«La Orden de los Abogados no representa sólo un espíritu, una tradición, días de grandeza y de desgracia; es, ante todo, la conciencia de una responsabilidad colectiva que, en tiempos como los nuestros en que los acusados vuelven sus miradas desesperadas hacia la justicia, es mayor que nunca. La Orden está a la altura de nuestro carácter, de nuestro talento y de nuestras virtudes: soplando juntos al fuego, haremos crecer la llama»  (MOLIERAC, J.; Iniciación a la Abogacía, p. 11).

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