que congrega a magistrados, jueces, abogados, profesores de Derecho, procuradores y estudiantes  de más de 110 países, presidida actualmente por Franklin Hoet Linares, está promoviendo un programa para la aprobación de un tratado internacional para la recuperación de dineros provenientes de lavado de dinero, no solo del narcotráfico sino con origen en la corrupción, para ser destinado a un fondo en la ONU para la reconstrucción de países víctimas de estos flagelos.
 
Si la AMJ avanza en su proyecto, como es de esperarse, pareciera que le vienen tiempos difíciles a la corrupción porque ya no se trataría solamente de investigaciones y procesos judiciales, sino de un acuerdo internacional que va más allá del enjuiciamiento y castigo de los responsables, pues lo que se buscaría es la recuperación de los fondos mal habidos y emplearlos en la reconstrucción de los países que fueran azotados por esas plagas. ¿Estará contra las cuerdas?
 

 

 

Un comentario en “Reflexiones a últimos de Septiembre 2015”

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