Es frecuente que, cuando una persona se encuentra frente a la fuerza bruta, trate de esquivarla y hasta de huir, a riesgo de que le endilguen el mote de cobarde; pero la vida vale mucho para perderla así nomás aunque hay situaciones en que el enfrentamiento es inevitable, momento en que hay que acudir a las neuronas para salir del trance; y eso fue lo que le aconteció a don Miguel de Unamuno cuando el 12 de octubre de 1936 enfrentó al famoso general José Millán-Astray con sus célebres palabras:

Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convencerés [ … ] Para convencer  hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.

El cruce de palabras entre ambos personajes, uno héroe de guerra y el otro el eminente Rector de la Universidad de Salamanca, fue como un choque de trenes, porque previamente a la intervención de este último, el militar había lanzado su fúnebre grito de “Muera la inteligencia!. Viva la muerte!”; y ello se produjo a pocos meses del inicio de la guerra civil española. Se trató, por tanto, de una confrontación entre la fuerza bruta y la inteligencia académica.

Estos hechos suceden con inusitada frecuencia en distintos campos de la actividad humana, siendo uno de ellos el de la política cuando, por medio sin razón ni derecho, a espaldas al ordenamiento jurídico-constitucional, se imponen decisiones o se toman acciones como las que avizoraba don Miguel en aquel momento, que no era otra cosa que el triunfo de la asonada militar contra la República española por la sola circunstancia de que los alzados contaban con la fuerza para imponerse sobre la libertad, pero sin convencer, al carecer de razón y de derecho.

Aunque los historiadores niegan que la historia se repite, lo cierto es que pueden presentarse circunstancias que se asemejan a hechos del pasado y así como Unamuno se enfrentó con la palabra a un rudo luchador, hoy en distintas partes del mundo los ciudadanos marchan pacíficamente y sin armas mientras que quienes están llamados a cuidarles en el ejercicio de sus derechos, los reprimen con violencia; y ante ese contraste de fuerza vale recordar que los últimos podrán imponerse porque cuentan con la fuerza, pero no convencerán al carecer de razón y de derecho en la lucha.

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