Denuncian turismo electoral en Yucatán
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En Reflexiones 2012-2014 se pronunció este escribidor acerca de la transparencia y su antónimo, la tramparencia, aquella mamarrachada pronunciada por un esfumado mujiquita al que se lo tragó el olvido quien, gracias a su deformación dorsal producto de doblegarse ante el poder, ejerció de Presidente del CNE y la magistratura en el TSJ; y afirmaba este escribidor que el adjetivo transparente, deriva del latín trans– y parens, -entis, tiene varias acepciones en la lengua castellana: dicho de un cuerpo a través del cual pueden verse los objetos claramente; o que se deja adivinar o vislumbrar sin declararse o manifestarse; o que se trata de algo claro, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad.

Viene todo esto colación con motivo de unas anunciadas elecciones presidenciales en Venezuela, donde se debate si, en efecto, debe acudirse a ejercer el voto o si, por el contrario, debe producirse un rechazo a tal convocatoria por distintas razones, entre ellas la falta de transparencia o, lo que es lo mismo, porque impera la “tramparencia”, término que, según el profesor Alexis Márquez Rodríguez

[ … ] es un disparate, un feo error de dicción, aún más feo en boca de un funcionario o persona supuestamente culta, y peor si presume de ello.

Ante esta disyuntiva, transparencia o “tramparencia”, la doctora Aída Lamus se pronuncia por lo que denomina el principio de transparencia, que debe regir en un proceso electoral y afirma que es un

[ … ] factor esencial, para obtener unas elecciones confiables que garanticen el reconocimiento de la voluntad del pueblo, exige la observación de los principios contenidos en la Constitución en todo el proceso electoral. En este sentido, y a los fines de lograr la legitimidad de las partes, es importante que se declare el compromiso de cumplir y hacer cumplir en todo el proceso no solo los principios, sino también las recomendaciones específicas emanadas de los organismos especializados nacional e internacionalmente.

Esto significa que la transparencia en un proceso electoral claro, evidente, sin duda ni ambigüedad, es la garantía de un resultado incuestionable que legitima al ganador y al órgano electoral que lo haya presidido, al igual que a los partidos o formaciones políticas que en él hayan participado.

Ahora bien, el órgano que lo convoque tiene que contar con el sustento constitucional, o sea, que quien asume la responsabilidad del llamado a elecciones se encuentre dentro de los órganos del Estado y, además, tenga las facultades que la constitución o las leyes le hayan adjudicado. Una convocatoria hecha por un órgano que es inconstitucional, no es transparente porque sus actos son nulos de nulidad absoluta y no surten efectos jurídicos.  

Pero, además, el órgano electoral tiene que ser imparcial -o equilibrado según algunos- sin ataduras o vínculos con los contrincantes, ni con las organizaciones que les apoyen. De allí que las legislaciones exijan determinados requisitos de independencia e imparcialidad. De esta forma, podrá el órgano electoral vigilar la actuación de los participantes y, además, frenar la tendencia generalizada de quien detenta el poder y desea reelegirse, influenciando a los electores, o coaccionándolos cuando son funcionarios públicos, y hasta detener el odioso ventajismo, como el abuso de la propaganda oficialista con recursos del Estado. Pero, si el órgano electoral está integrado por mujiquitas al servicio de alguna parcialidad, nunca habrá transparencia porque sus decisiones no serán imparciales sino que responderán a la mano que les da de comer.

Otra característica de la transparencia electoral es la atinente al Registro Civil y Electoral, lo que se conoce coloquialmente como padrón electoral, el cual debe identificar con exactitud quiénes son los ciudadanos que tienen el derecho y el deber de ejercer de votar por el candidato de su preferencia. Si ese registro está plagado de inexactitudes, o contiene electores fallecidos, o repetidos, o falsamente ha inscrito como votantes a quienes no lo son, o mediante triquiñuelas se impide que los votantes domiciliados en el extranjero puedan hacerlo, se trata de un registro no confiable y, por tanto, es inadmisible para cumplir las funciones registrales.

El acceso a los centros de votación es otro elemento que forma parte de la transparencia. Los votantes tienen que acudir fácilmente, sin peligros y sin amenazas de colectivos o grupos armados o de presión en los alrededores, y respetarse el derecho del ciudadano en el lugar que haya escogido para votar, sin cambios arbitrarios por parte del órgano electoral. Si los votantes son acosados, o los centros de votación ubicados en zonas de difícil acceso o peligrosas, no puede hablarse de transparencia.

En líneas generales, ha quedado esbozado el principio de transparencia. Hay otros elementos particulares, como el caso en Venezuela donde los militares controlan el proceso electoral a través del llamado “Plan República”, implementado en las elecciones que se celebraron en 1963, durante el mandato constitucional de Rómulo Betancourt (Sarmiento. Reflexiones 2012-2014).

La historia es que el gobierno del Piache de Guatire, ante las amenazas de la guerrilla castro comunista de sabotear el proceso electoral, confirió a las fuerzas armadas la custodia de los centros de votación, llamándola Plan República, para salvaguardar la democracia y evitar que los violentos enchufados de la Habana cumplieran su criminal objetivo.

Habiendo pasado más de 50 años de la instauración del Plan República, pareciera que el pueblo venezolano lamentablemente aún necesita del tutelaje militar para ejercer su derecho al voto (Sarmiento. Reflexiones 2012-2014); pero así como todo país requiere de la independencia de Poderes, esa tutela debe ser igualmente imparcial y objetiva, con autoridad suficiente para salvaguardar la democracia, como lo hizo en los tiempos de su instauración; pero no al servicio de una parcialidad política porque, de lo contrario, habría una infracción del principio de transparencia, o lo que es lo mismo, la tramparencia.

Un comentario en “Transparencia y «tramparencia» en los procesos electorales.”

  1. Amigo: creo necesario aportar mi experiencia de más de 50 años en las lides electorales de mi partido COPEI, del cual he sido Coordinador Nacional Electoral y Jubilado del CNE (Adjunto al Fiscal General de Cedulación). Le sugiero que indague sobre un de los informe de Auditoría del RE en el CNE de 2013, en el cual se refleja que más de 700.000 electores, inscritos legalmente y con facultad plena para votar, CARECEN DE HUELLA DACTILAR REGISTRADA. Esta situación NO SE HA CORREGIDO para hoy 2018, quizás esté peor. Lo que más desanima es que los dos representantes de la MUD FIRMARON COMO BUENO el informe.
    SOLUCIÓN: realizar un NUEVO RE, no hay otra salida.
    NOTA: la trampa NO ESTÁ EN LAS MÁQUINAS. Ellas dan lo que recogen en las mesas. La irregularidad está en la Sala de Operaciones, donde NO DEJAN ENTRAR Testigos de oposición y si lo hacen es a aquellos a quienes les conviene.

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